Rambo, pieza clave en las labores de rescate de El Salvador en Venezuela
La brigada salvadoreña relata su titánica labor en Venezuela y cómo el canino Rambo se ha convertido en pieza clave para hallar vida entre los escombros.
Desde el 25 de junio, Rambo recorre silenciosamente las zonas de desastre en Venezuela. Su olfato se ha convertido en una de las principales herramientas de la misión humanitaria de El Salvador para localizar sobrevivientes atrapados bajo los escombros.
El perro de búsqueda y rescate integra el grupo USAR El Salvador y acompaña a los rescatistas en cada inspección de edificios colapsados. Su trabajo ha sido determinante en las operaciones que, hasta el momento, han permitido rescatar con vida a siete personas.
"Tenemos también a nuestro perro Rambo, el cual nos ha ayudado a que esas siete víctimas con vida pudieran haber salido", afirmó el jefe de la misión humanitaria de El Salvador en Venezuela, Roberto Giovanni Cortez Campos.
Rambo, el primer detector de señales de vida
Antes de que los rescatistas comiencen a remover concreto o utilizar maquinaria, Rambo entra en acción. Su función es detectar indicios de personas atrapadas bajo los escombros y confirmar si existen posibilidades de encontrar sobrevivientes.
El jefe de Planes y Operaciones del grupo USAR El Salvador, Mauricio Aguilar, explicó que cuando reciben reportes sobre posibles señales de vida, primero envían un equipo de búsqueda especializada y, posteriormente, los binomios caninos ayudan a confirmar la presencia de personas.

"Cuando nos llega información de ruido o rastro de vida, enviamos un equipo de búsqueda avanzada y posteriormente, cuando este nos ha confirmado la presencia de vida, mandamos al otro equipo de rescate a la zona de impacto", detalló.
La intervención del perro permite que los equipos definan dónde concentrar los esfuerzos y reduzcan el tiempo necesario para localizar a las víctimas.
El silencio también es parte del rescate
El trabajo de Rambo no ocurre únicamente al inicio de las operaciones. También es fundamental cuando los rescatistas deben determinar si aún existen posibilidades de encontrar personas con vida.
Aguilar explicó que los protocolos internacionales establecen que, antes de declarar finalizada una búsqueda, se realizan llamados a posibles sobrevivientes y se ordena silencio absoluto para escuchar cualquier respuesta.
"Nosotros no suspendemos las operaciones hasta que estemos seguros de que esa persona sigue con vida. Periódicamente se están haciendo los llamados de atención de búsqueda, hacemos silencio total, metemos a los caninos y si después de haber hecho todo ese procedimiento consideramos que ya no hay respuesta, ya no es un rescate, ya tendría que ser una recuperación", explicó.
En esa fase, el olfato de Rambo se convierte nuevamente en una herramienta clave para orientar las decisiones del equipo.
Parte de un contingente de 301 personas
Rambo forma parte de una misión integrada por 301 miembros de diferentes instituciones salvadoreñas, entre rescatistas, médicos, personal logístico y especialistas en emergencias. Según Cortez Campos, el contingente trabaja por componentes para mantener operaciones permanentes en las zonas afectadas.
Mientras unos equipos realizan labores de búsqueda y rescate, otros brindan atención médica, administran la logística o entregan ayuda humanitaria. Los rescatistas trabajan mediante turnos de 12 horas para que las operaciones no se detengan.
