Marito Rivera, 55 años de un legado que nació en San Miguel y conquistó la música tropical
En entrevista con elsalvador.com, Marito Rivera repasa sus 55 años de carrera, desde sus inicios como niño prodigio hasta su vigencia en la música tropical.
Por
Lissette Figueroa
Publicado el 06 de mayo de 2026
Marito Rivera celebra 55 años de carrera repasando una trayectoria que inició en la infancia, cuando grabó su primera canción y comenzó a presentarse en escenarios locales. Con el tiempo, consolidó su nombre dentro de la música tropical, logró proyección internacional y acumuló más de 100 giras. Su repertorio, que incluye temas como “Ven a bailar conmigo” y “Malévola”, ha trascendido generaciones. El artista conmemorará este recorrido con “55 años de Gala”, un concierto en el Teatro Presidente donde otros músicos reinterpretarán sus canciones, evidenciando el alcance y vigencia de su legado musical.
“Yo nací para la música”, dice Marito Rivera sin rodeos. Lo plantea como una conclusión a la que llega después de repasar más de cinco décadas de carrera, desde que era un niño de cinco años tocando órgano en San Miguel hasta convertirse en uno de los referentes de la música tropical salvadoreña.
Su historia arranca antes de que él mismo pueda recordarla con claridad. Sus padres —Mario Rivera y Beatriz Molina— identificaron temprano que ese niño no solo cantaba, sino que tenía disciplina y oído. “Ya cuando tenía cuatro o cinco años me pusieron un maestro para el órgano y para vocalizar”, recuerda.
Su padre dirigía una agrupación —Los Diamantes Rojos— y, mientras los músicos practicaban, el niño repetía canciones, memorizaba estructuras y afinaba el oído, hasta que ese juego terminó convirtiéndose en disciplina.
A los seis años ya tenía repertorio con cerca de veinte canciones que interpretaba mientras comenzaba a presentarse en eventos y parques. Su primera canción fue infantil y se llama "Mamita, yo no quiero un hermanito" y su primera agrupación, impulsada por su padre, llevó un nombre que marcaría todo: Marito Rivera y su órgano rítmico.
Su debut público fue en el Parque Barrios de San Miguel. Ahí, dice, empezó todo. Medios de comunicación, invitaciones a eventos formales y hasta presentaciones frente a figuras políticas y religiosas de la época. “Canté para gente importante de Centroamérica y México, y hasta me dieron una beca para España”, cuenta. No la tomó por que aún era demasiado pequeño.

Aprender, insistir y quedarse
Aunque el teclado terminó siendo su instrumento principal, su formación fue más amplia. Empezó con trompeta, pasó por la guitarra —aunque la abandonó por la dificultad física a esa edad— y terminó encontrando en las teclas su lugar definitivo. “Yo me quedé con las teclas blancas y negras toda la vida”, dice.
Ese recorrido instrumental se complementaba con un entorno sonoro que no anticipaba, necesariamente, su futuro en la música tropical. En casa se escuchaba rock y pop de los años setenta: Chicago, Led Zeppelin, Elton John.
Durante un tiempo, esa fue la referencia estética que intentaron replicar, lo que explica por qué sus primeras propuestas incluían elementos de esos géneros. El giro llegó cuando la música tropical comenzó a abrirles oportunidades económicas y con más futuro.
Ese tránsito no estuvo exento de momentos de incertidumbre. En uno de ellos, recuerda, su padre reunió a la familia para plantear que el proyecto ya no era sostenible, que los ingresos no alcanzaban y que lo mejor era que cada quien buscara su camino.
La respuesta de Marito fue distinta. Le pidió tiempo le pidió confianza y, sobre todo, apostó por una estrategia distinta, que implicaba salir del circuito limitado de la zona oriental y acercarse a los medios de comunicación en la capital.
Ese movimiento, que incluía grabaciones en estudios como Dicesa y Audiozeta, así como una presencia constante en televisión, permitió que el nombre comenzara a posicionarse, hasta que una producción —Ven a bailar conmigo— terminó por abrirle puertas fuera del país.

La primera gira internacional, en 1987, lo llevó a ciudades como Nueva York, Boston y Washington, en un formato que distaba mucho de la industria actual: no había hoteles ni logística sofisticada, sino un sistema en el que los músicos eran distribuidos en casas de familias salvadoreñas. Esa experiencia resultó decisiva, porque confirmó que su música podía funcionar más allá del contexto local.
Años después, ya en 1990, el encuentro con el productor Roberto Rivera marcó un segundo punto de quiebre, en la medida en que implicó el acceso a escenarios de mayor escala y a circuitos más amplios dentro de Estados Unidos, donde pasó de presentaciones modestas a conciertos con miles de asistentes.
En paralelo, su repertorio se fue consolidando con canciones que, aunque responden a momentos distintos de su carrera, han logrado mantenerse vigentes: “Sabrosa cumbia”, “Mentiras”, “El triángulo de amor” o “Aventurero”.

Sin embargo, hay un caso particular que él mismo reconoce como atípico: “Malévola”, una canción lanzada hace más de dos décadas que, impulsada recientemente por redes sociales, ha sido reapropiada por audiencias jóvenes que la han convertido en tendencia.
“Es una canción que hay que tocarla varias veces en cada fiesta”, dice, al explicar un fenómeno que, más que sorprenderlo, parece confirmarle que su música sigue encontrando nuevos públicos. Ese vínculo intergeneracional también se refleja en su entorno familiar, donde la música no solo fue el punto de partida, sino que continúa siendo el eje.
@monikacastro1 #maritoriveraysugrupobravo #malevola #503 #🇸🇻 ♬ sonido original - Monika Castro
Proyectos como Bravitos Kids, que integró a sus hijos y sobrinos en una agrupación infantil, evidencian una intención clara de trasladar ese legado, que hoy se mantiene a través de nuevas generaciones que siguen vinculadas al arte.
Su hijo Marito Jr., conocido como Marx, se mantiene como artista, mientras que Anthony ha optado por una formación más académica y estudia música fuera del país. A ellos se suman otros familiares, como su sobrino Samuel, que también sigue vinculado al ámbito musical.
Esa cercanía no se limita al escenario. A lo largo de su carrera, Marito Rivera ha trabajado con miembros de su familia en distintas áreas, desde la ejecución musical hasta la organización y producción de proyectos, incluyendo el apoyo administrativo que, en varios momentos, ha estado a cargo de su esposa.
La entrevista completa la podés escuchar es Spotify, en el podcast de elsalvador.com "Sin Agenda".

La Gala de celebración
Bajo el nombre “55 años de Gala”, el cantante y compositor anunció una presentación especial programada para el jueves 28 de mayo de 2026, a las 6:30 p.m., en el Teatro Presidente. La propuesta, según detalla, consiste en “una noche espectacular donde grandes artistas invitados subirán al escenario para reinterpretar sus súper éxitos junto a Marito Rivera”, en un formato que apuesta más por el homenaje colectivo que por la celebración individual.
En escena participarán agrupaciones y solistas como Melao, Analú Dada, M.A.R.X., Julissa Ventura, Prueba de Sonido, Salsa Salvador All Star, René Alonso, OPUS 503, Neto de Camelo, Juan José, Mariela Zúñiga, Pablo y Mateo González, Rocío Cáceres y Teffy España, quienes darán nuevas lecturas a canciones que han marcado distintas etapas de su carrera.
Las entradas ya están disponibles a través de Fun Capital, con precios que van desde $25 en localidad general, $35 en Platinum y $50 en Ultra VIP.
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