Sara Huete y Eduardo Torres ponen en alto la danza salvadoreña
Sara Huete y Eduardo Torres destacan en la danza salvadoreña con una trayectoria marcada por disciplina, trabajo en equipo y apoyo familiar.
Por
Lissette Figueroa
Publicado el 03 de mayo de 2026
Sara Huete y Eduardo Torres se posicionan como referentes de la danza salvadoreña gracias a una trayectoria construida con disciplina y perseverancia. Ambos forman parte de Flow Dancers, compañía liderada por Huete, desde donde han desarrollado propuestas escénicas que combinan técnica, creatividad y trabajo en equipo. Su experiencia incluye teatro musical y colaboraciones con artistas, lo que ha fortalecido su crecimiento artístico. Destacan que su camino no depende solo del baile, sino también del apoyo familiar y de otras áreas como la confección de vestuario. Como reconocimiento a su trabajo y aporte cultural, Sara Huete será homenajeada en un evento en San Salvador.
Por momentos, todavía no se lo creen. Después de haber pisado uno de los escenarios más grandes del mundo —Coachella— junto a Los Hermanos Flores, los bailarines salvadoreños Sara “Sarita” Huete y Eduardo Torres regresan al país con una mezcla de emociones: orgullo, gratitud y esa sensación inevitable de estar viviendo algo que, hasta hace poco, parecía lejano.
“Todavía no la creemos que estuvimos ahí”, confiesan entre risas y asombro, al recordar una experiencia que no solo marcó sus carreras, sino que también colocó el talento salvadoreño frente a los ojos del mundo.
Pero el camino hacia ese escenario no fue inmediato ni sencillo. Ambos han construido su carrera a partir de la disciplina, la constancia y la convicción de que la danza sí puede ser una forma de vida, a pesar de los prejuicios que aún persisten en el país. Sarita recuerda que en más de una ocasión escuchó que no lograría vivir del baile, pero decidió mantenerse firme en su vocación. Esa determinación la llevó no solo a consolidarse como bailarina, sino también como coreógrafa y líder de su propia compañía.
Eduardo, por su parte, inició desde muy joven en el mundo de la danza. Comenzó con el folclor y, con el paso del tiempo, fue evolucionando hacia estilos más comerciales. En ese proceso encontró en el trabajo en equipo una de sus principales fortalezas, integrándose a proyectos que le han permitido crecer tanto en lo artístico como en lo profesional.
Ambos forman parte de Flow Dancers, una compañía fundada por Sarita que ha logrado mantenerse vigente durante casi una década. Se trata de un equipo que no solo baila, sino que también crea, produce y apuesta por espectáculos de alto nivel. En ese recorrido han enfrentado desafíos comunes dentro del sector artístico: la falta de espacios, el poco reconocimiento y la persistente idea de que vivir del arte es imposible.
A lo largo de su trayectoria, han ampliado su experiencia más allá de los escenarios tradicionales. Han formado parte de producciones teatrales como On Your Feet y Mamma Mia!, proyectos con licencia internacional que exigen no solo técnica, sino también interpretación y versatilidad. En ese contexto, el baile deja de ser únicamente movimiento y se convierte en una herramienta narrativa que les ha permitido desarrollarse como artistas integrales.
A esto se suman colaboraciones con artistas internacionales. Uno de los momentos más exigentes fue su participación junto al dúo urbano Jowell & Randy, donde en cuestión de días tuvieron que aprender coreografías complejas para presentarse en tarima. Este tipo de retos, lejos de intimidarlos, se ha convertido en parte esencial de su crecimiento.
“Cada día es un reto”, reconocen, conscientes de que la danza implica un esfuerzo constante, tanto físico como emocional. Dentro de ese recorrido, Coachella llegó como una oportunidad que terminó de visibilizar todo el trabajo acumulado durante años.

Más que un punto de partida, fue una confirmación de que el camino que han construido tiene proyección internacional. La experiencia no solo les permitió mostrar su talento, sino también presentar una propuesta escénica que combina identidad, ritmo y una narrativa visual pensada para públicos diversos.
Sin embargo, detrás de cada presentación también hay un engranaje que muchas veces no se ve. Tanto Sarita como Eduardo destacan que su camino no se sostiene únicamente en el baile, sino en el apoyo familiar y en el trabajo de otras áreas artísticas.
Desde la confección de vestuarios hasta la producción escénica, cada detalle requiere manos, creatividad y compromiso. En el caso de Sarita, su familia ha sido parte clave, colaborando incluso en la elaboración de elementos visuales y vestuarios que han dado identidad a sus presentaciones.
Ese esfuerzo también comienza a recibir reconocimiento en el país. Sara Huete será homenajeada por su trayectoria y aporte a la danza salvadoreña en un evento que se realizará el sábado 2 de mayo, a las 5:00 p.m., en la Plaza de la Cultura, un espacio simbólico que celebra el talento nacional y su proyección internacional.
A pesar de estos logros, ambos coinciden en que el verdadero éxito no se limita a un escenario en particular. Para ellos, lo más importante es la posibilidad de abrir puertas para otros bailarines salvadoreños. Consideran que cada proyecto en el que participan aporta al crecimiento de una industria que aún está en desarrollo, pero que tiene un enorme potencial.
También subrayan la importancia de la preparación continua. Hablan de invertir en su cuerpo, en formación, en vestuario y en todos los aspectos que les permitan mantenerse vigentes en un medio altamente competitivo. Saben que el talento es importante, pero tienen claro que la disciplina —acompañada del apoyo colectivo— es el verdadero motor que sostiene su carrera.
La entrevista completa la podés escuchar en el podcast Sin Agenda es Spotify.

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