Fotos | Así se vivía la Semana Santa en los años 90 en El Salvador
Playas abarrotadas, carreteras con alto flujo y balnearios llenos marcaban la temporada vacacional en el país. Los archivos retratan cómo miles de salvadoreños se movilizaban durante la época
Por
Leidy Puente
Publicado el 03 de abril de 2026
En los años 90, la Semana Santa se consolidaba como la principal temporada turística en El Salvador. Miles de personas viajaban hacia playas como la Costa del Sol, Acajutla y El Majahual, generando alta concentración de visitantes. Las carreteras hacia estos destinos también registraban intenso movimiento, acompañado por un aumento del comercio informal. Balnearios como Atecozol y Apulo presentaban una dinámica similar. Sin plataformas digitales, los viajes se organizaban de forma directa. Los registros de la época evidencian un patrón que se mantiene: alta movilización interna y fuerte actividad económica durante el período vacacional.
En la década de los 90, como hasta ahora, la Semana Santa representaba uno de los períodos de mayor movimiento turístico en El Salvador. Durante esos días, miles de salvadoreños se desplazaban hacia distintos destinos, principalmente playas y balnearios.
Las páginas de El Diario de Hoy (EDH) publicadas en esa época muestran que sitios como la Costa del Sol, Acajutla, El Majahual y San Diego concentraban una alta cantidad de visitantes.
Las imágenes reflejan playas completamente llenas, con familias instaladas desde tempranas horas y un flujo constante de personas a lo largo del día.

La mayoría de viajes se realizaban en grupos familiares o entre amigos, aprovechando los días de descanso para trasladarse hacia la costa.
Sin necesidad de plataformas digitales o sistemas de reservación en línea, los desplazamientos se organizaban de forma directa.
Las carreteras hacia los principales destinos también registraban un incremento significativo en el tránsito vehicular. En rutas como la que conduce al Puerto de La Libertad, era común observar largas filas de vehículos, así como una fuerte presencia de comercio informal.

A la orilla de la carretera se instalaban ventas temporales que ofrecían productos de temporada. Entre ellos, alimentos preparados, bebidas, frutas, sombrillas, flotadores y artículos de playa.
De acuerdo con publicaciones de la época, este movimiento generaba un impacto económico importante.
No solo beneficiaba a vendedores informales, sino también a establecimientos formales como hoteles, restaurantes y centros recreativos, que incrementaban su actividad durante estos días.

Balnearios top de la época
Además de las playas, los balnearios de agua dulce también registraban una alta afluencia. Lugares como Atecozol, Apulo y Sihuatehuacán eran frecuentados por quienes buscaban alternativas más cercanas o con diferente entorno.
En estos sitios, las piscinas, zonas verdes y áreas de descanso se mantenían llenas durante toda la jornada.

Las fotografías de archivo muestran una dinámica similar a la de las playas, espacios ocupados al máximo de su capacidad, grupos familiares compartiendo alimentos y visitantes aprovechando cada área disponible.
A diferencia de la actualidad, donde las reservas y la planificación digital tienen un papel importante, en los años 90 los desplazamientos eran más directos. Muchas personas decidían viajar el mismo día o con poca anticipación, dependiendo de sus posibilidades.

También se registraban menciones sobre otras opciones de turismo, como visitas a zonas montañosas o espacios naturales.
Aunque en menor escala, estas alternativas reflejaban un interés incipiente por diversificar la oferta turística en el país.
Sin embargo, el principal atractivo seguía siendo la playa. Las condiciones climáticas, la accesibilidad y la tradición hacían que el litoral concentrara la mayor parte del flujo turístico durante la Semana Santa.

Actividades religiosas
A la vez, las actividades religiosas mantenían un papel central en distintas zonas del país. Procesiones, Vía Crucis y representaciones de la Pasión de Cristo se desarrollaban en ciudades y municipios, convocando a numerosos fieles que participaban como parte de una tradición arraigada.
Las calles se llenaban de alfombras, imágenes religiosas y feligreses que acompañaban los recorridos, especialmente en fechas como el Viernes Santo. Estas expresiones reflejaban la continuidad de prácticas que, más allá del turismo, forman parte de la identidad cultural y religiosa.

A más de tres décadas, los registros de los años 90 permiten identificar patrones que se mantienen vigentes. La alta movilización interna, la concentración en destinos de playa y el incremento del comercio durante la temporada siguen siendo características del turismo en Semana Santa.
Los archivos periodísticos no solo documentan la afluencia de visitantes, sino que evidencian cómo esta época se ha consolidado como un eje clave para la actividad turística y económica del país.
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