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Fotografía que muestra una persona sosteniendo un teléfono móvil con la aplicación Roblox en funcionamiento este martes, en Sídney (Australia).

El freno a menores en redes sociales muestra impacto y desafíos en Australia

Dos meses después del veto a menores de 16 años en redes sociales en Australia, millones de cuentas fueron eliminadas y crecen las dudas sobre su impacto real.

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Por EFE
Publicado el 10 de febrero de 2026

 

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Australia cumple dos meses de vigencia de una ley pionera que prohíbe a menores de 16 años acceder a redes sociales, una medida que ya provocó la eliminación de al menos 4.7 millones de cuentas. La norma obliga a las plataformas a verificar la edad de los usuarios bajo riesgo de multas millonarias y busca reducir daños como el acoso, la adicción digital y la manipulación algorítmica. Aunque las autoridades destacan el cumplimiento inicial, expertos y organizaciones advierten sobre vías de evasión técnica y posibles efectos de aislamiento. El impacto real será evaluado a largo plazo, mientras otros países observan el modelo australiano.

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Australia cumple dos meses desde la entrada en vigor de una ley pionera que prohíbe el acceso de menores de 16 años a redes sociales, una medida que ya muestra efectos cuantificables y, al mismo tiempo, abre un debate global sobre su eficacia y consecuencias, según la agencia EFE.

La norma comenzó a aplicarse el 10 de diciembre y convirtió al país oceánico en un referente internacional en regulación digital. Su implementación obligó a las plataformas a verificar la edad de sus usuarios bajo la amenaza de multas que pueden llegar hasta los 49.5 millones de dólares australianos. En este corto período, el balance inicial arroja la eliminación o bloqueo de al menos 4.7 millones de cuentas vinculadas a menores de edad.

Los datos preliminares fueron recopilados por el regulador de seguridad en internet australiano, conocido como eSafety, que monitorea el cumplimiento de la ley. Las autoridades consideran que estas cifras representan un primer indicador de aplicación efectiva, aunque subrayan que cualquier evaluación concluyente deberá hacerse a medio y largo plazo, cuando sea posible medir cambios sostenidos en los hábitos digitales.

La experiencia australiana no solo genera atención local. El modelo ha servido de inspiración para iniciativas similares en otros países, donde se discute cómo equilibrar la protección de los menores con el acceso a espacios digitales que forman parte de la vida cotidiana.

Un marco legal con sanciones severas

La legislación establece que las plataformas digitales son responsables de impedir el acceso de menores de 16 años, lo que supone un cambio significativo frente a esquemas anteriores basados en la autorregulación. El incumplimiento puede derivar en sanciones económicas millonarias, un factor que ha acelerado la respuesta de las grandes redes sociales.

Durante la primera mitad de diciembre, las principales plataformas bloquearon o eliminaron alrededor de 4,7 millones de cuentas identificadas como pertenecientes a menores. Para el regulador, esta reacción inicial refleja que las empresas están tomando medidas para evitar sanciones y adaptarse al nuevo entorno normativo.

No obstante, desde el propio Gobierno se reconoce que el objetivo de la ley no es únicamente alcanzar un cumplimiento absoluto. La administración australiana sostiene que el éxito debe medirse por la reducción de daños y por un cambio cultural en la relación de niños y adolescentes con el entorno digital, más que por la erradicación total del acceso.

La norma se presenta, así, como una herramienta de protección de la salud mental, orientada a reducir la exposición al acoso en línea, la adicción a las pantallas y la influencia de algoritmos diseñados para maximizar la permanencia de los usuarios.

Las pantallas y las redes sociales acompañan a los adolescentes en su día a día, generando tanto oportunidades como nuevos retos en su desarrollo.
El debate sobre la edad mínima en redes sociales gana peso global a partir de la experiencia australiana y sus primeros efectos regulatorios./ Shutterstock

Presión regulatoria más allá de las redes sociales

En las últimas semanas, la presión regulatoria se ha ampliado a otros servicios digitales. El regulador eSafety emitió un aviso formal al videojuego en línea Roblox y anunció que pondrá a prueba sus sistemas de protección de menores. Esta decisión se tomó tras reiteradas denuncias relacionadas con acoso y captación sexual dentro de la plataforma.

Además, se anunció que a partir del 9 de marzo entrarán en vigor nuevas normas centradas en contenidos con restricción de edad. Estas disposiciones abarcan materiales como pornografía, violencia o autolesiones, y también se aplicarán a servicios de juegos en línea.

Las nuevas reglas exigirán actuar de forma activa contra prácticas como la captación de menores, la extorsión sexual y la difusión no consentida de imágenes íntimas. Con ello, Australia amplía el alcance de su política digital, integrando distintos tipos de plataformas bajo un mismo enfoque de protección.

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Este endurecimiento normativo refuerza la idea de que la regulación no se limita a redes sociales tradicionales, sino que busca cubrir todo el ecosistema digital donde interactúan niños y adolescentes.

Dificultades técnicas y caminos de evasión

Uno de los puntos más debatidos es la aplicación técnica de la ley. La normativa obliga a adoptar “medidas razonables” de verificación de edad, que pueden incluir el uso de documentos de identidad, proveedores externos o sistemas automatizados basados en inteligencia artificial.

Especialistas y organizaciones juveniles advierten que estos mecanismos no son infalibles. Señalan que muchos adolescentes pueden eludir los controles mediante la creación de cuentas con datos falsos, el uso de redes privadas virtuales o la migración hacia servicios no incluidos en la prohibición.

Aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Messenger, que quedaron excluidas del veto por considerarse herramientas de comunicación privada, se han convertido en espacios alternativos para mantener la interacción social. Esto ha generado interrogantes sobre la eficacia real de una prohibición focalizada en determinadas plataformas.

A pesar de estas limitaciones, el Gobierno australiano defiende que la reducción del daño digital es un proceso gradual. Desde esta perspectiva, incluso una disminución parcial de la exposición a riesgos se considera un avance relevante.

Debate social y repercusión internacional

El impacto social de la ley también es objeto de análisis. Informes de organismos como ONU Juventud Australia alertan sobre posibles efectos de aislamiento en adolescentes que encuentran en las redes su principal espacio de conexión social. Estas observaciones introducen matices en un debate que combina protección, derechos y bienestar emocional.

Mientras Australia avanza con su experiencia, otros países observan con atención. Francia y el Reino Unido han dado pasos para reforzar los controles de edad y la responsabilidad de las plataformas. España anunció recientemente su intención de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años y de exigir responsabilidades legales a los directivos de las compañías por infracciones.

Fuera de Europa, naciones como Malasia también estudian o aplican restricciones similares, lo que confirma que la discusión sobre la edad mínima en redes sociales se ha convertido en un tema de alcance global.

En este contexto, las autoridades australianas anunciaron una iniciativa para medir de manera sistemática el impacto de la ley, los niveles de cumplimiento por parte de las plataformas y los posibles cambios en los hábitos digitales de niños y adolescentes. Los resultados de estos estudios serán clave para evaluar si el modelo puede consolidarse y servir como referencia internacional en los próximos años.

TAGS:  Adolescencia | Australia | Internet | Redes sociales

CATEGORIA:  Vida | Cuerpo y mente

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