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Una ondulación de la corriente polar permite que masas de aire frío provenientes del Ártico desciendan hacia Centroamérica, afectando temporalmente el clima en El Salvador.

El frío actual recuerda el histórico descenso de temperaturas registrado en 1956 en El Salvador

Las bajas temperaturas registradas en los últimos días han llevado a revisar antecedentes climáticos que muestran que episodios similares ya habían afectado a Centroamérica, especialmente durante la intensa ola de frío de 1956 documentada en el archivo histórico de El Diario de Hoy.

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Por Por Enrique Argumedo / Colaborador
Publicado el 07 de febrero de 2026


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El descenso de temperaturas observado recientemente en distintas zonas de la región ha despertado comparaciones con uno de los episodios climáticos más recordados del siglo XX, la ola de frío de enero y febrero de 1956, cuando corrientes de aire polar alcanzaron latitudes poco habituales y provocaron registros térmicos inusuales en Centroamérica. Documentos conservados en el archivo histórico de El Diario de Hoy evidencian cómo la prensa salvadoreña reportó en su momento boletines meteorológicos que advertían sobre descensos significativos en la temperatura nocturna y la llegada de corrientes frías provenientes del norte del continente.

Las publicaciones de esa época describían el fenómeno como una “invasión de aire frío” o “corrientes polares”, términos utilizados antes de la popularización de conceptos actuales como el debilitamiento del vórtice polar. Los informes del Servicio Meteorológico señalaban que la masa de aire frío, originada en latitudes altas de Norteamérica, avanzó hacia el sur atravesando el golfo de México y extendiéndose hasta el Caribe y Centroamérica, generando condiciones térmicas poco comunes en países tropicales.

Registros meteorológicos históricos indican que durante ese periodo algunas ciudades de la región experimentaron temperaturas significativamente menores a las habituales. En El Salvador se reportaron valores cercanos a los 10 y 12 grados Celsius en zonas urbanas, mientras que en áreas montañosas se documentaron descensos más pronunciados. En el cerro El Pital, por ejemplo, se registraron temperaturas cercanas a –6 grados Celsius, uno de los valores más bajos documentados en el país.

La magnitud del fenómeno no se limitó a Centroamérica. En Estados Unidos y Europa, la ola de frío de 1956 provocó nevadas extensas y temperaturas extremadamente bajas durante varias semanas. En Europa, sistemas frontales procedentes del Ártico afectaron a numerosos países durante más de quince días, con impactos en la agricultura y el transporte debido a temperaturas que en algunas ciudades descendieron por debajo de los –30 grados Celsius. Aunque los mecanismos atmosféricos que afectaron a Europa y América presentaron diferencias, ambos eventos estuvieron vinculados al desplazamiento de masas de aire polar hacia latitudes más bajas de lo habitual.

En El Salvador, el monitoreo meteorológico de la época estaba a cargo del Servicio Meteorológico que operaba bajo la Dirección General de Aeronáutica Civil, entidad que había iniciado pocos años antes la instalación de estaciones de medición de temperatura, lluvia y viento en distintos puntos del territorio. Estas estaciones permitieron documentar el comportamiento atmosférico de 1956 y generar boletines que posteriormente fueron difundidos por los medios de comunicación.

Los reportes periodísticos conservados muestran que las autoridades meteorológicas advertían sobre cambios bruscos en la temperatura, especialmente durante las noches, y señalaban la persistencia de corrientes frías que mantenían el ambiente más fresco de lo habitual. Ese tipo de registros permite establecer paralelos con episodios actuales, en los que la llegada de masas de aire frío desde Norteamérica continúa influyendo periódicamente en las condiciones climáticas de la región.

Aunque las condiciones meteorológicas actuales responden a factores específicos de cada temporada, la revisión de los archivos históricos confirma que eventos de frío intenso ya habían sido documentados décadas atrás. Las notas publicadas en 1956 evidencian cómo la población observó un fenómeno que, aun sin la terminología científica moderna, fue descrito con precisión en los boletines meteorológicos de la época.

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