Ya llegó por
quien lloraban
Romario volvió a la
selección brasileña anotando tres
goles en la victoria sobre Bolivia. El 5-0
devuelve la fe al subcampeón
mundial.
Río de
Janeiro
EFE.-
El delantero Romario de Souza impuso su ley para
conducir ayer a Brasil al camino del triunfo en
las eliminatorias mundialistas al anotar tres de
los cinco goles que se llevó Bolivia de
un Estadio "Maracaná" que vivió
una fiesta bajo la lluvia.
El principal goleador en actividad de Brasil
reapareció en la selección
brasileña por la puerta grande y
salió en los hombros de sus
compañeros y ante el delirio de una
afición que lo proclamó de
principio a fin rey, héroe, caudillo y
verdugo.
De penalti, a los '11, en un contragolpe a
los '78, y en una jugada colectiva a los '80, el
ariete de 34 años fue ayer la "bestia
negra" de un equipo que se mostró
ordenado en defensa y hasta inquietó con
propiedad los predios de Rogério
Ceni.
Rivaldo, con un cabezazo a los '46, y
Márques, con un remate que ayudó a
empujar un defensa en la última
línea, a los '88, sellaron la primera
demostración contundente de Brasil en las
eliminatorias suramericanas, cuya octava jornada
deja al equipo con catorce puntos en la
clasificación general.
Casta
Brasil se fue en ventaja en la primera jugada
colectiva que partió de la mitad de la
cancha con una combinación entre Rivaldo,
Ronaldinho y Vampeta que fue interrumpida con
una falta en el área de Mauricio Soria
sobre el ex jugador del Corinthians.
Transcurrían '11 cuando Romario
lanzó al ángulo derecho del
portero, que voló con propiedad pero a
destiempo.
El tanto tranquilizador tuvo ribetes
extraordinarios, pues fue el primero de un
delantero brasileño entre los trece
convocados hasta ayer para esta campaña,
y el que inauguró la reaparición
de Romario.
Romario hizo todo fácil en una cancha
difícil por la pertinaz lluvia que la
inundó. Bajó unos metros para
recoger el balón, lo distribuyó
con precisión de reloj suizo,
indicó a sus compañeros el abc del
juego práctico y tuvo espectaculares
oportunidades de gol.
Una de ellas ocurrió a los '18, cuando
el astro del Vasco da Gama explotó un
petardo en el travesaño al recibir un
pase de Ronaldinho por el ángulo derecho.
Otra fue a los '55, cuando el vertical
devolvió a la cancha su remate en un tiro
de esquina.
Bolivia afrontó con nobleza el castigo
de una presión constante con dos
líneas de cuatro hombres que se
resguardaban en cortos espacios y con toques
cortos, mientras que su máximo
símbolo, Marco Etcheverri,
desempeñaba un trabajo de pivote.
Un latigazo de Etcheverri en un tiro libre se
estrelló en la cara de Rogério
Ceni y dos disparos con dificultad de
Líder Paz, que ingresó en
sustitución de Jaime Moreno, fue todo el
peligro generado por los hombres de Carlos
Aragonés en todo el partido.
El terreno anegado impidió que la
técnica y el juego colectivo brillaran en
el "Maracaná" y por lo mismo
disculpó las jugadas aparatosas de
defensas y delanteros en su lucha por hacer
redondo un balón que parecía
cuadrado a la hora de ser dominado.
Cafú y Rivaldo, que a comienzos del
partido fueron recibidos con abucheos por su
opacas presentaciones, comenzaron la
reconciliación con el público a
los '46, cuando un centro del defensa fue
enviado de cabeza al fondo por el jugador del
Barcelona español.
Rivaldo volvió a la escena nueve
minutos después con otro cabezazo que no
fue gol por culpa del palo izquierdo de
Soria.
Todo fue fiesta para los brasileños.
La defensa boliviana se enloqueció
literalmente para contener la explosión
de Rivaldo, el recién ingresado Juninho,
Ronaldinho y Romario. Y los goles cayeron como
si vinieran del cielo con la lluvia.
A los '78 partió en solitario por la
derecha, un centro a sus espaldas de Vampeta le
permitió fusilar sin apelaciones a Soria.
Dos minutos después, un enredo en el
área terminó con un sutil
lanzamiento de billarista al fondo de la figura
del partido.
Marques puso la guinda a dos minutos del
final. Y la selección brasileña
recibió así nuevos créditos
en la campaña mundialista.
Brasileños y bolivianos disputaron el
vigésimo primer partido en la historia
común de sus selecciones absolutas: 16
victorias de los tetracampeones del mundo, dos
de Bolivia y dos empates.