Receta de un jaque
mate
Veinticuatro horas después de su
caída, el ex campeón mundial de
ajedrez Gary Kasparov sigue sin explicar las
razones de su insólita flojera
cerebral.
Agencia
EFE
El
campeonato mundial de ajedrez que acaba de
terminar en los estudios Riverside de Londres
con la victoria del aspirante, el ruso Vladimir
Kramnik, sobre su compatriota Gari Kasparov,
número uno del mundo desde 1985, ha
generado algunas incógnitas que
quizás se resuelvan en los
próximos días.
La primera, y la más importante, es la
extraña baja forma de Kasparov, que no ha
sido capaz de ganar ni una sola de las quince
partidas jugadas lo que constituye todo un
récord negativo. Sin embargo, este mismo
año ha vencido en los importantes Toneos
de Linares, Sarajevo y Wijk aan Zee.
Además, y es otro hecho inédito
en sus historial, hizo tablas en once
movimientos en la séptima partida y en 14
en la decimotercera cuando ha sido siempre un
jugador que se ha negado a hacer las llamadas
"tablas de grandes maestros".
Otra incógnita es la 'traición'
a su personalidad en este mundial. El "ogro de
Bakú" ha dejado de ser el ajedrecista
aguerrido e impetuoso que nunca daba una partida
por perdida y que cuando todos pronosticaban
tablas luchaba horas y horas para conseguir la
victoria.
Por otra parte, este gran campeón que
no despertaba muchas simpatías a causa de
su carácter y de sus rabietas ha estado
relajado y sonriente lo que no cuadra con los
rumores, siempre desmentidos por su
representante, de problemas con su hija o una
enfermedad de su madre Clara Kasparova, que ha
estado presente en este mundial y no
parecía enferma sino más bien
preocupada.
Confesión a medias
De todas formas, Kasparov ha confesado que
"algo pasaba" pero que no lo diría hasta
finalizado el campeonato. Ayer dijo que "se
había sentido completamente fuera de
preparación" y que "había dejado
escapar la oportunidad de ganar en las partidas
tercera, duodécima y decimocuarta" y
volvió a repetir que mañana (hoy)
explicará todo lo que le ha pasado.
Kramnik, sin embargo, tampoco ha estado en su
tónica habitual de jugador indolente y
tranquilo con muchas tablas a sus espaldas y que
confesaba para justificarse. "La diferencia
entre el número uno y el número
dos no es tan grande".
Pero, sin conocer tampoco las razones exactas
para este cambio, Kramnik se retiró este
verano a Menorca con su analista y preparador,
el campeón español Miguel
Illescas, donde trabajaron duramente en ajedrez,
cuidando también el aspecto
físico. Además, recibió
ayuda y asesoramiento del experto ruso en
sicología deportiva Valeri Krilov y antes
de empezar el Mundial fichó a otros dos
analistas, el francés Joel Lautier y el
ruso Eugeni Bareev.
Vladimir Kramnik hijo de una profesora de
música y de un escultor, 1,96 de
estatura, 25 años, muy dotado para las
ciencias exactas, de carácter tranquilo,
con un estilo que recuerda al de Anatoli Karpov,
va a cambiar quizá el panorama mundial en
la elite con la unificación del cetro
mundial. Una tarea nada fácil.