Sábado 4 de noviembre 2000


Receta de un jaque mate

Veinticuatro horas después de su caída, el ex campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov sigue sin explicar las razones de su insólita flojera cerebral.

Agencia EFE

El campeonato mundial de ajedrez que acaba de terminar en los estudios Riverside de Londres con la victoria del aspirante, el ruso Vladimir Kramnik, sobre su compatriota Gari Kasparov, número uno del mundo desde 1985, ha generado algunas incógnitas que quizás se resuelvan en los próximos días.

La primera, y la más importante, es la extraña baja forma de Kasparov, que no ha sido capaz de ganar ni una sola de las quince partidas jugadas lo que constituye todo un récord negativo. Sin embargo, este mismo año ha vencido en los importantes Toneos de Linares, Sarajevo y Wijk aan Zee.

Además, y es otro hecho inédito en sus historial, hizo tablas en once movimientos en la séptima partida y en 14 en la decimotercera cuando ha sido siempre un jugador que se ha negado a hacer las llamadas "tablas de grandes maestros".

Otra incógnita es la 'traición' a su personalidad en este mundial. El "ogro de Bakú" ha dejado de ser el ajedrecista aguerrido e impetuoso que nunca daba una partida por perdida y que cuando todos pronosticaban tablas luchaba horas y horas para conseguir la victoria.

Por otra parte, este gran campeón que no despertaba muchas simpatías a causa de su carácter y de sus rabietas ha estado relajado y sonriente lo que no cuadra con los rumores, siempre desmentidos por su representante, de problemas con su hija o una enfermedad de su madre Clara Kasparova, que ha estado presente en este mundial y no parecía enferma sino más bien preocupada.

Confesión a medias

De todas formas, Kasparov ha confesado que "algo pasaba" pero que no lo diría hasta finalizado el campeonato. Ayer dijo que "se había sentido completamente fuera de preparación" y que "había dejado escapar la oportunidad de ganar en las partidas tercera, duodécima y decimocuarta" y volvió a repetir que mañana (hoy) explicará todo lo que le ha pasado.

Kramnik, sin embargo, tampoco ha estado en su tónica habitual de jugador indolente y tranquilo con muchas tablas a sus espaldas y que confesaba para justificarse. "La diferencia entre el número uno y el número dos no es tan grande".

Pero, sin conocer tampoco las razones exactas para este cambio, Kramnik se retiró este verano a Menorca con su analista y preparador, el campeón español Miguel Illescas, donde trabajaron duramente en ajedrez, cuidando también el aspecto físico. Además, recibió ayuda y asesoramiento del experto ruso en sicología deportiva Valeri Krilov y antes de empezar el Mundial fichó a otros dos analistas, el francés Joel Lautier y el ruso Eugeni Bareev.

Vladimir Kramnik hijo de una profesora de música y de un escultor, 1,96 de estatura, 25 años, muy dotado para las ciencias exactas, de carácter tranquilo, con un estilo que recuerda al de Anatoli Karpov, va a cambiar quizá el panorama mundial en la elite con la unificación del cetro mundial. Una tarea nada fácil.


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