Lunes 29 de noviembre


Crímenes contra niños permanecen impunes
Tiro al blanco, niño al suelo

En los archivos de las diferentes oficinas de la Fiscalía, en el país, se empolvan los casos de niños que han fallecido o quedaron con lesiones permanentes a causa de una bala perdida. Las razones: deficiencia en la investigación y falta de interés por llegar hasta los responsables

Mario Martínez
El Diario de Hoy

Hace más de un año, Luis Quiroa, de once años, perdió su ojo izquierdo a consecuencia de una bala que alguien disparó sin meditar en el daño que podía provocar.

Han pasado 17 meses y el caso continúa en la impunidad: no hay sospechosos, no hay evidencias recolectadas ni siquiera existe un expediente abierto.

Serán muchas las razones de por qué los responsables de herir y matar niño cuando disparan un arma al aire andan por ahí, tranquilos.

La falta de la solución del caso de Luis se debe, exclusivamente, a un error de la Fiscalía. En otros, el problema se vuelve muy complejo, ya que en la mayoría la evidencia, con suerte, es sólo una bala.

Con ésta, la Policía establece el calibre, la trayectoria y, con probabilidad, el tipo de arma. Sin embargo, por regla general, la Fiscalía no llega al responsable del crimen sólo con una bala.

Primero, porque nunca se ordena verificar en el Registro de Armas, si esa bala fue disparada por el arma de algún ciudadano.

La evidencia

A lo sumo, se pide al laboratorio de la Policía verificar si coincide con otra que está involucrada en un hecho delictivo. La respuesta tarda entre 15 días a un mes.

Un investigador policial, que no quiso revelar su identidad, dice que nunca se investiga un hecho a partir de una bala.

También hay casos sin resolverse, porque las lesiones fueron causados por esquirlas, como ocurrió con la familia Maravilla, del barrio Lourdes, de San Salvador, en septiembre de 1998.

Cuatro niños entre 14 años y cinco meses y los padres de los mismos fueron lesionados con una escopeta 12 milímetros de perdigones. Este tipo de proyectil se destruye completamente al contacto, por lo cual no se le puede rastrear.

A veces, la víctima sobrevive, pero la bala no es removida del cuerpo. En estos casos, es difícil llegar al responsable, aunque se tengan testigos que digan que alguien disparó al aire, pues no se puede relacionar ambos hechos sin tener evidencias.

Pero lo más frecuente es que la bala obtenida en la escena del crimen o extraída al cuerpo de la víctima haya sido disparada por un arma no registrada o un arma "hechiza".

Estas son las razones principales por las que los casos "sobre averiguar", como los clasifica la Fiscalía, no se resuelven y continúan empolvándose en los fríos archivos metálicos.

Mal procedimiento

Román Navarro, jefe de la Unidad de Vida de la Fiscalía Subregional de Soyapango, sostiene que en muchas ocasiones la investigación no camina porque ésta inició con errores.

Por ejemplo, cuando un niño es lesionado, casi nunca se hace una inspección en la escena del crimen. "No se hacen reconstrucciones, etc., lo cual es de rutina cuando existe un cadáver", dice el funcionario.

Agrega que los investigadores comienzan sus indagaciones en los hospitales donde los menores están internados y nunca van a la escena del crimen donde podría haber mucha evidencia.

Otros casos la misma Fiscalía no sabe explicar de forma convincente cómo van las pesquisas y, en ocasiones, no se sabe si hay una investigación.

Según la ley, la Fiscalía está obligada a iniciar las investigaciones de oficio en los casos de lesiones muy graves y homicidio.

La recolección de evidencias es fundamental, pero también que haya testigos. De lo contrario, es casi imposible que la Fiscalía pueda imputar a alguien la muerte un niño.

Las autoridades coinciden de que la solución más práctica es penalizar a quien dispare al aire. Actualmente, es considerado como una infracción.

El Artículo 378 del Código Penal establece que quien dispare en un lugar habitado, será sancionado con diez a 30 días multa.

Esto es prácticamente una licencia para matar, aun cuando la persona que dispara al aire quizá ni se entere de lo que hizo. Por eso se estudia una reforma a este artículo; mientras, es posible que este fin de año más niños mueran o queden con lesiones permanentes por una bala perdida.


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