Empate
decepcionante
Cerrados los espacios de maniobra y con
hombres resignados a la marca rival, Alianza y
Limeño convergieron en un empate a cero
decepcionante.
- Roberto
Aguila
- El Diario
de Hoy
Lo
que mostró Alianza y Municipal
Limeño en este desabrido empate a cero,
se puede resumir en una frase: incapacidad para
librarse de la marca rival.
Porque eso es lo que imperó en noventa
minutos monótonos, de pelotas perdidas
inocentemente, de forcejeos inútiles y de
ausencia total de coherencia entre la
línea de volantes y los delanteros.
Alianza tuvo mayor tiempo la pelota y se
mostró con una mínima voluntad de
hacer fútbol ofensivo. Pero
careció del conductor idóneo que
administrara la pelota con sentido penetrante, y
que abriera espacios de maniobra para conseguir
mayor acercamiento entre volantes y
delanteros.
Al principio fue Milton Meléndez el
que intentó hacer esa función,
pero no tuvo capacidad para tomar las riendas
del equipo y terminó asfixiado entre el
mar de piernas defensivas de Limeño.
Tras la lesión de Meléndez
ingresó Wilfredo Arriaza Nerio, pero
Alianza no cambió su fútbol de
choque apenas disimulado en el trabajo de Ramiro
Carballo, que fue el único que
trató de ampliar el frente de ataque albo
maniobrando preferentemente por el lado
izquierdo.
De manera que ganaron siempre los defensores
limeños, con marca sin pausas y una gran
voluntad para cerrar los espacios desde el
propio centro de arranque de los volantes
albos.
¿Qué
hizo Limeño?
Exactamente lo mismo que Alianza: incapaz de
salir dominando, de juntarse para conseguir
apoyo colectivo, y aferrado a la búsqueda
de Rudy Corrales como solución a sus
problemas ofensivos.
Limeño apenas consiguió
elaborar un par de jugadas de peligro, pero mal
finalizadas porque no tuvo serenidad para para
definir.
También perdió la pelota con
enorme inocencia, porque ninguno de sus hombres
tuvo un manejo aceptable y terminaron
arriesgando mucho en maniobras personales sin
carácter.
En ese panorama, el partido derivó en
ausencia total de predominio. Ganaba la pelota
Alianza, y la perdía en el segundo toque.
Municipal Limeño, lo mismo.
Entonces el partido fue de los defensores. Y
no por alta jerarquía y un trabajo
excelente, sino porque nadie era capaz de tomar
el control del juego.
Y cuando se dieron las expulsiones de Adonay
Martínez y de Manuel Murillo, el
encuentro se hizo más monótono, de
conformidad para ambos.