Alianza, la realidad
versus el mito
Primero tuvo el alias de Atlético
Constancia y de Alianza Intercontinental, hasta
llegar a institucionalizarse con el nombre de
Alianza 'a secas' en 1960. Un lustro
después, el preámbulo de equipo
grande comenzó. Las temporadas de 1966 y
de 1967 le dieron el bicampeonato. No fue sino
dos décadas más tarde que
logró su tercer campeonato nacional.
¿Mucha gloria para tan pocos triunfos, o un
triunfo suficiente para engloriar
dirigentes?
- Daniel
Herrera
- El Diario
de Hoy
Después
del bicampeonato conseguido en 1967, el que le
dio el nombre de equipo grande al Alianza,
pasaron casi 20 años para que el equipo
capitalino consiguiera su tercer título.
La idea de Hernán Carrasco Vivanco cuando
llegó al equipo blanco fue hacer un
verdadero club de fútbol del equipo
capitalino.
Las condiciones en 1965 se dieron para que
los jugadores se profesionalizaran. El apoyo de
los dirigentes fue fundamental para crear cuatro
categorías inferiores y que el Alianza
contara con sus propias canteras. ¿Las
taquillas? Alianza podía autofinanciarse.
Los ingredientes para esta empresa futbolera
fueron buen fútbol, amor por la camiseta
y apoyo dirigencial.
Las razones por las que Alianza pasó
por una racha de 20 años sin
títulos, que cayera en la mediocridad en
su fútbol y que no volviese a tener las
glorias de aquel equipo sesentero se atribuyen a
los problemas internos a nivel dirigencial, toda
vez que obras son amores, y en el mundo del
balompié salvadoreño, el amor del
dirigente está pintado con la cara de
Colón.
Tan alegre que venía...
Alianza ha patentizado la fórmula de
la ingratitud. Aquel que le da triunfos tiene
que irse, mal y sin explicaciones. Desde la
llegada de Hernán Carrasco, pasando por
Salvador Mariona, haciendo una estación
por Joaquín Canales y terminando con los
que hoy militan en el Juventud Metalío...
todos se fueron, luego de contribuir a la causa
paquiderma. Sus dirigentes, de hecho, no tienen
la milésima de la memoria del
elefante.
Los ejemplos sobran, pero por venir a cuenta
nos constreñiremos a aquellos hombres que
tuvieron mucho que ver en la empresa sesentera.
Ahí tenemos a Hernán Carrasco, que
se marchó tras la llegada de Ernesto
Muyshondt a la gerencia alba en 1967.
"Me quisieron rebajar el sueldo. Esto no me
gustó y me fui", señaló
Hernán, quien no entiende por qué
después de darles triunfos lo separaron
del equipo. Treinta y tres años
más tarde, las condiciones que
pedía, entre ellos que los dirigentes
tuvieran al día a sus jugadores, le
significó la separación del
equipo, en la era de Oscar Rodríguez.
Sal vador Mariona, por su parte,
aseguró que el equipo lo cesó,
aduciendo que su edad ya estaba avanzada. "Yo
iba a decidir cuándo retirarme, no ellos.
Después jugué una de mis mejores
temporadas con Platense", recordó el
zaguero aliancista. Mario Monge no sabía
que ya lo habían vendido a FAS. "Hable
con quien hable de los que hemos jugado en
Alianza, le van a decir lo mismo",
comentó el goleador albo.
Ellos sacaron lo que actualmente envuelve al
Alianza. "Kin Canales, que siempre se ha
identificado con Alianza, nunca recibió
un juego de despedida", señaló
Mariona. Según Carrasco, permitir que un
técnico se deshaga de casi una docena de
jugadores y luego aceptar que también lo
saquen es muestra de que el equipo no se maneja
bien a nivel de dirigentes.
1900 ayer
"Es lo que queda, recordar", dice Mariona con
cierta melancolía. Carrasco, Mariona y
Monge aseguran que difícilmente Alianza
tendrá glorias como las del '66 y '67, ya
que no se está trabajando de la forma que
se debe. "El apoyo de los dirigentes es
fundamental para que un equipo progrese. Que me
vengan a decir a mí que no
tuviéramos un gran club de haberme dejado
trabajar", recordó con euforia Carrasco
Vivanco.
Los jugadores trajeron a su memoria que su
sueldo era de ¢200 colones y los
extranjeros ganaban casi lo mismo, pero en
dólares. Los premios eran los más
cargados de billetes. "El incentivo por cada
juego internacional o un nacional de gran
importancia nos hacían partirnos la
madre", afirmó el zaguero
mundialista.
"Hoy la historia es distinta, les ofrecen que
les van a pagar tanto, pero nunca les pagan",
agrega Mariona. El chileno fue más
allá en la comparación y
recordó que hoy no tienen cancha
dónde entrenar, y mucho menos gimnasio o
piscina, que no se concentran durante la semana,
no hay controles físicos o de dietas y,
lo peor, que no hay categorías
inferiores. "Todo esto lo teníamos",
aseguró Carrasco.
La afición blanca es de las más
numerosas. Un buen grupo los acompaña
ahora con la esperanza de volver a las glorias
pasadas, mientras exigen la renuncia de los
dirigentes. Ex jugadores y cuerpo técnico
denunciaron donde está parte del
problema. Los aficionados de hoy lo denuncian en
pancartas. Mientras tanto, Alianza sigue en el
limbo de la realidad y el mito.