Lunes 20 de marzo


Alianza, la realidad versus el mito

Primero tuvo el alias de Atlético Constancia y de Alianza Intercontinental, hasta llegar a institucionalizarse con el nombre de Alianza 'a secas' en 1960. Un lustro después, el preámbulo de equipo grande comenzó. Las temporadas de 1966 y de 1967 le dieron el bicampeonato. No fue sino dos décadas más tarde que logró su tercer campeonato nacional. ¿Mucha gloria para tan pocos triunfos, o un triunfo suficiente para engloriar dirigentes?

Daniel Herrera
El Diario de Hoy

Después del bicampeonato conseguido en 1967, el que le dio el nombre de equipo grande al Alianza, pasaron casi 20 años para que el equipo capitalino consiguiera su tercer título. La idea de Hernán Carrasco Vivanco cuando llegó al equipo blanco fue hacer un verdadero club de fútbol del equipo capitalino.

Las condiciones en 1965 se dieron para que los jugadores se profesionalizaran. El apoyo de los dirigentes fue fundamental para crear cuatro categorías inferiores y que el Alianza contara con sus propias canteras. ¿Las taquillas? Alianza podía autofinanciarse. Los ingredientes para esta empresa futbolera fueron buen fútbol, amor por la camiseta y apoyo dirigencial.

Las razones por las que Alianza pasó por una racha de 20 años sin títulos, que cayera en la mediocridad en su fútbol y que no volviese a tener las glorias de aquel equipo sesentero se atribuyen a los problemas internos a nivel dirigencial, toda vez que obras son amores, y en el mundo del balompié salvadoreño, el amor del dirigente está pintado con la cara de Colón.

Tan alegre que venía...

Alianza ha patentizado la fórmula de la ingratitud. Aquel que le da triunfos tiene que irse, mal y sin explicaciones. Desde la llegada de Hernán Carrasco, pasando por Salvador Mariona, haciendo una estación por Joaquín Canales y terminando con los que hoy militan en el Juventud Metalío... todos se fueron, luego de contribuir a la causa paquiderma. Sus dirigentes, de hecho, no tienen la milésima de la memoria del elefante.

Los ejemplos sobran, pero por venir a cuenta nos constreñiremos a aquellos hombres que tuvieron mucho que ver en la empresa sesentera. Ahí tenemos a Hernán Carrasco, que se marchó tras la llegada de Ernesto Muyshondt a la gerencia alba en 1967.

"Me quisieron rebajar el sueldo. Esto no me gustó y me fui", señaló Hernán, quien no entiende por qué después de darles triunfos lo separaron del equipo. Treinta y tres años más tarde, las condiciones que pedía, entre ellos que los dirigentes tuvieran al día a sus jugadores, le significó la separación del equipo, en la era de Oscar Rodríguez.

Sal vador Mariona, por su parte, aseguró que el equipo lo cesó, aduciendo que su edad ya estaba avanzada. "Yo iba a decidir cuándo retirarme, no ellos. Después jugué una de mis mejores temporadas con Platense", recordó el zaguero aliancista. Mario Monge no sabía que ya lo habían vendido a FAS. "Hable con quien hable de los que hemos jugado en Alianza, le van a decir lo mismo", comentó el goleador albo.

Ellos sacaron lo que actualmente envuelve al Alianza. "Kin Canales, que siempre se ha identificado con Alianza, nunca recibió un juego de despedida", señaló Mariona. Según Carrasco, permitir que un técnico se deshaga de casi una docena de jugadores y luego aceptar que también lo saquen es muestra de que el equipo no se maneja bien a nivel de dirigentes.

1900 ayer

"Es lo que queda, recordar", dice Mariona con cierta melancolía. Carrasco, Mariona y Monge aseguran que difícilmente Alianza tendrá glorias como las del '66 y '67, ya que no se está trabajando de la forma que se debe. "El apoyo de los dirigentes es fundamental para que un equipo progrese. Que me vengan a decir a mí que no tuviéramos un gran club de haberme dejado trabajar", recordó con euforia Carrasco Vivanco.

Los jugadores trajeron a su memoria que su sueldo era de ¢200 colones y los extranjeros ganaban casi lo mismo, pero en dólares. Los premios eran los más cargados de billetes. "El incentivo por cada juego internacional o un nacional de gran importancia nos hacían partirnos la madre", afirmó el zaguero mundialista.

"Hoy la historia es distinta, les ofrecen que les van a pagar tanto, pero nunca les pagan", agrega Mariona. El chileno fue más allá en la comparación y recordó que hoy no tienen cancha dónde entrenar, y mucho menos gimnasio o piscina, que no se concentran durante la semana, no hay controles físicos o de dietas y, lo peor, que no hay categorías inferiores. "Todo esto lo teníamos", aseguró Carrasco.

La afición blanca es de las más numerosas. Un buen grupo los acompaña ahora con la esperanza de volver a las glorias pasadas, mientras exigen la renuncia de los dirigentes. Ex jugadores y cuerpo técnico denunciaron donde está parte del problema. Los aficionados de hoy lo denuncian en pancartas. Mientras tanto, Alianza sigue en el limbo de la realidad y el mito.


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