Umaña cae y
Aguiluz asume la secretaría general del
PDC
El Partido
Demócrata Cristiano (PDC) estrenó
secretario general. René Aguiluz obtuvo
el 86.25 por ciento de los votos válidos.
La Convención Nacional destituyó a
Ronal Umaña del cargo
Luis
Laínez
El Diario de
Hoy
Cuando
Jorge Barrera se rebeló en la Asamblea
Legislativa, Ronal Umaña le quitó
la jefatura de fracción y se la
entregó a René Aguiluz, un hombre
de su confianza. Ayer, Aguiluz, ese hombre
confiable, arrebató a Umaña la
Secretaría General del PDC.
"Así es este negocio",
expresa el controvertido Umaña, mientras
se encoge de hombros.
La Convención Nacional
Extraordinaria del PDC destituyó a
Umaña y a su Comisión
Política.
Después, con el 86.25
por ciento de la votación secreta,
eligieron a Aguiluz como nuevo secretario
general. Aguiluz compitió contra
Rosalío Tóchez por el
cargo.
Umaña y sus seguidores
refutan los resultados. En principio, alegan que
la destitución de la dirigencia no
estaban contemplada en la agenda.
El ex secretario general no
está conforme con los números.
Considera que Aguiluz no alcanzó los dos
tercios de los votos válidos que mandan
los estatutos, para convertirse en secretario
general.
Gilberto González,
presidente del Comité Electoral Nacional
(CEN), dice todo lo contrario. En efecto,
Aguiluz obtuvo el voto favorable de 138
convencionistas. Sólo 22 personas votaron
por Tóchez.
Los umañistas
prefirieron abstenerse o anular sus votos, los
cuales sumaron 56. Ese fue su error
Según González,
los dos tercios de los votos válidos
equivalían a 106, número superado
con creces por Aguiluz.
Los caminos del
descontento
La Convención Nacional
le pasó la factura a Umaña por la
forma cómo dirigió al PDC durante
cinco años.
En ese período, la
Democracia Cristiana perdió el tercer
lugar en las preferencias
electorales.
Las
dos campañas electorales que
dirigió fueron catalogadas como los
mayores fracasos en la historia del
PDC.
Umaña llegó
preparado para una reunión a la que no
llegaba como el líder.
Dos hombres armados cuidaban
la integridad del hasta ayer hombre fuerte de la
Democracia Cristiana.
Aristides Alvarenga,
directivo de la Asamblea Legislativa, se
proclamó como el organizador del
movimiento para quitarle la secretaría
general a Umaña.
"Debemos desligarnos del
partido en el gobierno y hacer
oposición", exhortó.
El remate contra Umaña
fue al final de la reunión.
Dentro de quince días,
en una Convención Nacional Ordinaria,
Umaña, convertido en ex secretario
general, deberá rendir cuentas del
destino de once millones de colones obtenidos
del financiamiento estatal y aportes privados
para las elecciones.
El ocaso
Umaña sufrió en
silencio la humillación.
Obligado a descender de la
mesa de honor, se protegió entre los
convencionistas que aún creen en
él.
Se retiró amenazando
con encargar a sus abogados las acciones legales
para anular los resultados ante el Tribunal
Supremo Electoral y la Corte Suprema de
Justicia.
Umaña calificó
de "micadas" (en alusión a "Mico Frito",
el sobrenombre de Aristides Alvarenga) los
argumentos para sustituirlo al frente del
PDC.
Alvarenga no se inmuta. De
todos modos, ejemplifica, Umaña
avaló los procedimientos al ser el primer
convencionista en depositar su voto anulado en
la elección del nuevo secretario.
A
golpes y a gritos
Zapatazos, empujones y gritos
fueron los recursos que los pedecistas
utilizaron para darle el adiós a Ronal
Umaña
Umañistas
erraron al abstenerse
Ronal Umaña y sus
simpatizantes creyeron que podían impedir
la elección de un nuevo secretario
general.