Lunes 14 de junio
Umaña cae y Aguiluz asume la secretaría general del PDC

El Partido Demócrata Cristiano (PDC) estrenó secretario general. René Aguiluz obtuvo el 86.25 por ciento de los votos válidos. La Convención Nacional destituyó a Ronal Umaña del cargo

Luis Laínez

El Diario de Hoy

Cuando Jorge Barrera se rebeló en la Asamblea Legislativa, Ronal Umaña le quitó la jefatura de fracción y se la entregó a René Aguiluz, un hombre de su confianza. Ayer, Aguiluz, ese hombre confiable, arrebató a Umaña la Secretaría General del PDC.

"Así es este negocio", expresa el controvertido Umaña, mientras se encoge de hombros.

La Convención Nacional Extraordinaria del PDC destituyó a Umaña y a su Comisión Política.

Después, con el 86.25 por ciento de la votación secreta, eligieron a Aguiluz como nuevo secretario general. Aguiluz compitió contra Rosalío Tóchez por el cargo.

Umaña y sus seguidores refutan los resultados. En principio, alegan que la destitución de la dirigencia no estaban contemplada en la agenda.

El ex secretario general no está conforme con los números. Considera que Aguiluz no alcanzó los dos tercios de los votos válidos que mandan los estatutos, para convertirse en secretario general.

Gilberto González, presidente del Comité Electoral Nacional (CEN), dice todo lo contrario. En efecto, Aguiluz obtuvo el voto favorable de 138 convencionistas. Sólo 22 personas votaron por Tóchez.

Los umañistas prefirieron abstenerse o anular sus votos, los cuales sumaron 56. Ese fue su error

Según González, los dos tercios de los votos válidos equivalían a 106, número superado con creces por Aguiluz.

Los caminos del descontento

La Convención Nacional le pasó la factura a Umaña por la forma cómo dirigió al PDC durante cinco años.

En ese período, la Democracia Cristiana perdió el tercer lugar en las preferencias electorales.

Las dos campañas electorales que dirigió fueron catalogadas como los mayores fracasos en la historia del PDC.

Umaña llegó preparado para una reunión a la que no llegaba como el líder.

Dos hombres armados cuidaban la integridad del hasta ayer hombre fuerte de la Democracia Cristiana.

Aristides Alvarenga, directivo de la Asamblea Legislativa, se proclamó como el organizador del movimiento para quitarle la secretaría general a Umaña.

"Debemos desligarnos del partido en el gobierno y hacer oposición", exhortó.

El remate contra Umaña fue al final de la reunión.

Dentro de quince días, en una Convención Nacional Ordinaria, Umaña, convertido en ex secretario general, deberá rendir cuentas del destino de once millones de colones obtenidos del financiamiento estatal y aportes privados para las elecciones.

El ocaso

Umaña sufrió en silencio la humillación.

Obligado a descender de la mesa de honor, se protegió entre los convencionistas que aún creen en él.

Se retiró amenazando con encargar a sus abogados las acciones legales para anular los resultados ante el Tribunal Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia.

Umaña calificó de "micadas" (en alusión a "Mico Frito", el sobrenombre de Aristides Alvarenga) los argumentos para sustituirlo al frente del PDC.

Alvarenga no se inmuta. De todos modos, ejemplifica, Umaña avaló los procedimientos al ser el primer convencionista en depositar su voto anulado en la elección del nuevo secretario.


A golpes y a gritos

Zapatazos, empujones y gritos fueron los recursos que los pedecistas utilizaron para darle el adiós a Ronal Umaña


Umañistas erraron al abstenerse

Ronal Umaña y sus simpatizantes creyeron que podían impedir la elección de un nuevo secretario general.


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