La lección de
México
Observando la
actuación de México en la Copa
América no podemos más que pensar
en cómo quisiéramos que nuestro
fútbol se pudiera presentar a nivel
internacional de esa manera. Es que muchos
podrán pensar de que México
está muy lejos de nosotros y
podrán tener razón en cuanto a lo
organizativo y estructural de la
administración mexicana de su
fútbol.
Por Orestes
Membreño
Por
ahora, los mexicanos son parte del
espectáculo mundial y tienen un papel
protagónico en la Copa América
debido a que desde hace ratos cambiaron su
mentalidad y estilo de juego.
Técnicamente siguen siendo iguales que el
futbolista salvadoreño, nada más
que el mejicano ahora piensa diferente, es
más profesional.
Porque no se puede negar que
México se propuso una meta y
trabajó para ella: tener presencia y eso
significa que a los equipos mexicanos ahora se
les mira con respeto en cualquier cancha que se
presentan, no solo en el área de CONCACAF
en la que ya no tienen rival.
En ningún momento hay
que pensar que los mexicanos quieren ser
campeones del mundo, por ahora están en
un lugar en que les es motivo de
satisfacción que los rivales tengan que
trabajar duro para pasarles encima y que si se
descuidan pueden sufrir derrotas como lo que le
sucedió a Chile, su última
víctima.
Ahora, el jugador mexicano
tiene otra manera de pensar y se entrega por su
profesión y por su país en una
cancha de fútbol. Esto es así
porque detrás de él existe todo un
aparato estructurado que le da un soporte real
para que su profesión sea algo de la que
pueda sentirse orgulloso.
Es precisamente lo que
nosotros quisiéramos para nuestro
fútbol: que se nos respetara en cualquier
parte. Ahora nadie nos toma en cuenta, somos del
montón y de eso tenemos la culpa todos,
porque de alguna manera nos hemos acomodado y
conformado.
En tal sentido, el llamado es
para la dirigencia actual. De una vez por todas
se debe estructurar un esquema de funcionamiento
en el trabajo de formación de jugadores
que es el punto de partida para buscar regenerar
el fútbol nacional, porque ha nadie
escapa la ausencia de valores con
talento.
La reciente visita de
Fluminense, que vino dirigido por el flamante
técnico campeón del mundo Carlos
Alberto Parreira, dejó un concejo que
muchos hemos venido pregonando desde hace
algunos años: si no se trabaja con las
divisiones inferiores el fútbol de este
país nunca saldrá a la escena
internacional.
A Parreira y su cuerpo
técnico les costó salir de su
asombro cuando se les dijo que los equipos de
primera división no tenían
divisiones inferiores y que no tenían
nada en que caer muertos. No se explicaban como
es que todavía había fútbol
en este país.
Y decir trabajo en divisiones
inferiores, no es decir que la FEDEFUT o COLIJES
tengan selecciones permanentes ni que la
aprobación de un presupuesto del Estado
es la solución a los problemas.
No.
Una de las soluciones es que
se tenga un esquema definido para el trabajo en
las divisiones inferiores y de una
planificación a largo plazo que debe
tener todo el soporte de una estructura
organizativa seria y honesta.