Rafael Alvarez,
pionero de la industrialización del
café
El 5 de junio de 1889
llega a El Salvador Rafael Alvarez Lalinde,
acompañado de su esposa Julia y cinco
hijos, entre ellos el mayor, Carlos, de siete
años. Doña Julia esperaba a su
sexto hijo.
Mauricio
Alvarez Geoffroy
Fue
llamado por su hermano, el doctor Emilio
Alvarez, quien ya se había establecido en
este país desde 1872, donde gozaba de
buena posición por ser un médico
sobresaliente, fundador de la Escuela de
Cirugía en el país.
El viaje de don Rafael, desde
Manizales, Colombia, a tierras
salvadoreñas dura un mes. El grupo
familiar viaja a caballo y en carreta, cruzando
los nevados Andes hasta llegar al río
Magdalena, donde se embarca hasta el puerto de
La Libertad.
Una vez en San Salvador, se
alojó en la casa de su hermano Emilio,
quien vivía frente a la Plaza
Morazán, en el predio donde ahora se
encuentra el edificio del banco
Salvadoreño.
Sin conocimiento alguno sobre
el negocio del café, don Rafael
empezó a trabajar en las fincas que su
hermano poseía en el volcán de San
Salvador. Pero don Rafael era una persona muy
hábil y pronto aprendió el oficio.
Fue él quien, en 1893, montó el
primer despulpador de café en el
país, en la finca Santa Isabel.
Esto fue una
innovación importante, pues al introducir
el café lavado, logró que
mejoraran los precios de exportación,
contribuyendo así a la captación
de divisas.
Después de la muerte
de sus hermanos Jaime, Francisco y Emilio, don
Rafael y su hermano Roberto se repartieron las
propiedades de la Compañía
Agrícola y de Alvarez Hermanos.
Don Roberto se quedó
con las propiedades del área de San
Salvador; don Rafael, con las de Santa Ana. Esto
ocurrió en 1906 y debido a una mala
época del café, todas las
propiedades contrajeron grandes deudas,
razón por la cual los hermanos se
esmeraron más en trabajar las
fincas.
Don Rafael era una persona
creyente en las bondades del grano de oro y
amante de su cultivo. En 1908 compró a su
amigo don Gustavo Vides una finca llamada "El
Potosí". Esta constaba de 4 mil 500
manzanas y pagó por ella 80 mil colones,
suma cubierta parcialmente con otras
propiedades. Para el resto debió asumir
una deuda.
Lo primero que hizo fue
construir una nueva calle de acceso por El
Congo, ya que anteriormente se accedía a
las fincas por San Juan Opico. Las tierras de El
Potosí eran consideradas malas para la
siembra de café, pero don Rafael, con
mucha perseverancia, empezó a sembrar
cafetos y utilizó el izote para detener
la erosión, con miras a sembrar
café en las laderas. Esto
constituyó otra innovación
introducida al país por don Rafael.
Pero éste no
sólo se preocupó por la
plantación, sino que también quiso
que la gente que trabajaba junto a el, tuviera
todo lo necesario para configurar una comunidad.
Para tal efecto fueron
construidas más de 400 casas, dos
escuelas, una iglesia y un pequeño
hospital. Asimismo, se trazaron y habilitaron
unos cien kilómetros de calles que daban
acceso a las siembras de café, que
alcanzaron una extensión de 1500
manzanas.
Su
gran amor al campo fue legado a su hijo Carlos y
a sus nietos Carlos y Ricardo, quienes vivieron
en la finca para supervisar los trabajos. Pero
nada se habría logrado sin la
colaboración de las personas que
trabajaban junto a ellos. Un periodista mejicano
que visitó la finca en los años
cuarentas escribió sobre ellos: "Los
habrá más ricos, pero no
más buenos".
Don Rafael no sólo
planta café, sino que también lo
procesa. En el beneficio El Molino, de Santa
Ana, instaló el segundo despulpador en el
país, en 1894; construyó un
beneficio en El Potosí, e hizo grandes
adelantos en la industrialización del
aromático.
En 1928 decidió
eliminar el beneficio de El Potosí y
mejorar El Molino. Para ello contrató
técnicos ingleses con el fin de construir
un beneficio moderno, con las últimas
tecnologías. Fue así como este
beneficio estaba dotado de maquinaria y sistemas
de transporte modernos para lavar y limpiar de
cien a ciento veinte mil quintales de
café en oro, anualmente, destinado a la
exportación.
Poseía planta
eléctrica propia; los edificios eran
todos de estructura de hierro y cemento armado,
distribuidos en forma ordenada en sus diferentes
departamentos.
Un ramal del Ferrocarril de
El Salvador llegaba hasta las bodegas del
beneficio, lo cual facilitaba el despacho de los
productos al puerto. La construcción del
nuevo beneficio estuvo a cargo de su hijo Jorge.
Este beneficio fue considerado por
técnicos en la materia, como uno de los
mejores en el mundo, debido a su perfecto
engranaje y por los modernos sistemas con que
estaba organizado. Fue durante muchos
años el orgullo del
país.
Al morir don Rafael, en 1949,
Daniel S. Jiménez escribió: "Don
Rafael era una enciclopedia, de todo
sabía. Él era ingeniero, poeta,
artista e industrial... Como ingeniero, trazando
caminos, estuvimos con él en El
Potosí, a donde en aquellos tiempos, se
llegaba a lomo de mula o a pata. Con su paraguas
en pleno sol, dirigía los trabajos y
ahí están como una serpentina en
el cerro de "Las Marías"... por el alma
de este gran colombiano retozaban en su alma
diáfana los sentimientos hacia la belleza
en la poesía como la más alta
expresión... con las mangas arrolladas,
nos enseñaba la inclinación al
arte porque sabía trabajar.
También era escultor, y de sus manos
salieron obras de mérito en la talla y la
figura... no lo vamos a tratar como agricultor,
porque no está en nosotros el
mérito para calificarlo. Ya es de todos
sabido su asombroso trabajo como caficultor...
eso fue don Rafael, y es una gratitud nacional
reconocer sus méritos como uno de los
elementos extranjeros que unido a sus insignes
hermanos supieron recompensar a su segunda
patria".
También Jorge
Ramírez escribió: "Don Rafael
cursó la gran experiencia en las aulas
universitarias del mundo, y de la vida, y en la
conciencia de la universalidad, puede decirse
que alcanza el grado equivalente al
título de "Doctor Honoris Causa". Don
Rafael fundó una familia numerosa, digna
y respetable".
Dejó catorce hijos, el
mayor de ellos, Carlos, le siguió con
otros once herederos.
Su numerosa familia, que
aún trabaja en el café, recuerda a
este gran hombre que logró, con su
trabajo y buen trato hacia los que trabajaron
con él, hacer tanto por el desarrollo de
la caficultura.