Domingo 19 de diciembre


El siglo XXI no trae calidad de vida

¿Pesimismo? ¿Derrotismo? Se llame como se llame, lo cierto es que la euforia del 2000 no trascenderá la señalada fecha. Para los próximos 25 años, los salvareños prevén un deterioro de su calidad de vida.

Así lo consideran mayoritariamente las personas residentes del área metropolitana, las de mayor edad y aquellas que cuentan con estudios de secundaria y superiores. Ellos representan el 42 por ciento de encuestados que a la pregunta "¿cómo cree que será la calidad de vida en los próximos 25 años?", han respondido que "peor". Un 14 por ciento dijo que "igual", y un 17 por ciento confía en que mejore. Un representativo 26 por ciento no pudo o no quiso responder.

Ahora bien: Los salvadorereños son conscientes que, según la capa socioeconómica a la que se pertenezca, el futuro va a sonreír más o menos. La mitad de la población considera que las personas adineradas tendrán una mejor calidad de vida en el futuro. La mayoría cree que a la clase media le va a ir igual (36 por ciento) o peor (29 por ciento), opinón ésta última que se dispara cuando se trata de vaticinar el futuro que le espera a los pobres: El 55 por ciento de los encuestados está convencido de que los pobres tendrán una peor calidad de vida que ahora.

Llama la atención que aquellos ciudadanos que se ubican en un mejor nivel socioeconómico tieden a pensar menos radicalmente. En esta parte de la población, el sólo el 32 por ciento cree que los pobres tendrán una peor calidad de vida, mientras que un 29 considera que estarán igual y un 23 que estarán mejor.

Cambios sociales

Pasemos a analizar algunos de los múltiples factores que condicionan la calidad de vida: la familia, el dinero, la vivienda... Lo que más incide en la felicidad individual de los salvadoreños, como veremos adelante con más detalle, es su vida familiar. Sin embargo, el 57 por ciento de los encuestados pronostican que la institución familiar, junto con su origen más frecuente, el matrimonio, serán menos comunes en el futuro. Casi un 20 por ciento opina lo contrario.

Principalmente las mujeres, más que los varones, tienden a pensar que el matrimonio o la familia perderán fuerza como fórmulas de unión de la pareja y su descendencia.

Muestra de lo anterior -y probablemente también condicionada por el entorno económico- es que un significativo 32 por ciento considera "algo" o "mucho" probable que en los próximos 25 años las familias decidan tener sólo un hijo o no tenerlo ninguno, a pesar de que El Salvador registra una alta tasa de natalidad. El 56 por ciento de los encuestrados consideran "poco" o "nada" posible que lleguemos a ese extremo.

En cualquier caso, la población sí parece lograr un sólido acuerdo respecto de la dificultad que implican los nuevos tiempos para las relaciones familiares, en especial la crianza de hijos. Cada día que pasa, educar y formar una familia requiere de un mayor cuidado y fortaleza. Ocho de cada diez personas dicen que criar a los hijos será "más difícil" o "mucho más difícil" en el futuro, si lo comparamos con el día de hoy. Sólo uno de cada diez opina lo contrario.

Esta opinión mayoritaria puede relacionarse con otras opiniones también mayoritarias, en las que un mundo confuso en cuanto a la libertad personal y un incremento en el número de madres solteras se tornan no sólo coincidentes sino también poco esperanzadoras. Indiscutiblemente, el pueblo percibe que, en el futuro de su país, se van a generalizar condiciones familiares y sociales más complejas, con referentes morales distintos a los que ahora existen.

Se podría pensar que ésta es una posición extrema y pesimista de la realidad, pero también puede plantearse que la opinión popular quiere despertar la conciencia de los ciudadanos enviando señales de alerta ante lo que puede ocurrir.

La fragilidad que va a tener la familia, según Gallup, y la poca o ninguna probabilidad de que los hijos vengan a significar un motivo de unión y expansión del núcleo, da la imagen de un El Salvador con una mayoría de la población en edad avanzada y débil en formación moral. Así podrá ocurrir en un futuro no muy lejano.

No obstante, sí se puede afirmar que los salvadoreños no creen que en el futuro las relaciones fuera del matrimonio vayasn a ser permitidas y mucho menos aceptadas. Es decir, se seguirá compeliendo a mantener los lazos familiares y matrimoniales. Esta opinión no les impide asegurar con contundencia (73 por ciento) que aumentará el número de madres solteras, así como vislumbrar la posibilidad de que se permita contraer matrimonio a personas del mismo sexo: un 34 por ciento considera "algo" o "mucho" probable que esto ocurra, frente al mayoritario 44 por ciento que lo ve "poco" o "nada" probable.

Satisfechos con su vivienda

Quizá el dato más sorprendente de la encuesta se refiere a la vivienda. Casi el 80 por ciento de los encuestados manifiestan sentirse satisfechos con las condiciones de sus viviendas y las cosas que en ellas tiene. Por otro lado, un 58 por ciento se muestra contento con los ingresos económicos del hogar y un 51 por ciento lo está con los ahorros y propiedades que ha acumulado, si es que ha podido hacerlo. La pregunta que surge de estos resultados cae por su propio peso: ¿por qué el salvadoreño contesta así cuando su comentario más habitual respecto a la situación económica es que los ingresos no le alcanzan para vivir?

De estos tres elementos (vivienda, ingresos y ahorros), el que más influye en la felicidad personal es el ingreso económico. Existe una tendencia en la población a sentirse más feliz (tranquila, cómoda, desahogada) cuanto mayor sea la entrada de dinero al hogar. Para Gallup, las opiniones de los salvadoreños en el terreno económico refleja el "pragmatismo" en el que vivimos. Encontrar un empleo con un salario adecuado, será probablemente para la población el primer paso para sentirse satisfecha consigo misma.

La salud, la educación, el tiempo libre y el trabajo son otros elementos básicos para gozar de una buena calidad de vida. El 83 por ciento de los salvadoreños se hallan satisfechos con su salud personal; el 79 lo está con el tiempo del que disfruta para recrearse. Un 76 por ciento dice estar "muy" o "algo" satisfecha con el trabajo que realiza, pero sólo a un 56 por ciento le satisface su nivel educativo.

Partiendo de estos datos, Gallup concluye que, por lo general, la gente está contenta con su estilo de vida. Sobre todo porque de los factores antes citados el más relevante para la felicidad es la salud. Esta posición parece demostrar la sabiduría popular. Sólo gozando de buena salud se pueden lograr los otros bienes.

¿Qué es la felicidad?

Ante una pregunta tan filosófica, los salvadoreños se inclinan por la familia, como anticipábamos al principio. Luego de estar bien con su familia, los encuestados creen que su felicidad depende de que se consolide la democracia en el país. En tercer lugar, la salud personal, por delante de los ingresos económicos, las condiciones de la vivienda y la vida afectiva. En este último punto, conviene señalar que una gran mayoría de la población (el 77 por ciento) afirma estár "muy satisfecha" o "algo satisfecha" con su vida afectiva (relación de pareja, sea con su cónyuge, compañero-compañera o novio-novia). Al referirse a su relación con Dios, la práctica totalidad de los encuestados (el 92 por ciento) afirman sentirse satisfechos, al igual que con sus hijos y familiares.

Aunque los ciudadanos están contentos con la forma en que se llevan con su parentela y con el Creador, en iguales proporciones, y menos con su vida afectiva, a la hora de determinar cuál de estos dos elementos influye más en su felicidad individual está primero su relación con la familia y su pareja: cumplen primero estando bien con sus prójimos y luego con Dios.


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