El siglo XXI no trae
calidad de vida
¿Pesimismo? ¿Derrotismo? Se
llame como se llame, lo cierto es que la euforia
del 2000 no trascenderá la
señalada fecha. Para los próximos
25 años, los salvareños
prevén un deterioro de su calidad de
vida.
Así
lo consideran mayoritariamente las personas
residentes del área metropolitana, las de
mayor edad y aquellas que cuentan con estudios
de secundaria y superiores. Ellos representan el
42 por ciento de encuestados que a la pregunta
"¿cómo cree que será la
calidad de vida en los próximos 25
años?", han respondido que "peor". Un 14
por ciento dijo que "igual", y un 17 por ciento
confía en que mejore. Un representativo
26 por ciento no pudo o no quiso responder.
Ahora bien: Los salvadorereños son
conscientes que, según la capa
socioeconómica a la que se pertenezca, el
futuro va a sonreír más o menos.
La mitad de la población considera que
las personas adineradas tendrán una mejor
calidad de vida en el futuro. La mayoría
cree que a la clase media le va a ir igual (36
por ciento) o peor (29 por ciento),
opinón ésta última que se
dispara cuando se trata de vaticinar el futuro
que le espera a los pobres: El 55 por ciento de
los encuestados está convencido de que
los pobres tendrán una peor calidad de
vida que ahora.
Llama la atención que aquellos
ciudadanos que se ubican en un mejor nivel
socioeconómico tieden a pensar menos
radicalmente. En esta parte de la
población, el sólo el 32 por
ciento cree que los pobres tendrán una
peor calidad de vida, mientras que un 29
considera que estarán igual y un 23 que
estarán mejor.
Cambios sociales
Pasemos a analizar algunos de los
múltiples factores que condicionan la
calidad de vida: la familia, el dinero, la
vivienda... Lo que más incide en la
felicidad individual de los salvadoreños,
como veremos adelante con más detalle, es
su vida familiar. Sin embargo, el 57 por ciento
de los encuestados pronostican que la
institución familiar, junto con su origen
más frecuente, el matrimonio,
serán menos comunes en el futuro. Casi un
20 por ciento opina lo contrario.
Principalmente las mujeres, más que
los varones, tienden a pensar que el matrimonio
o la familia perderán fuerza como
fórmulas de unión de la pareja y
su descendencia.
Muestra de lo anterior -y probablemente
también condicionada por el entorno
económico- es que un significativo 32 por
ciento considera "algo" o "mucho" probable que
en los próximos 25 años las
familias decidan tener sólo un hijo o no
tenerlo ninguno, a pesar de que El Salvador
registra una alta tasa de natalidad. El 56 por
ciento de los encuestrados consideran "poco" o
"nada" posible que lleguemos a ese extremo.
En
cualquier caso, la población sí
parece lograr un sólido acuerdo respecto
de la dificultad que implican los nuevos tiempos
para las relaciones familiares, en especial la
crianza de hijos. Cada día que pasa,
educar y formar una familia requiere de un mayor
cuidado y fortaleza. Ocho de cada diez personas
dicen que criar a los hijos será
"más difícil" o "mucho más
difícil" en el futuro, si lo comparamos
con el día de hoy. Sólo uno de
cada diez opina lo contrario.
Esta opinión mayoritaria puede
relacionarse con otras opiniones también
mayoritarias, en las que un mundo confuso en
cuanto a la libertad personal y un incremento en
el número de madres solteras se tornan no
sólo coincidentes sino también
poco esperanzadoras. Indiscutiblemente, el
pueblo percibe que, en el futuro de su
país, se van a generalizar condiciones
familiares y sociales más complejas, con
referentes morales distintos a los que ahora
existen.
Se podría pensar que ésta es
una posición extrema y pesimista de la
realidad, pero también puede plantearse
que la opinión popular quiere despertar
la conciencia de los ciudadanos enviando
señales de alerta ante lo que puede
ocurrir.
La fragilidad que va a tener la familia,
según Gallup, y la poca o ninguna
probabilidad de que los hijos vengan a
significar un motivo de unión y
expansión del núcleo, da la imagen
de un El Salvador con una mayoría de la
población en edad avanzada y débil
en formación moral. Así
podrá ocurrir en un futuro no muy
lejano.
No obstante, sí se puede afirmar que
los salvadoreños no creen que en el
futuro las relaciones fuera del matrimonio
vayasn a ser permitidas y mucho menos aceptadas.
Es decir, se seguirá compeliendo a
mantener los lazos familiares y matrimoniales.
Esta opinión no les impide asegurar con
contundencia (73 por ciento) que
aumentará el número de madres
solteras, así como vislumbrar la
posibilidad de que se permita contraer
matrimonio a personas del mismo sexo: un 34 por
ciento considera "algo" o "mucho" probable que
esto ocurra, frente al mayoritario 44 por ciento
que lo ve "poco" o "nada" probable.
Satisfechos con su vivienda
Quizá el dato más sorprendente
de la encuesta se refiere a la vivienda. Casi el
80 por ciento de los encuestados manifiestan
sentirse satisfechos con las condiciones de sus
viviendas y las cosas que en ellas tiene. Por
otro lado, un 58 por ciento se muestra contento
con los ingresos económicos del hogar y
un 51 por ciento lo está con los ahorros
y propiedades que ha acumulado, si es que ha
podido hacerlo. La pregunta que surge de estos
resultados cae por su propio peso: ¿por
qué el salvadoreño contesta
así cuando su comentario más
habitual respecto a la situación
económica es que los ingresos no le
alcanzan para vivir?
De estos tres elementos (vivienda, ingresos y
ahorros), el que más influye en la
felicidad personal es el ingreso
económico. Existe una tendencia en la
población a sentirse más feliz
(tranquila, cómoda, desahogada) cuanto
mayor sea la entrada de dinero al hogar. Para
Gallup, las opiniones de los salvadoreños
en el terreno económico refleja el
"pragmatismo" en el que vivimos. Encontrar un
empleo con un salario adecuado, será
probablemente para la población el primer
paso para sentirse satisfecha consigo misma.
La
salud, la educación, el tiempo libre y el
trabajo son otros elementos básicos para
gozar de una buena calidad de vida. El 83 por
ciento de los salvadoreños se hallan
satisfechos con su salud personal; el 79 lo
está con el tiempo del que disfruta para
recrearse. Un 76 por ciento dice estar "muy" o
"algo" satisfecha con el trabajo que realiza,
pero sólo a un 56 por ciento le satisface
su nivel educativo.
Partiendo de estos datos, Gallup concluye
que, por lo general, la gente está
contenta con su estilo de vida. Sobre todo
porque de los factores antes citados el
más relevante para la felicidad es la
salud. Esta posición parece demostrar la
sabiduría popular. Sólo gozando de
buena salud se pueden lograr los otros
bienes.
¿Qué es la felicidad?
Ante una pregunta tan filosófica, los
salvadoreños se inclinan por la familia,
como anticipábamos al principio. Luego de
estar bien con su familia, los encuestados creen
que su felicidad depende de que se consolide la
democracia en el país. En tercer lugar,
la salud personal, por delante de los ingresos
económicos, las condiciones de la
vivienda y la vida afectiva. En este
último punto, conviene señalar que
una gran mayoría de la población
(el 77 por ciento) afirma estár "muy
satisfecha" o "algo satisfecha" con su vida
afectiva (relación de pareja, sea con su
cónyuge,
compañero-compañera o
novio-novia). Al referirse a su relación
con Dios, la práctica totalidad de los
encuestados (el 92 por ciento) afirman sentirse
satisfechos, al igual que con sus hijos y
familiares.
Aunque los ciudadanos están contentos
con la forma en que se llevan con su parentela y
con el Creador, en iguales proporciones, y menos
con su vida afectiva, a la hora de determinar
cuál de estos dos elementos influye
más en su felicidad individual
está primero su relación con la
familia y su pareja: cumplen primero estando
bien con sus prójimos y luego con
Dios.