Domingo 19 de diciembre


¡Agonía!

En el último suspiro, cuando Aguila ya estaba arrodillado, y Fas celebraba un vuelta increíble, vino un córner de Kilmar Jiménez, untiro... y una celebración los migeleños lloraron conjúbilo.

Cristian Villalta
El Diario de Hoy

...y entonces, Dios tocó el hombro de su juguete de polvo. El hombre había nacido para volar.

Aguila pasó sucesivamente del miedo al horror, del horror a la temeridad, y de la temeridad a la vida. Vencido su orgullo, vencida su esperanza, el cuadro migueleño encontró, en una meleé en la zaga santaneca, la oportunidad para explotar de júbilo.

Emiliano "el Divino"

FAS llegó anoche a su estadio con la promesa de una pesadilla. El cielo tenía la misma oscuridad del porvenir. Los "tigrillos" debían vencer a Aguila con dos goles de diferencia para meterse a la final.

Sin embargo, nada parecía imposible luego que, al minuto 11, el panameño Roberto Brown abriese el partido con un cabezazo. El gol fue anulado por offside, pero el juego vertical propiciado por la incorporación, a veces de Osorio, a veces de Iraheta, siempre terminaba con al menos dos jugadores de FAS en posición de anotar.

Aguila se aplicaba en la tarea defensiva, ante el paroxismo de su entrenador, Hugo Coria, que veía en aquella fortaleza una oportunidad de perderlo todo, sobre todo cuando Mariano empezó a recuperar el do mayor, y Pedrozo hizo de su zurda una aguja hilvanadora de maravillas.

La minutera había girado treinta veces cuando, como Coria presentía, Pedrozo tomó el balón con odio, castigándolo por toda la banda izquierda. Quitándose zagueros como quien se limpia el hombro de confeti, ganó línea de fondo y puso, como con la mano, un centro para el testarazo de Mariano.

Con esa sensación de catástrofe, los migueleños cerraron el primer tiempo. Empatados en el balance general, debían iniciar otro partido, y en cancha ajena. Estaban huérfanos.

Milagro repetido

Azuzados por su manager, los naranja asaltaron a la defensa local. Los ingresos de Jiménez y Guerra fueron un revulsivo.

El juego estaba abierto a pares para un milagro. Ingenuos, todos creímos que el segundo gol de FAS, firmado por Pedrozo, era una muestra de intervención divina.

Los hinchas de Aguila también lo creyeron, y en silencio comenzaron a armar sus maletas para llorar devueltos a San Miguel.

Los hinchas de FAS también lo creyeron, y en desandas comenzaron a reventar cohetería para embriagar a Santa Ana.

Sólo Escalante no lo creyó, y al minuto 93 logró coger un balón rechazado por el arquero tigrillo. Aguila finalista.

Dios tocó el hombro de su juguete de polvo, y enfundándolo en una camiseta naranja, le insufló vida. Y voló...


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Espectáculos] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'99] [Portada]