¡Agonía!
En el último suspiro, cuando
Aguila ya estaba arrodillado, y Fas celebraba un
vuelta increíble, vino un córner
de Kilmar Jiménez, untiro... y una
celebración los migeleños lloraron
conjúbilo.
- Cristian
Villalta
- El Diario
de Hoy
...y
entonces, Dios tocó el hombro de su
juguete de polvo. El hombre había nacido
para volar.
Aguila pasó sucesivamente del miedo al
horror, del horror a la temeridad, y de la
temeridad a la vida. Vencido su orgullo, vencida
su esperanza, el cuadro migueleño
encontró, en una meleé en la zaga
santaneca, la oportunidad para explotar de
júbilo.
Emiliano "el Divino"
FAS llegó anoche a su estadio con la
promesa de una pesadilla. El cielo tenía
la misma oscuridad del porvenir. Los "tigrillos"
debían vencer a Aguila con dos goles de
diferencia para meterse a la final.
Sin embargo, nada parecía imposible
luego que, al minuto 11, el panameño
Roberto Brown abriese el partido con un
cabezazo. El gol fue anulado por offside, pero
el juego vertical propiciado por la
incorporación, a veces de Osorio, a veces
de Iraheta, siempre terminaba con al menos dos
jugadores de FAS en posición de
anotar.
Aguila se aplicaba en la tarea defensiva,
ante el paroxismo de su entrenador, Hugo Coria,
que veía en aquella fortaleza una
oportunidad de perderlo todo, sobre todo cuando
Mariano empezó a recuperar el do mayor, y
Pedrozo hizo de su zurda una aguja hilvanadora
de maravillas.
La minutera había girado treinta veces
cuando, como Coria presentía, Pedrozo
tomó el balón con odio,
castigándolo por toda la banda izquierda.
Quitándose zagueros como quien se limpia
el hombro de confeti, ganó línea
de fondo y puso, como con la mano, un centro
para el testarazo de Mariano.
Con esa sensación de
catástrofe, los migueleños
cerraron el primer tiempo. Empatados en el
balance general, debían iniciar otro
partido, y en cancha ajena. Estaban
huérfanos.
Milagro
repetido
Azuzados por su manager, los naranja
asaltaron a la defensa local. Los ingresos de
Jiménez y Guerra fueron un revulsivo.
El juego estaba abierto a pares para un
milagro. Ingenuos, todos creímos que el
segundo gol de FAS, firmado por Pedrozo, era una
muestra de intervención divina.
Los hinchas de Aguila también lo
creyeron, y en silencio comenzaron a armar sus
maletas para llorar devueltos a San Miguel.
Los hinchas de FAS también lo
creyeron, y en desandas comenzaron a reventar
cohetería para embriagar a Santa Ana.
Sólo Escalante no lo creyó, y
al minuto 93 logró coger un balón
rechazado por el arquero tigrillo. Aguila
finalista.
Dios tocó el hombro de su juguete de
polvo, y enfundándolo en una camiseta
naranja, le insufló vida. Y
voló...