Los
Pronósticos de Sagitario
Hace 25 años que decapitaron a
Gumercindo Estévez frente al cementerio.
Lo recuerdo muy bien porque esa tarde de
noviembre tenía vientos cruzados y su
olor a níspero se me quedó
impregnado en la ropa por mucho tiempo.
Además, era un sábado, día
en que nosotros, los integrantes del equipo Los
Primores, le ganamos por primera vez el
clásico a los creídos
Sábalos de Samuria.
El Diario de
Hoy
Justamente
veníamos saliendo de la cancha La
Calavera -que estaba junto al cementerio y le
pusieron así porque un día alguien
encontró una calavera en el mero centro
del campo-, cuando Gumercindo pasó junto
a nosotros. Iba silbando el corrido de Juan
Charrasquedo que en ese tiempo estaba de moda, y
sólo dejó de silbar para decirnos
adiós con un ademán de su mano
derecha. Después, todos interpretamos su
saludo postrero como una despedida a la
vida.
Diez metros adelante, escondido detrás
de un palo de tigüilote, estaba el asesino
al acecho. Y apenas Gumercindo pasó,
alzó su machete centelleante por el sol
del ocaso, y le asestó el golpe mortal.
Fue un instante imborrable y de tonos rojizos,
de silencio mortal y sedimentos de ruina que nos
dejó en el alma un rastro de sangre para
siempre.
La cabeza de Gumercindo dio cuatro rebotes
hacia nosotros salpicando nuestras ropas, hasta
que se quedó quieta con un leve palpitar
de los sentidos. Entonces pasó del rojo
intenso al blanco papaya, para quedarse al final
con un tono azul como el uniforme del
Atlético Marte.
No dormí durante dos meses. Pero no
tanto por la atrocidad del crimen como por la
expresión de alarma con que quedó
la cara de Gumercindo. Se quedó con los
ojos intensamente abiertos y virados hacia la
derecha, como respondiendo a la advertencia que
le hizo Tencha Salguero desde el tapial de su
casa, cuando le gritó ¡cuidado,
Gume!, y él giró la cabeza y los
ojos buscando la voz. De manera que en esos dos
meses de insomnio, no podía cerrar los
ojos sin verlo tirado junto a mi cama y
espiándome con su mirada de espanto.
Y ahora que me siento frente a la mesa para
elaborar mis pronósticos, caigo en la
cuenta que la cara que les he visto a Reno
Renucci y a Rubén Guevara durante toda la
semana, tiene la misma expresión de miedo
que le quedó a la de Gumercindo
Estévez en aquella tarde fatídica
de hace 25 años.
Y no es para menos. Ellos también
tienen un rastro de sangre en el alma, ahora que
tienen que recomponer a sus equipos para tratar
de conseguir un resultado halagüeño.
Y, pensando por ellos, hago mías sus
zozobras porque veo a los del Municipal
Limeño y a los del Aguila con un machete
en la mano, al acecho y dispuestos a terminar
con la vida de tigrillos y albos.
Y vuelvo a sentir los vientos cruzados y el
olor a níspero de aquella tarde. Y me
cuelgo del recuerdo de Gumercindo para no ser
lapidario con esta gente. Por eso me
decidí a dar un pronóstico de
consolación: va a ganar FAS 3-0, y
Alianza sacará un triunfo de 2-0 en Santa
Rosa. ¿Qué tal?