En un rincón
del alma
Sin que lo sepas - todavía - te
conozco desde antes que este mundo supiera de
tí. Desde entonces, he sentido tus ganas
de vivir y te he amado desde el primer
día que me enteré de que
existías y esperé con ansias el
momento de tu llegada, tanto así, que
siempre estuve seguro que serías grande y
hermoso con una sonrisa y una mirada que
cautivaría al más frío de
los humanos.
Por Cristian
Villalta
El
contemplarte y tenerte entre mis brazos desde
que tu corazón empezó a latir, me
enseñó a sentir un amor sin
límites ni barreras, solo las que el
mismo sentimiento pudiera interponer entre
tú y yo.
Si de algo puedo estar seguro es que nos
hemos entendido desde hace mucho tiempo y
siempre tuviste la confianza para hacerme saber
lo que querías cuando tuviste deseos de
algo, un sorbete por ejemplo, y siempre hubo
muchas cosas que nos identificaban aunque
estuviéramos en mundos diferentes.
Recuerdo la vez que te compré un
perrito. Cuando te lo mostré y te
pregunté si te gustaba, un movimiento
rápido dentro de tu mundo rodeado de agua
me hizo saber que sí. Fue así que
tuviste tu primera mascota.
Desde que pudiste moverte hemos jugado. Desde
que tus sentidos comenzaron a identificar su
entorno, reconociste mi voz y te acercabas a las
paredes de tu primer hogar para sentir mi
presencia y que yo sintiera la tuya.
De todo eso y otras cosas, hoy se cumple un
año y casi ocho meses - aunque los
demás te celebren un año de vida -
y nuestros encuentros siguen siendo más
felices, aunque sean cuando el tiempo y las
circunstancias lo permiten, las mismas que no
nos han dejado ser lo que deberíamos.
Sin embargo, ahora, que ya aprendiste a
identificar a cada una de las personas que te
rodean, que estás aprendiendo a hacer tu
voluntad, que casi ya caminas y que muy pronto
podrás hablar, cada vez que nuestros ojos
cruzan sus miradas el sentimiento que
nació cuando eras un bebé
pequeñísimo es ahora más
fuerte, solo tú y yo sabemos que eso es
así.
Cada día que pasa es igual que cuando
esperaba con todo mi corazón tu
nacimiento. Ahora, espero con el mismo
ímpetu poder verte y estar un momento
contigo y tenerte en mis brazos. Son instantes
que quedan grabados en mi alma.
Espero que en este día especial te
puedan leer lo que he escrito con el
corazón en la mano, lleno de fe y
esperanza de que algún día podamos
los tres estar juntos.
Ojalá que cuando crezcas y leas estas
líneas, pueda estar junto a ti para
decirte que mi corazón y mi ser siguen
unidos a tí, hijo mío.