Viernes 17 de diciembre


En un rincón del alma

Sin que lo sepas - todavía - te conozco desde antes que este mundo supiera de tí. Desde entonces, he sentido tus ganas de vivir y te he amado desde el primer día que me enteré de que existías y esperé con ansias el momento de tu llegada, tanto así, que siempre estuve seguro que serías grande y hermoso con una sonrisa y una mirada que cautivaría al más frío de los humanos.

Por Cristian Villalta

El contemplarte y tenerte entre mis brazos desde que tu corazón empezó a latir, me enseñó a sentir un amor sin límites ni barreras, solo las que el mismo sentimiento pudiera interponer entre tú y yo.

Si de algo puedo estar seguro es que nos hemos entendido desde hace mucho tiempo y siempre tuviste la confianza para hacerme saber lo que querías cuando tuviste deseos de algo, un sorbete por ejemplo, y siempre hubo muchas cosas que nos identificaban aunque estuviéramos en mundos diferentes.

Recuerdo la vez que te compré un perrito. Cuando te lo mostré y te pregunté si te gustaba, un movimiento rápido dentro de tu mundo rodeado de agua me hizo saber que sí. Fue así que tuviste tu primera mascota.

Desde que pudiste moverte hemos jugado. Desde que tus sentidos comenzaron a identificar su entorno, reconociste mi voz y te acercabas a las paredes de tu primer hogar para sentir mi presencia y que yo sintiera la tuya.

De todo eso y otras cosas, hoy se cumple un año y casi ocho meses - aunque los demás te celebren un año de vida - y nuestros encuentros siguen siendo más felices, aunque sean cuando el tiempo y las circunstancias lo permiten, las mismas que no nos han dejado ser lo que deberíamos.

Sin embargo, ahora, que ya aprendiste a identificar a cada una de las personas que te rodean, que estás aprendiendo a hacer tu voluntad, que casi ya caminas y que muy pronto podrás hablar, cada vez que nuestros ojos cruzan sus miradas el sentimiento que nació cuando eras un bebé pequeñísimo es ahora más fuerte, solo tú y yo sabemos que eso es así.

Cada día que pasa es igual que cuando esperaba con todo mi corazón tu nacimiento. Ahora, espero con el mismo ímpetu poder verte y estar un momento contigo y tenerte en mis brazos. Son instantes que quedan grabados en mi alma.

Espero que en este día especial te puedan leer lo que he escrito con el corazón en la mano, lleno de fe y esperanza de que algún día podamos los tres estar juntos.

Ojalá que cuando crezcas y leas estas líneas, pueda estar junto a ti para decirte que mi corazón y mi ser siguen unidos a tí, hijo mío.


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