Jueves 16 de diciembre


Polémica ante dos fallos

-Si tiene ¢60 millones en dinero falso, nadie podrá hacerle nada, -Si le sustraen ¢26 millones, probar el daño no le servirá de nada

El Diario de Hoy

Si la lógica e interpretación jurídica sobreviven al sentido común de los ciudadanos y a las preocupaciones contra la criminalidad, dos conductas podrían quedar impunes en el país.

Hecho uno: mantenga en su casa sesenta millones de colones en billetes falsos y nada le ocurrirá. No irá a la cárcel. No lo podrán detener, a menos que le prueben que usted los fabricó o que decida visitar un centro comercial y tratar de comprar un bien con ese papel impreso.

Al menos esa es la interpretación de un juez, quien alega que la tenencia de billetes falsos no es delito en El Salvador porque a ningún legislador se le ocurrió prohibir esa conducta.

Hecho dos: usted puede perder ¢26 millones de sus cuentas bancarias cuando alguien que le rodea decida hacerlo mediante malabarismos financieros. Cuando conozca que le faltan los ¢26 millones, corra a las autoridades, dígales lo que ocurrió, y posiblemente nada pasará.

Como reacción, se desesperará. Corra al banco y saque los cheques con los que le saquearon las cuentas bancarias de su empresa. Llévelos a los tribunales. Muestre sus cuentas bancarias. Muestre que usted tenía el dinero en sus cuentas. Alegue que usted jamás autorizó el retiro de los ¢26 millones. Diga que le han desviado sus fondos. Pida investigaciones y, posiblemente, nada tampoco pasará.

No se rinda: pídale a la Superintendencia de entidades financieras que emita un informe sobre lo que le sucedió. Ellos dirán que se sospecha que colaboradores suyos, incluidos contadores, le sacaron mediante todo tipo de acciones, los ¢26 millones. Lamentablemente, eso tampoco le servirá de nada ante un tribunal.

No pierda la lucha: recuérdele a los tribunales que una persona fue acribillada a balazos en un caso presumiblemente relacionado con lo que le sucedió. Eso tampoco servirá para que encuentren a los responsables. ¿Sabe por qué?

A pesar de probar usted el perjuicio patrimonial, de coleccionar cheques con los que se ejecutaron los desvíos, de mostrar los informes de un órgano del Estado, le dirán que nada ha pasado porque sus libros contables no estaban legalizados. Quizá le dirán que pruebe el origen del dinero y que lleve el certificado personal de conclusión de estudios secundarios. Pero, su problema no se arreglará.

No bastan las certificaciones bancarias. No bastan los estudios. No bastan los estudios de los cheques ni las transacciones bancarias. A quienes le distrajeron el dinero, no le preguntarán, jamás, de dónde obtuvieron los ¢26 millones. Eso sí: a usted le preguntarán por los libros que demuestren que el dinero es suyo. Aquí no son suficientes los informes de los bancos ni que sus personeros confirmen los depósitos en sus cuentas.

Casos reales

Todo eso que le narramos está ligado con una nueva polémica sobre dos resoluciones judiciales que encara el país.

En el primer caso, a José Benedicto Villanueva le encontraron, pegados en sus testículos, 17 mil colones en billetes falsos.

Hace dos días, el juez Primero de Instrucción, Levis Italmir Orellana, liberó a Villanueva tras estimar que la tenencia de dinero falso no está penada en el país.

De acuerdo con eso, El Salvador gastó más de cincuenta millones de dólares en la construcción de sus nuevos códigos (incluidos el Penal y el Procesal Penal), y a sus creadores se les olvidó sancionar esa conducta.

En otras palabras, coleccione 60 millones de colones en billetes falsos y cuando se le acerque la Policía diga que los utiliza para jugar monopolio o que con ellos simula pagos a sus amigos cuando juega a las cartas. Allí acabará la acción penal.

El Artículo 279 del Código Penal menciona que el "que fabricare o alterare moneda nacional o extranjera de curso legal, será sancionado con prisión de tres a diez años". También se sanciona la falsificación, introducir en el país, expender o poner en circulación moneda falsa.

En este caso, de aceptarse las razones del juez Italmir Orellana, la mera tenencia de billetes falsos no es un delito en El Salvador.

Caso Lafise

Este caso es más complicado: a Lafise, una casa de cambio, se le desaparecieron ¢26 millones de sus cuentas bancarias. Un informe de la Superintendencia del Sistema Financiero, en poder de la Fiscalía, menciona que en la sustracción habrían participado seis empleados de la casa de cambio. Entre ellos se incluye al contador, Francisco Esquivel. Este último se abonó en sus cuentas ¢13 millones.

Hace dos días, el juez Roberto Arévalo determinó que, aunque está claro que el dinero fue cancelado por dos bancos locales, para él no se ha comprobado que el pago sea ilícito.

Los dueños de la casa de cambio alegan que les hurtaron el dinero. Probaron el perjuicio. Llenaron de documentos al juez.

Ahora Arévalo alega que no sabe bajo qué concepto se realizaron los pagos por ¢26 millones. ¿Quien falló? ¿El juez? ¿La Fiscalía? ¿Nadie preguntó a los presuntos imputados por qué recibieron el dinero? ¿Nadie los obligó a probar las razones por las que recibieron el dinero?

¿Acaso se estimó que eso no es necesario? ¿Nadie los interrogó? ¿Nadie preguntó nada?

De acuerdo con el fallo, ni siquiera los indicios de una posible conducta antijurídica podrían servir para que el caso se resuelva como debe hacerse.

Quizá por ello es que el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jorge Eduardo Tenorio, no descartó ayer la posibilidad de investigar a los jueces que tomaron ambas decisiones.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Espectáculos] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'99] [Portada]