Lunes 13 de diciembre


Nicaragua militariza fronteras

Nicaragua ha desplegado militares a lo largo de su frontera con Honduras. El Ejército está en disposición de combate

Luis Laínez
Enviado de El Diario de Hoy

La frontera El Espino-La Fraternidad, entre Nicaragua y Honduras, amanece en tranquilidad.

Un joven soldado nicaragüense, con el fusil en el hombro, se despereza. Está de pie, en lo alto de unas gradas.

No sabe mucho de la tensión fronteriza entre su país y Honduras. Apenas llegó al lugar hace cuatro días como parte de un refuerzo militar de 50 hombres.

"No tenemos miedo de los militares. En Nicaragua estamos acostumbrados a la guerra", expresa con convicción Ramón Bota, inspector de aduanas de El Espino.

El jefe del soldado, identificado únicamente como capitán Dávila, asegura que toda información debe pedirse en Cancillería o con la oficina de relaciones públicas del Ejército.

El jefe del Ejército de Nicaragua, Joaquín Cuadra, aseguró el viernes que las Fuerzas Armadas están en disposición combativa. Y no exagera.

Parquedad

En el puesto fronterizo Las Manos, los militares nicas son más que antes.

"Entre seis y doce", explica el oficial a cargo, quien sólo se identifica como capitán Lindo.

Mientras conversamos, uno de sus subalternos usa binoculares para comunicarse a señas con sus compañeros ubicados en el cerro La Barranca, unos 150 metros más lejos.

La tensión entre las tropas nicaragüenses creció desde que los periódicos aseguraron que soldados hondureños dispararon en Trojes, población hondureña.

¡No baje!

El pueblo nicaragüense más cercano a Trojes es Teotecacinte.

El trayecto es vigilado por policías en motocicleta, armados con fusiles.

Un grupo de soldados cava trincheras. Piden que volvamos más tarde, cuando regrese su jefe.

Para llegar a Honduras sólo se permite el paso de personas, no de carros.

El visitante debe cruzar la frontera y seguir en bus hacia Trojes.

Al regreso, regresamos al puesto militar.

- ¡No baje!- ordena un soldado, mientras acaricia su fusil.

Permanecemos en el carro. Llega el capitán, que nos explica que no puede dar declaraciones.

- ¿Y fotografías?- pregunto, mientras observo las trincheras.

- Ni fotografías.

Los soldados, unos veinte en total, se quedan atrás del capitán, hasta cerciorarse que nos hemos marchado.


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