Nicaragua
militariza fronteras
Nicaragua ha
desplegado militares a lo largo de su frontera
con Honduras. El Ejército está en
disposición de combate
- Luis
Laínez
- Enviado
de El Diario de Hoy
La
frontera El Espino-La Fraternidad, entre
Nicaragua y Honduras, amanece en tranquilidad.
Un joven soldado
nicaragüense, con el fusil en el hombro, se
despereza. Está de pie, en lo alto de
unas gradas.
No sabe mucho de la
tensión fronteriza entre su país y
Honduras. Apenas llegó al lugar hace
cuatro días como parte de un refuerzo
militar de 50 hombres.
"No tenemos miedo de
los militares. En Nicaragua estamos
acostumbrados a la guerra", expresa con
convicción Ramón Bota, inspector
de aduanas de El Espino.
El jefe del soldado,
identificado únicamente como
capitán Dávila, asegura que toda
información debe pedirse en
Cancillería o con la oficina de
relaciones públicas del
Ejército.
El jefe del
Ejército de Nicaragua, Joaquín
Cuadra, aseguró el viernes que las
Fuerzas Armadas están en
disposición combativa. Y no
exagera.
Parquedad
En el puesto fronterizo
Las Manos, los militares nicas son más
que antes.
"Entre seis y doce",
explica el oficial a cargo, quien sólo se
identifica como capitán Lindo.
Mientras conversamos,
uno de sus subalternos usa binoculares para
comunicarse a señas con sus
compañeros ubicados en el cerro La
Barranca, unos 150 metros más lejos.
La
tensión entre las tropas
nicaragüenses creció desde que los
periódicos aseguraron que soldados
hondureños dispararon en Trojes,
población hondureña.
¡No
baje!
El pueblo
nicaragüense más cercano a Trojes es
Teotecacinte.
El trayecto es vigilado
por policías en motocicleta, armados con
fusiles.
Un grupo de soldados
cava trincheras. Piden que volvamos más
tarde, cuando regrese su jefe.
Para llegar a Honduras
sólo se permite el paso de personas, no
de carros.
El visitante debe
cruzar la frontera y seguir en bus hacia
Trojes.
Al regreso, regresamos
al puesto militar.
- ¡No baje!-
ordena un soldado, mientras acaricia su
fusil.
Permanecemos en el
carro. Llega el capitán, que nos explica
que no puede dar declaraciones.
- ¿Y
fotografías?- pregunto, mientras observo
las trincheras.
- Ni
fotografías.
Los soldados, unos
veinte en total, se quedan atrás del
capitán, hasta cerciorarse que nos hemos
marchado.