Lunes 13 de diciembre


Las intermitencias de Aguila

Aguila le ganó a FAS. Pero al margen de esa victoria que lo pone a las puertas de clasificarse a la final, el conjunto naranja dejó muchas dudas sobre su solvencia al realizar un partido entre la agonía y la gloria.

Roberto Aguila
El Diario de Hoy

Los 90 minutos fueron para Aguila un vaivén de incertidumbres. Sin afirmar nunca su funcionamiento, el plantel de Hugo Norberto Coria anduvo de lo sublime a lo barato. Y en esa actitud de no solidificar sus líneas para convertirse en equipo homogéneo y solvente, Aguila terminó con una victoria aflictiva que debió ser más holgada.

"El que ha jugado fútbol sabe que en estos clásicos no se puede mantener una línea de dominio absoluto, por los repuntes que tiene el adversario de acuerdo a como se mueve el marcador. Cuando estábamos en desventaja, fuimos nosotros los que levantamos nuestro juego. Y luego que empatamos y pasamos a ganar 3-1, fue FAS el obligado a resurgir con más ataque para buscar el empate", dijo Roberto Hernández al final del partido.

Lo declarado por el zaguero aguilucho en válido en el sentido a lo que deparó el partido. Pero no descarta las incongruencias con que Aguila lo jugó. Esas intermitencias que el cuadro naranja pasó de momentos felices a momentos de agonía, sólo pueden tener respuesta en lo que se refiere a aspectos físicos, a acomodos en el funcionamiento, o a desobediencias tácticas.

Levantada, y triunfo

Fue hasta corridos los 20 minutos que Aguila levantó cabeza. Y la levantó porque Erber Burgos comenzó a ganar pelotas a granel, y Aguila pudo afirmar el arranque ofensivo con una disposición más ambiciosa de sus hombres, aunque hay que admitir que en esa levantada naranja mucho tuvo que ver la postura asumida por FAS.

Porque el equipo tigrillo careció de continuidad para seguir controlando la pelota y ejerciendo la presión inicial. Los hombres de Rubén Guevara hicieron lo contrario: retrocedieron veinte metros hacia atrás y, con una actitud ciertamente timorata, le cedieron el campo y la pelota a Aguila.

Así, pudo presionar constantemente, aunque sin mucha claridad. Durante 15 minutos chocó en una insistencia ofensiva que no encontraba los claros precisos, hasta que Marcio Sampaio aprovechó el error garrafal de Ricardo Cuéllar para conseguir el empate. FAS no tuvo chance de reaccionar, porque dos goles sucesivos marcados por Roberto Hernández y Héctor Valoyes, en un lapso de cuatro minutos, lo sepultaron.

Enseguida apareció de nuevo el hoyo negro en que cae Aguila con esa su actitud de desamparo. Se acomodó como si todo estuviera concluido aún cuando quedaban muchos minutos para el final, y otra vez entró en la agonía de sentirse acorralado.

Logró el triunfo 3-2 porque lo salvaron los palos en dos remates de gol cuando FAS se jugaba entero en busca del empate. Y, al final, cuando la presión tigrilla era total, Raúl García le tapó el gol a Roberto Brown con una atajada sensacional. Por eso nos quedó la sensación de que las dudas aguiluchas no han sido descartadas. Ahora tiene que ir a Santa Ana a buscar el empate que lo clasifique. Pero llega con una ventaja mínima, que por lo hecho por FAS se puede catalogar de remontable.

Por eso mismo, Hugo Coria, el técnico, se largó molesto y pensando que Aguila dejó escapar una victoria que en el momento de su levantada se mostró más amplia. Sin embargo, el conjunto naranja solamente necesita el empate o perder por un gol para clasificarse a la final, mientras que FAS está obligado a ganar por dos goles. Esa puede ser la conformidad naranja.


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