El Diario de
Hoy
Los
90 minutos fueron para Aguila un vaivén
de incertidumbres. Sin afirmar nunca su
funcionamiento, el plantel de Hugo Norberto
Coria anduvo de lo sublime a lo barato. Y en esa
actitud de no solidificar sus líneas para
convertirse en equipo homogéneo y
solvente, Aguila terminó con una victoria
aflictiva que debió ser más
holgada.
"El que ha jugado fútbol sabe que en
estos clásicos no se puede mantener una
línea de dominio absoluto, por los
repuntes que tiene el adversario de acuerdo a
como se mueve el marcador. Cuando
estábamos en desventaja, fuimos nosotros
los que levantamos nuestro juego. Y luego que
empatamos y pasamos a ganar 3-1, fue FAS el
obligado a resurgir con más ataque para
buscar el empate", dijo Roberto Hernández
al final del partido.
Lo declarado por el zaguero aguilucho en
válido en el sentido a lo que
deparó el partido. Pero no descarta las
incongruencias con que Aguila lo jugó.
Esas intermitencias que el cuadro naranja
pasó de momentos felices a momentos de
agonía, sólo pueden tener
respuesta en lo que se refiere a aspectos
físicos, a acomodos en el funcionamiento,
o a desobediencias tácticas.
Levantada, y triunfo
Fue hasta corridos los 20 minutos que Aguila
levantó cabeza. Y la levantó
porque Erber Burgos comenzó a ganar
pelotas a granel, y Aguila pudo afirmar el
arranque ofensivo con una disposición
más ambiciosa de sus hombres, aunque hay
que admitir que en esa levantada naranja mucho
tuvo que ver la postura asumida por FAS.
Porque el equipo tigrillo careció de
continuidad para seguir controlando la pelota y
ejerciendo la presión inicial. Los
hombres de Rubén Guevara hicieron lo
contrario: retrocedieron veinte metros hacia
atrás y, con una actitud ciertamente
timorata, le cedieron el campo y la pelota a
Aguila.
Así,
pudo presionar constantemente, aunque sin mucha
claridad. Durante 15 minutos chocó en una
insistencia ofensiva que no encontraba los
claros precisos, hasta que Marcio Sampaio
aprovechó el error garrafal de Ricardo
Cuéllar para conseguir el empate. FAS no
tuvo chance de reaccionar, porque dos goles
sucesivos marcados por Roberto Hernández
y Héctor Valoyes, en un lapso de cuatro
minutos, lo sepultaron.
Enseguida apareció de nuevo el hoyo
negro en que cae Aguila con esa su actitud de
desamparo. Se acomodó como si todo
estuviera concluido aún cuando quedaban
muchos minutos para el final, y otra vez
entró en la agonía de sentirse
acorralado.
Logró el triunfo 3-2 porque lo
salvaron los palos en dos remates de gol cuando
FAS se jugaba entero en busca del empate. Y, al
final, cuando la presión tigrilla era
total, Raúl García le tapó
el gol a Roberto Brown con una atajada
sensacional. Por eso nos quedó la
sensación de que las dudas aguiluchas no
han sido descartadas. Ahora tiene que ir a Santa
Ana a buscar el empate que lo clasifique. Pero
llega con una ventaja mínima, que por lo
hecho por FAS se puede catalogar de
remontable.
Por eso mismo, Hugo Coria, el técnico,
se largó molesto y pensando que Aguila
dejó escapar una victoria que en el
momento de su levantada se mostró
más amplia. Sin embargo, el conjunto
naranja solamente necesita el empate o perder
por un gol para clasificarse a la final,
mientras que FAS está obligado a ganar
por dos goles. Esa puede ser la conformidad
naranja.