Los
Pronósticos de Sagitario
Un machetazo trapero le quitó la
vida a Gumercindo Canelo. Lo recuerdo bien
porque la tarde de noviembre en que lo mataron
tenía vientos cruzados y olor a
níspero. Todos los integrantes del equipo
Los Primores fuimos testigos del hecho, porque
veníamos de entrenar de la cancha "La
Calavera" que quedaba a un costado del
cementerio, justo cuando Gumercindo pasaba
bromeando como siempre y diciéndole
cuñado a Anselmo, porque Anselmo
tenía una hermana hecha exclusivamente
para no olvidarla nunca.
De
manera que vimos claramente cuando el asesino, a
no más de cinco metros de nosotros,
llegó tras las espaldas de Gumercindo y
levantó el corbo relumbroso por el sol de
la tarde, y asestó el machetazo limpio y
con la precisión de cirujano diestro.
La cabeza de Gumercindo respingó entre
nosotros, nos salpicó de sangre caliente,
y se fue quedando quieta como pelota desinflada
y cambiando del tinte rojo al morado, hasta que
se quedó tan azul como el uniforme del
Atlético Marte. Mientras tanto, el cuerpo
de Gumercidndo alcanzó a dar tres pasos y
medio antes de desplomarse.
La expresión de la cara de Gumercindo
muerto me dejó un dolor en el alma para
siempre, porque sus ojos se apagaron en el
instante mismo en que miraron para atrás,
cuando una voz le tiró un alerta
tardío, y él giró la mirada
buscando quién le hablaba. De modo que
que sus ojos le quedaron torcidos, como
escudriñando la sorpresa que nunca
adivinó.
Ese mismo dolor del alma siento ahora, 25
años después, cuando me toca
descifrar lo que puede pasar entre Aguila y FAS
hoy sábado. Porque ahora me asaltan las
mismas pesadillas que me siguieron meses
después de la muerte de Gumercindo. La
misma urgencia por entender las razones de aquel
día aciago.
Y he vuelto a sentir en el ambiente los
vientos cruzados y el olor a níspero de
aquella tarde. Y me pregunto si con estos
pronósticos no estoy siguiendo las
huellas de la muerte de Gumercindo y su zurco de
sangre.
Porque advierto en los aficionados de Aguila
la misma mirada de ojos virados que me quedaron
de la última vez que vi la cara de
Gumercindo. Y la veo también en la cara
de los de FAS, como conscientes de la sorpresa
que se pueden llevar esta noche.
Durante horas he tratado de formarme un
juicio del partido sin dejarme influir por un
pasado de sustos. Y me ubico en el Juan
Francisco Barraza repleto de gente, con las
banderas naranjas y azulgranas volando en las
gradas, y rescato a un Hugo Norberto Coria
sonriente porque piensa que va a ganar. A veinte
metros de él está Rubén
Guevara, también sonriente,
explicándole a Fito Menéndez
cómo tiene que descolgar los centros
aguiluchos. Y en su ánimo también
está reflejada la victoria tigrilla.
Estos pensamientos me hicieron recapacitar, y
me resolví por un pronóstico
más cómodo: Aguila y Fas van a
empatar. ¿Por qué? Por honor a la
memoria de Gumercindo.