Sábado 11 de diciembre


Los Pronósticos de Sagitario

Un machetazo trapero le quitó la vida a Gumercindo Canelo. Lo recuerdo bien porque la tarde de noviembre en que lo mataron tenía vientos cruzados y olor a níspero. Todos los integrantes del equipo Los Primores fuimos testigos del hecho, porque veníamos de entrenar de la cancha "La Calavera" que quedaba a un costado del cementerio, justo cuando Gumercindo pasaba bromeando como siempre y diciéndole cuñado a Anselmo, porque Anselmo tenía una hermana hecha exclusivamente para no olvidarla nunca.

De manera que vimos claramente cuando el asesino, a no más de cinco metros de nosotros, llegó tras las espaldas de Gumercindo y levantó el corbo relumbroso por el sol de la tarde, y asestó el machetazo limpio y con la precisión de cirujano diestro.

La cabeza de Gumercindo respingó entre nosotros, nos salpicó de sangre caliente, y se fue quedando quieta como pelota desinflada y cambiando del tinte rojo al morado, hasta que se quedó tan azul como el uniforme del Atlético Marte. Mientras tanto, el cuerpo de Gumercidndo alcanzó a dar tres pasos y medio antes de desplomarse.

La expresión de la cara de Gumercindo muerto me dejó un dolor en el alma para siempre, porque sus ojos se apagaron en el instante mismo en que miraron para atrás, cuando una voz le tiró un alerta tardío, y él giró la mirada buscando quién le hablaba. De modo que que sus ojos le quedaron torcidos, como escudriñando la sorpresa que nunca adivinó.

Ese mismo dolor del alma siento ahora, 25 años después, cuando me toca descifrar lo que puede pasar entre Aguila y FAS hoy sábado. Porque ahora me asaltan las mismas pesadillas que me siguieron meses después de la muerte de Gumercindo. La misma urgencia por entender las razones de aquel día aciago.

Y he vuelto a sentir en el ambiente los vientos cruzados y el olor a níspero de aquella tarde. Y me pregunto si con estos pronósticos no estoy siguiendo las huellas de la muerte de Gumercindo y su zurco de sangre.

Porque advierto en los aficionados de Aguila la misma mirada de ojos virados que me quedaron de la última vez que vi la cara de Gumercindo. Y la veo también en la cara de los de FAS, como conscientes de la sorpresa que se pueden llevar esta noche.

Durante horas he tratado de formarme un juicio del partido sin dejarme influir por un pasado de sustos. Y me ubico en el Juan Francisco Barraza repleto de gente, con las banderas naranjas y azulgranas volando en las gradas, y rescato a un Hugo Norberto Coria sonriente porque piensa que va a ganar. A veinte metros de él está Rubén Guevara, también sonriente, explicándole a Fito Menéndez cómo tiene que descolgar los centros aguiluchos. Y en su ánimo también está reflejada la victoria tigrilla.

Estos pensamientos me hicieron recapacitar, y me resolví por un pronóstico más cómodo: Aguila y Fas van a empatar. ¿Por qué? Por honor a la memoria de Gumercindo.


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