El padre 'Pepe',
todo un administrador
Un religioso visionario que trabaja por
los jóvenes más
necesitados
Un
mural en honor a San Juan Bosco es una de las
últimas obras realizadas por el padre
José María Morataya, conocido con
cariño por todos como el padre Pepe.
Su meta era terminar el mural antes del 8 de
diciembre, por lo que trabajó sin
descanso, incluso durante la noche. Ese
día todo tenía que estar perfecto,
su gran obra de amor cumplió 12
años.
El empeño en la elaboración de
dicha obra fue el mismo que puso aquel primer
día de 1987, cuando decidió crear
el Polígono Industrial Don Bosco
(PIDB).
La edificación del complejo
empresarial se convirtió en una respuesta
a los problemas laborales, familiares y de
estudio, que muchos jóvenes del Colegio
Don Bosco tenían.
Luego conoció otras realidades
más impactantes, como la de los muchachos
miembros de "maras" de la comunidad Iberia,
quienes, a su juicio, tenían una urgente
necesidad de ayuda.
Fue así como inició la
creación de 10 empresas fabricantes de
productos de fácil mercado, como
aluminio, carpintería, calzado,
plástico, imprenta, mecánica de
obra de banco, serigrafía y corte y
estampado.
De inmediato, el religioso comenzó a
trabajar con y por los jóvenes bajo la
metodología de las cooperativas. El
considera que es la mejor fórmula para
forjar al nuevo hombre salvadoreño.
"No trabajo con individuos, sino con grupos
de producción que cuentan con los medios
adecuados para su desarrollo. De esta forma, los
jóvenes se van formando una mentalidad
más emprendedora, creativa y agresiva",
dice.
Su filosofía de educación y
trabajo es el pilar que ha mantenido el
proyecto.
Una gran obra
El amor que el padre Pepe profesa hacia los
jóvenes no tiene límites. Y su
esfuerzo ha dado buenos frutos. Basta con
acercarse y observar a ex miembros de la "Mara
Salvatrucha (MS)" trabajando en cualquiera de
las empresas. Mientras los ex miembros de la
"Mara 18" realizan algún encuentro
deportivo.
Todos esos jóvenes ahora están
inmersos en programas deportivos, laborales y
educativos. La primera realidad que estos
muchachos enfrentaron fue hacer del trabajo una
experiencia personal.
La sintonía que el padre Pepe ha
logrado entre ambas "maras" evita los
enfrentamientos, que antes dejaban heridos y
hasta muertos. Ahora todos son parte de una
misma familia.
Hombre dinámico
La actividad laboral del religioso comienza
con los primeros repuntes del sol, y desde ese
momento transmite su energía y dinamismo
por doquier.
Con sus "blue jeans" gastados y una gorra
-para proteger su tez blanca de los rayos del
sol- recorre los pasillos del Polígono,
donde es querido por todos. Cuando camina por la
comunidad Iberia, en donde se encuentra afincada
su obra, la gente lo saluda con respeto y
cariño.
La creatividad empresarial del padre Pepe no
tiene límites. A ojos de todos, es un
verdadero administrador de empresas.
Y como si los años no pasaran, el
religioso español que llegó hace
14 años al país continúa
trabajando con amor y energía por todos
los jóvenes que lo necesiten, en especial
por los más pobres, tal como lo hizo San
Juan Bosco.