Viernes 10 de diciembre


El padre 'Pepe', todo un administrador

Un religioso visionario que trabaja por los jóvenes más necesitados

Un mural en honor a San Juan Bosco es una de las últimas obras realizadas por el padre José María Morataya, conocido con cariño por todos como el padre Pepe.

Su meta era terminar el mural antes del 8 de diciembre, por lo que trabajó sin descanso, incluso durante la noche. Ese día todo tenía que estar perfecto, su gran obra de amor cumplió 12 años.

El empeño en la elaboración de dicha obra fue el mismo que puso aquel primer día de 1987, cuando decidió crear el Polígono Industrial Don Bosco (PIDB).

La edificación del complejo empresarial se convirtió en una respuesta a los problemas laborales, familiares y de estudio, que muchos jóvenes del Colegio Don Bosco tenían.

Luego conoció otras realidades más impactantes, como la de los muchachos miembros de "maras" de la comunidad Iberia, quienes, a su juicio, tenían una urgente necesidad de ayuda.

Fue así como inició la creación de 10 empresas fabricantes de productos de fácil mercado, como aluminio, carpintería, calzado, plástico, imprenta, mecánica de obra de banco, serigrafía y corte y estampado.

De inmediato, el religioso comenzó a trabajar con y por los jóvenes bajo la metodología de las cooperativas. El considera que es la mejor fórmula para forjar al nuevo hombre salvadoreño.

"No trabajo con individuos, sino con grupos de producción que cuentan con los medios adecuados para su desarrollo. De esta forma, los jóvenes se van formando una mentalidad más emprendedora, creativa y agresiva", dice.

Su filosofía de educación y trabajo es el pilar que ha mantenido el proyecto.

Una gran obra

El amor que el padre Pepe profesa hacia los jóvenes no tiene límites. Y su esfuerzo ha dado buenos frutos. Basta con acercarse y observar a ex miembros de la "Mara Salvatrucha (MS)" trabajando en cualquiera de las empresas. Mientras los ex miembros de la "Mara 18" realizan algún encuentro deportivo.

Todos esos jóvenes ahora están inmersos en programas deportivos, laborales y educativos. La primera realidad que estos muchachos enfrentaron fue hacer del trabajo una experiencia personal.

La sintonía que el padre Pepe ha logrado entre ambas "maras" evita los enfrentamientos, que antes dejaban heridos y hasta muertos. Ahora todos son parte de una misma familia.

Hombre dinámico

La actividad laboral del religioso comienza con los primeros repuntes del sol, y desde ese momento transmite su energía y dinamismo por doquier.

Con sus "blue jeans" gastados y una gorra -para proteger su tez blanca de los rayos del sol- recorre los pasillos del Polígono, donde es querido por todos. Cuando camina por la comunidad Iberia, en donde se encuentra afincada su obra, la gente lo saluda con respeto y cariño.

La creatividad empresarial del padre Pepe no tiene límites. A ojos de todos, es un verdadero administrador de empresas.

Y como si los años no pasaran, el religioso español que llegó hace 14 años al país continúa trabajando con amor y energía por todos los jóvenes que lo necesiten, en especial por los más pobres, tal como lo hizo San Juan Bosco.


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