Nuestros
niños en las noches
Los capitalinos duermen
sus noches ignorando que en las calles merodean
tribus con rituales y guerras, con miembros
muriendo en la adolescencia y amenazando con
explotar
Francisco
Ayala Silva
El Diario de
Hoy
Duermen
tranquilos el empleado, el abogado y el
médico en la capital. A la una de la
madrugada explota una granada en las comunidades
orientales, con casas de una sola
habitación: tres adolescentes caen y San
Salvador no despierta.
Algún día, una
explosión despertará a esta ciudad
de un millón de habitantes, donde las
colonias occidentales no saben de las masacres
que, cada noche, ocurren en los barrios
orientales.
La calle, mi
casa
"La explosión es
inminente", asegura Alfredo Navas, de 55
años, presidente de Fundaniños
(Fundación Pro Rescate Integral de
Niños y Niñas en
Riesgo).
Alfredo Navas lo cree. Hace
seis semanas, Fundaniños,
organización empresarial, inició
un censo de niños de la calle. Con apoyo
del Instituto Salvadoreño de
Protección al Menor y protección
del Cuerpo de Agentes Metropolitanos.
Una veintena de voluntarios
sale cada noche a buscar niños en aceras,
casas abandonadas, mercados cerrados y campos
baldíos, y se hace una encuesta de 23
preguntas, desde su nombre hasta la droga que
consumen.
Un mes y medio
después, Alfredo Navas, dueño de
panadería y católico devoto, cree
que El Salvador es un horno alcanzando
temperatura de explosión. "Lo que he
visto aquí me abrió los ojos... he
perdido mucha fe en este país",
reflexiona.
Animales
nocturnos
Alfredo Navas encontró
una cultura subterránea que aflora al
asfalto cada noche, con hombres, mujeres,
ancianos y ancianas, niños y niñas
que viven en las aceras prendidos a la jeringa o
al bote de pega, como Luis.
Luis (su nombre fue asignado,
pero su historia es real y actual) creció
en las calles, sin casa. Tiene 14 años
ahora y fue abandonado en una acera a los dos
años. Nadie lo sacó de las calles
y en ellas vive, come, duerme, orina y defeca.
Desde los ocho años recorre plazas y
portales con una niña.
Hace doce meses, fueron
padres de otro niño de la
calle.
Muchos niños y
niñas son portadores de enfermedades como
el SIDA, otros han matado antes de los 14
años. Muchos son incontrolables, "son
animales", asegura Alfredo Navas.
La expectativa de vida de
cada niño o niña de la calle es de
18 años, a menos que consiga salir de
allí.
La mayoría no lo hace,
y hay unos 400 recorriendo la noche de San
Salvador.