Lunes 2 de agosto
Hay 400 niños en las calles capitalinas

Un censo iniciado hace seis semanas dice que cada vez hay más niños en las calles de San Salvador, y con más vicios

Francisco Ayala Silva/Mauricio Segura

El Diario de Hoy

Los censores se reúnen cada noche, a las 9, en la alcaldía de San Salvador. Son voluntarios, casi todos jóvenes, reclutados entre iglesias católicas y evangélicas por la Fundación Pro Rescate Integral de Niños y Niñas en Riesgo (Fundaniños, creada en febrero). Con ellos van funcionarios del Instituto Salvadoreño de Protección al Menor (ISPM) y cinco o seis agentes metropolitanos.

Juntos salen a recorrer las aceras, mercados, terrenos baldíos, callejones donde duermen los niños de la calle y preguntarles su nombre, escolaridad, tiempo de vivir en la calle, por qué abandonaron el hogar, drogas que consumen, entre 23 preguntas.

El censo se hace para buscar una posterior readaptación de esos niños en los centros especializados que existen y evitar que crezca el problema de los niños abandonados.

Fuera drogas

La recuperación de un niño drogadicto puede tardar tres años, y son necesarios docenas de tratamientos.

Para comenzar, unos voluntarios empiezan a visitar periódicamente a los niños para inducirlos a dejar las drogas y la vagancia. Asimismo, se les suministra aun poco de alimento.

Después, cuando el niño quiere ser ayudado, viene el internamiento. Este proceso puede ser largo y difícil, pues la adicción alcanza a veces niveles difíciles de controlar.

Hay que enseñarles a los niños a saludar, a comer (algunos no conocen más que churritos y tortrix, y desconocen el cuchillo y el tenedor), a bañarse (otros no se han bañado en 3 meses).

"Los niños atraviesan crisis cuando está internados, quieren pega de zapatos, quieren libertad" comenta Alfredo Navas. En esos momentos pueden tratar de atacar a sus tutores, romper objetos, y escapar.

Finalmente, cuando el menor a superado la droga, es trasladado a otro hogar, donde alguna persona continua ayudándolo.

Niños y niños

"Al encuestar, hacemos distinción entre niños de la calle y niños en la calle", explica Alfredo Navas, "los primeros viven en la calle y los segundos sus padres los envían a trabajar a la calle".

La vida es dura en todos los casos. Una vez encontraron a un niño a las 11 de la noche, esperando compradores para sus chicles cerca de la Torre Democracia, en la soledad de la Autopista Sur. "'¿Por qué no te vas a tu casa?', le preguntamos", narra Alfredo Navas, "'a esta hora no vas a encontrar a quien venderle'".

"No puedo", contestó, "todas las noches tengo que llevarle cuarenta colones a mi mamá, o me echa de la casa". Todavía le faltaba reunir 10 colones a las once de la noche en una autopista solitaria.

Los encuestadores

Son jóvenes que ríen cuando caminan por la noche, buscando niños drogadictos y abandonados. Para entrar en una colonia, el grupo tuvo que pedir permiso al líder local de la Mara Salvatrucha. "A esos hasta los agentes metropolitanos les tienen miedo", dice Alfredo Navas.

En una noche, a 10 metros del Mercado San Jacinto, encontraron una tienda de campaña dentro de las ruinas de una casa. La tienda era un hogar, con ropa, muñeca, catres, y el cachorro de un gato.

Hace unos días, cuando comenzó lo que la PNC denominó "operativo antidelincuencial", policías y soldados trataron de penetrar una comunidad marginal que los recibió con una granada. Los censores interrumpieron su trabajo mientras las ambulancias corrían con los heridos de un operativo en que, oficialmente, no hubo bajas.

Alfredo Navas lo recuerda y mira a la noche. "No se por qué los medios no reportaron esto", dice.


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