Hay 400 niños
en las calles capitalinas
Un censo iniciado hace
seis semanas dice que cada vez hay más
niños en las calles de San Salvador, y
con más vicios
Francisco
Ayala Silva/Mauricio Segura
El Diario de
Hoy
Los
censores se reúnen cada noche, a las 9,
en la alcaldía de San Salvador. Son
voluntarios, casi todos jóvenes,
reclutados entre iglesias católicas y
evangélicas por la Fundación Pro
Rescate Integral de Niños y Niñas
en Riesgo (Fundaniños, creada en
febrero). Con ellos van funcionarios del
Instituto Salvadoreño de
Protección al Menor (ISPM) y cinco o seis
agentes metropolitanos.
Juntos salen a recorrer las
aceras, mercados, terrenos baldíos,
callejones donde duermen los niños de la
calle y preguntarles su nombre, escolaridad,
tiempo de vivir en la calle, por qué
abandonaron el hogar, drogas que consumen, entre
23 preguntas.
El censo se hace para buscar
una posterior readaptación de esos
niños en los centros especializados que
existen y evitar que crezca el problema de los
niños abandonados.
Fuera
drogas
La recuperación de un
niño drogadicto puede tardar tres
años, y son necesarios docenas de
tratamientos.
Para comenzar, unos
voluntarios empiezan a visitar
periódicamente a los niños para
inducirlos a dejar las drogas y la vagancia.
Asimismo, se les suministra aun poco de
alimento.
Después, cuando el
niño quiere ser ayudado, viene el
internamiento. Este proceso puede ser largo y
difícil, pues la adicción alcanza
a veces niveles difíciles de
controlar.
Hay que enseñarles a
los niños a saludar, a comer (algunos no
conocen más que churritos y tortrix, y
desconocen el cuchillo y el tenedor), a
bañarse (otros no se han bañado en
3 meses).
"Los niños atraviesan
crisis cuando está internados, quieren
pega de zapatos, quieren libertad" comenta
Alfredo Navas. En esos momentos pueden tratar de
atacar a sus tutores, romper objetos, y
escapar.
Finalmente, cuando el menor a
superado la droga, es trasladado a otro hogar,
donde alguna persona continua
ayudándolo.
Niños y
niños
"Al encuestar, hacemos
distinción entre niños de la calle
y niños en la calle", explica Alfredo
Navas, "los primeros viven en la calle y los
segundos sus padres los envían a trabajar
a la calle".
La vida es dura en todos los
casos. Una vez encontraron a un niño a
las 11 de la noche, esperando compradores para
sus chicles cerca de la Torre Democracia, en la
soledad de la Autopista Sur. "'¿Por
qué no te vas a tu casa?', le
preguntamos", narra Alfredo Navas, "'a esta hora
no vas a encontrar a quien
venderle'".
"No puedo", contestó,
"todas las noches tengo que llevarle cuarenta
colones a mi mamá, o me echa de la casa".
Todavía le faltaba reunir 10 colones a
las once de la noche en una autopista
solitaria.
Los
encuestadores
Son jóvenes que
ríen cuando caminan por la noche,
buscando niños drogadictos y abandonados.
Para entrar en una colonia, el grupo tuvo que
pedir permiso al líder local de la Mara
Salvatrucha. "A esos hasta los agentes
metropolitanos les tienen miedo", dice Alfredo
Navas.
En una noche, a 10 metros del
Mercado San Jacinto, encontraron una tienda de
campaña dentro de las ruinas de una casa.
La tienda era un hogar, con ropa, muñeca,
catres, y el cachorro de un gato.
Hace unos días, cuando
comenzó lo que la PNC denominó
"operativo antidelincuencial", policías y
soldados trataron de penetrar una comunidad
marginal que los recibió con una granada.
Los censores interrumpieron su trabajo mientras
las ambulancias corrían con los heridos
de un operativo en que, oficialmente, no hubo
bajas.
Alfredo Navas lo recuerda y
mira a la noche. "No se por qué los
medios no reportaron esto", dice.