Viernes 9 de febrero 2001


Genio y figura...

Jorge González sigue despertando los mismos comentarios de asombro, a partes iguales por su genialidad dentro de los engramillados, y por su filosofía afuera de ella.

P. Perea/Diario de Cádiz

Uno de los pocos jugadores cuyos fugaces destellos de calidad vinieron a aliviar, en parte, la mediocridad con que se desarrolló el Mundial de España 1982 defendía la camiseta de la selección salvadoreña. Lucía el dorsal número 7, se llamaba Jorge González, tenía 23 años de edad y en su país se le conocía como "Mago" González.

Cuando Manuel Irigoyen anunció su fichaje por el Cádiz, nadie, en aquellos días, podía sospechar que en este rincón de la Bahía dispondríamos del universo de un futbolista tan elegante como el cisne y tan díscolo como un cantante de 'rock duro'. Por ello, es una tragedia para la racionalidad que ninguno de nosotros lograra ganarse su voluntad e impedir que el salvadoreño fuese por la vida como un caballo desbocado por las praderas del asfalto urbano, perdido en la oscuridad de la noche...

Jorge era un tipo contradictorio. Por un lado, tenía una categoría humana impresionante: generoso, noble, espléndido, desinteresado, rumboso -¡cuántos mangantes formaron su cohorte!-; y, por otra parte, carecía de voluntad: como profesional era indisciplinado, desidioso, indolente, perezoso, rebelde... (No fueron pocas las veces en que le apartaron del equipo o fue sancionado económicamente, incluso con multa de medio millón de pesetas).

"He nacido así y no cambiaré por nada del mundo". Esta era la respuesta que tenía preparada para aquellos que le querían de veras y le advertían que actuando "así" estaba echando por tierra su porvenir. Pero para Jorge "el futuro es (era) hoy", y hacía de su capa un sayo. Y quienes le abroncaban -Mágico también tenía sus detractores en la grada- cuando salía al campo con la "pájara", eran los primeros en regalarle "oles" cuando estaba en tarde inspirada.

"¡A mí qué me importa que se vaya de juerga si después nos deleita con su arte!", proclamaban los 'magiquistas', que eran legión. Con Jorge pasaba lo que con Curro Romero en los toros. Cuando destapaba el tarro de las esencias había que rendirse a sus pies. Del cero al infinito. De la sima a la cima. La Luna y la Tierra. El día y la noche. Sin términos medios.

A Mágico se le perdonó todo (o casi). En el fondo, el cadismo asumió tener la gran suerte de que fuera como era. De haber sido un tipo con la cabeza bien amueblada, el Milán de Berlusconi se lo habría llevado pagándole hasta el más exótico de sus caprichos.

"Es que si llega a ser un profesional responsable, y llega a coincidir en el Nápoles con Maradona, seguro que el argentino se habría ofrecido a atarle los cordones de las botas para tenerle contento", llegó a decir un cadista defensor a ultranza del genio salvadoreño.

Para quienes no le vieron jugar, puedo decirles que a Mágico le sobraba el talento futbolístico por arrobas; tenía tantas virtudes que hasta el mismísimo Maradona, cuando militaba en el Barça, llegó a decir de él: "Es el mejor jugador que milita en el fútbol español. Es de otra galaxia". Ciertamente. Mágico era de otro planeta futbolístico. Era único. Listo y pícaro. Gustaba jugar a engañar: corría, se paraba y amagaba; simulaba ir a la derecha cuando quería ir a la izquierda, y al revés. En un quiebro rememoraba una escuela y un estilo que se creían extinguidos. También tenía el don de hacer de un balón muerto un gol vivo, o que un regate suyo se convirtiera en vaselina para irse a buscar la escuadra contraria a la que podía esperarla el portero.

Cuando Manuel Irigoyen anunció su fichaje por el Cádiz, nadie, en aquellos días, podía sospechar que en este rincón de la Bahía dispondríamos del universo de un futbolista tan elegante como el cisne y tan díscolo como un cantante de 'rock duro'.

A Mágico se le perdonó todo (o casi). En el fondo, el cadismo asumió tener la gran suerte de que fuera como era. De haber sido un tipo con la cabeza bien amueblada, el Milán de Berlusconi se lo habría llevado pagándole hasta el más exótico de sus caprichos.

Tenía tantas virtudes que hasta el mismísimo Maradona, cuando militaba en el Barça, llegó a decir de él: "Es el mejor jugador que milita en el fútbol español. Es de otra galaxia".


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com