Viernes 9 de febrero 2001


El amor en un pañuelo

"Es el mérito que Jorge González se ganó con su fútbol excepcional", fue la frase externada por sus ex-compañeros de selección tras el suceso de amor despertado por el 'crack' a su llegada a Cádiz.

Roberto Aguila

Desde que lo vimos con su primera camiseta de primera división, aquella del recordado ANTEL, supimos que Jorge González estaba fabricando una historia única en un país lleno de sorpresas y contradicciones. ¿Por qué? Porque a partir de entonces sus sueños de pelota, acunados desde siempre con los amigos del barrio, le abrieron una rendija por donde asomarse.

Y se asomó pleno. Con aquellos artificios heredados de la calle, enseguida se convirtió en saltimbanqui notable, acróbata de la cancha, dueño de las cabriolas festivas, fabricante de sueños y vendedor de maravillas. En otras palabras, un talento natural nacido para divertir y divertirse, un genio admirado desde la frontera de los ciento diez metros por setenta de un campo de juego y, por sobre todo, respetado fuera de ese rectángulo.

Con esas facultades viajó a un Mundial, se exhibió en la vitrina grande del fútbol de España, y se quedó allá para ganarse el amor de Cádiz, ese que los gaditanos le mostraban domingo a domingo agitando los pañuelos. Esta es la historia conocida por todos, la que le legó para siempre el apodo ilustre de "Mágico".

Pero más allá de las hazañas realizadas por su genio excepcional, y de la magia desplegada en los campos de juego, hay un Jorge González hombre que muy pocos conocen. Es el que permanece fiel a su origen a pesar de todo, el que rehuye la fama para seguir cubriéndose con la humildad, el generoso que jamás le dio valor a lo material porque nunca fue parte de su vida.

Corazón abierto

Sus hermanos y los jugadores que convivieron con él en los equipos nacionales son los pocos depositarios de esa otra versión del "Mágico". Son los que lo llegaron a conocer en su verdadera dimensión humana, y por eso no se sorprenden de que haya accedido viajar a España cuando le propusieron un partido para recaudar fondos para los damnificados salvadoreños.

"El siempre ha sido huraño a la fama. No le gustan los reportajes ni aparecer en los primeros planos. Cuando vinieron del Cádiz y se lo quisieron llevar para hacerle un partido de homenaje, lo que hizo fue no aparecer por ningún lado. Pero hoy que le dijeron que era en ayuda de nuestros hermanos, aceptó gustoso. No podía ser de otra manera, porque Jorge siempre se quitó la camisa para dársela a otro", relató José Luis Rugamas.

Mauricio, el hermano mayor, nos contaba que Jorge, desde que era un niño, se ganaba regaños en la casa porque lo regalaba todo. Refirió Mauricio que en cierta ocasión Jorge estaba sentado en la puerta de su casa estrenando zapatos, cuando pasó otro niño admirándole los zapatos nuevos. "¿Sabes qué hizo Jorge? Le dijo al niño que si tanto le gustaban los zapatos, que se los quedara. Se los quitó y se los entregó al niño. Mi mamá se quería morir", refiere Mauricio.

Ramón Alfredo Fagoaga, quien fue compañero de cuarto con Jorge en todas las concentraciones y viajes de la Selección Nacional de 1982, cuenta que "El Mágico" le ocupaba su cepillo de dientes, se ponía sus calcetines, sus zapatos y ropa interior, y que cada vez que le reclamaba el abuso Jorge le contestaba: "¡Mirá vos en lo que te fijás!".

"Después entendí que él no le daba importancia a esas cosas porque era el tipo más desprendido del mundo con sus pertenencias. Lo regalaba todo, y al quedarse sin nada ocupaba las prendas de los compañeros. Lo llegué a comprender tanto que después viajaba con ropa para mi y para él. Jorge siempre fue un tipo único", recuerda Fagoaga.

Las anécdotas sobre la humildad y generosidad de Jorge podrían llenar páginas enteras, y todas lo definen como un hombre capaz de todo, hasta de viajar miles de kilómetros hasta España para jugar un partido de fútbol en pro de los niños salvadoreños.

"Que siga así"

Como Jorge González se mantuvo siempre fiel a sus costumbres, y generó polémicas porque para muchos transgredió los cánones normales de un deportista al hacerse amante de la noche y de la libertad, le preguntamos a sus ex-compañeros de selección hasta qué punto sería bueno que "El Mágico" cambiara.

Para José Luis Rugamas es mejor que se quede como está. "Si Jorge sufriera un cambio en su manera de ser, a lo mejor se moriría. Y nadie de nosotros quiere que se muera", declaró. Norberto Huezo, que jugó con él en España, dice que no lo quiere cambiado, "porque si Jorge es feliz con su vida, que siga así".

Jaime Rodríguez es de opinión de que lo que hay que hacer es no meterse en la vida privada de Jorge. "Cada quien es como quiere y vive como le place. Por otra parte, si Jorge cambiara ya no sería el mismo Mágico que todos queremos", dijo "La Chelona".

Ramón Alfredo Fagoaga, quien fue compañero de cuarto con Jorge en todas las concentraciones y viajes de la Selección Nacional de 1982, cuenta que "El Mágico" le ocupaba su cepillo de dientes, se ponía sus calcetines, sus zapatos y ropa interior, y que cada vez que le reclamaba el abuso Jorge le contestaba: "¡Mirá vos en lo que te fijás!".

Para José Luis Rugamas es mejor que se quede como está. "Si Jorge sufriera un cambio en su manera de ser, a lo mejor se moriría. Y nadie de nosotros quiere que se muera", declaró. Norberto Huezo, que jugó con él en España, dice que no lo quiere cambiado, "porque si Jorge es feliz con su vida, que siga así".


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