El amor en un
pañuelo
"Es el mérito que Jorge
González se ganó con su
fútbol excepcional", fue la frase
externada por sus ex-compañeros de
selección tras el suceso de amor
despertado por el 'crack' a su llegada a
Cádiz.
Roberto
Aguila
Desde
que lo vimos con su primera camiseta de primera
división, aquella del recordado ANTEL,
supimos que Jorge González estaba
fabricando una historia única en un
país lleno de sorpresas y
contradicciones. ¿Por qué? Porque a
partir de entonces sus sueños de pelota,
acunados desde siempre con los amigos del
barrio, le abrieron una rendija por donde
asomarse.
Y se asomó pleno. Con aquellos
artificios heredados de la calle, enseguida se
convirtió en saltimbanqui notable,
acróbata de la cancha, dueño de
las cabriolas festivas, fabricante de
sueños y vendedor de maravillas. En otras
palabras, un talento natural nacido para
divertir y divertirse, un genio admirado desde
la frontera de los ciento diez metros por
setenta de un campo de juego y, por sobre todo,
respetado fuera de ese rectángulo.
Con esas facultades viajó a un
Mundial, se exhibió en la vitrina grande
del fútbol de España, y se
quedó allá para ganarse el amor de
Cádiz, ese que los gaditanos le mostraban
domingo a domingo agitando los pañuelos.
Esta es la historia conocida por todos, la que
le legó para siempre el apodo ilustre de
"Mágico".
Pero más allá de las
hazañas realizadas por su genio
excepcional, y de la magia desplegada en los
campos de juego, hay un Jorge González
hombre que muy pocos conocen. Es el que
permanece fiel a su origen a pesar de todo, el
que rehuye la fama para seguir
cubriéndose con la humildad, el generoso
que jamás le dio valor a lo material
porque nunca fue parte de su vida.
Corazón abierto
Sus hermanos y los jugadores que convivieron
con él en los equipos nacionales son los
pocos depositarios de esa otra versión
del "Mágico". Son los que lo llegaron a
conocer en su verdadera dimensión humana,
y por eso no se sorprenden de que haya accedido
viajar a España cuando le propusieron un
partido para recaudar fondos para los
damnificados salvadoreños.
"El siempre ha sido huraño a la fama.
No le gustan los reportajes ni aparecer en los
primeros planos. Cuando vinieron del
Cádiz y se lo quisieron llevar para
hacerle un partido de homenaje, lo que hizo fue
no aparecer por ningún lado. Pero hoy que
le dijeron que era en ayuda de nuestros
hermanos, aceptó gustoso. No podía
ser de otra manera, porque Jorge siempre se
quitó la camisa para dársela a
otro", relató José Luis
Rugamas.
Mauricio, el hermano mayor, nos contaba que
Jorge, desde que era un niño, se ganaba
regaños en la casa porque lo regalaba
todo. Refirió Mauricio que en cierta
ocasión Jorge estaba sentado en la puerta
de su casa estrenando zapatos, cuando
pasó otro niño admirándole
los zapatos nuevos. "¿Sabes qué hizo
Jorge? Le dijo al niño que si tanto le
gustaban los zapatos, que se los quedara. Se los
quitó y se los entregó al
niño. Mi mamá se quería
morir", refiere Mauricio.
Ramón Alfredo Fagoaga, quien fue
compañero de cuarto con Jorge en todas
las concentraciones y viajes de la
Selección Nacional de 1982, cuenta que
"El Mágico" le ocupaba su cepillo de
dientes, se ponía sus calcetines, sus
zapatos y ropa interior, y que cada vez que le
reclamaba el abuso Jorge le contestaba:
"¡Mirá vos en lo que te
fijás!".
"Después entendí que él
no le daba importancia a esas cosas porque era
el tipo más desprendido del mundo con sus
pertenencias. Lo regalaba todo, y al quedarse
sin nada ocupaba las prendas de los
compañeros. Lo llegué a comprender
tanto que después viajaba con ropa para
mi y para él. Jorge siempre fue un tipo
único", recuerda Fagoaga.
Las anécdotas sobre la humildad y
generosidad de Jorge podrían llenar
páginas enteras, y todas lo definen como
un hombre capaz de todo, hasta de viajar miles
de kilómetros hasta España para
jugar un partido de fútbol en pro de los
niños salvadoreños.
"Que siga así"
Como Jorge González se mantuvo siempre
fiel a sus costumbres, y generó
polémicas porque para muchos
transgredió los cánones normales
de un deportista al hacerse amante de la noche y
de la libertad, le preguntamos a sus
ex-compañeros de selección hasta
qué punto sería bueno que "El
Mágico" cambiara.
Para José Luis Rugamas es mejor que se
quede como está. "Si Jorge sufriera un
cambio en su manera de ser, a lo mejor se
moriría. Y nadie de nosotros quiere que
se muera", declaró. Norberto Huezo, que
jugó con él en España, dice
que no lo quiere cambiado, "porque si Jorge es
feliz con su vida, que siga así".
Jaime Rodríguez es de opinión
de que lo que hay que hacer es no meterse en la
vida privada de Jorge. "Cada quien es como
quiere y vive como le place. Por otra parte, si
Jorge cambiara ya no sería el mismo
Mágico que todos queremos", dijo "La
Chelona".
Ramón Alfredo Fagoaga, quien fue
compañero de cuarto con Jorge en todas
las concentraciones y viajes de la
Selección Nacional de 1982, cuenta que
"El Mágico" le ocupaba su cepillo de
dientes, se ponía sus calcetines, sus
zapatos y ropa interior, y que cada vez que le
reclamaba el abuso Jorge le contestaba:
"¡Mirá vos en lo que te
fijás!".
Para José Luis Rugamas es mejor que se
quede como está. "Si Jorge sufriera un
cambio en su manera de ser, a lo mejor se
moriría. Y nadie de nosotros quiere que
se muera", declaró. Norberto Huezo, que
jugó con él en España, dice
que no lo quiere cambiado, "porque si Jorge es
feliz con su vida, que siga así".