Viernes 16 de febrero 2001





De Paraíso sólo el nombre

Tres niños quedaron soterrados mientras caminaban cerca de una desembocadura del río Jiboa. No hay albergues, en Paraíso de Osorio, las personas prefieren dormir sobre los escombros de sus casas

Ana Giralt
El Diario de Hoy

Los postes del tendido telefónico están en el suelo. Hay derrumbes sobre toda la calle. El polvo cubre el pavimento. Llegar a Paraíso de Osorio es una odisea.

El terremoto del 13 de febrero devastó al municipio. El 99 por ciento de las casas se ha convertido en escombros, y las que aún están en pie amenazan con colapsar en cualquier momento.

La gente, sin embargo, prefiere dormir sobre los escombros que en un albergue. Tiene miedo de que desaparezca lo poco que la naturaleza no se llevó.

De Paraíso de Osorio sólo queda el nombre. Doña Antonia lo sabe y se lamenta. Ella tiene 60 años de residir en este pueblo del departamento de La Paz y, por primera vez, comenta, está sufriendo las consecuencias de un despiadado movimiento de tierra.

"Hoy no nos queda nada... nos han dejado con los brazos cruzados", dice.

Así es. Desde el martes, el único entretenimiento de esta viejecita de 78 años es sentarse sobre lo que alguna vez fueron las escaleras de su vivienda y observar cómo suben y bajan los camiones del Ejército y las "pipas" que transportan agua para los ocho mil damnificados.

Su vecina del frente hace lo mismo. Ángela Hernández pudo haber muerto soterrada, el terremoto la sorprendió encendiendo el fuego de la cocina de leña para calentar el café.

No hubo tiempo de correr, pero si de sentir el enorme peso de la pared de la casa de junto. "Pensé que allí me iba a quedar, entre los adobes", recuerda.

La niña Ángela, como sus conocidos le dicen, se pregunta cuándo Dios se la llevará al cielo, mientras muestra las heridas que tienen en el brazo izquierdo y en la pierna derecha.

No ha querido curarse, a pesar de que ayer un equipo de la Unidad de Salud de San Jacinto montó una pequeña clínica para dar asistencia médica y sicológica.

Nada qué hacer

Durante el día, en Paraíso de Osorio, se hace lo mismo que en la noche: esperar que un milagro.

No hay agua, no hay luz, la comida es escasa. "Hoy damos lástima", dice el síndico municipal.

El sismo del martes incrementó las necesidades. El terremoto del 13 de enero dejó 260 casas destruidas, 229 averiadas, 2,405 damnificados y un fallecido.

Y aunque no se tiene un censo de los nuevos daños, las autoridades edilicias saben que nada se salvó, ni un grupo de niños que caminaban cerca de la desembocadura del río Jiboa.

Los pequeños murieron soterrados por un alud. La misma suerte tuvieron cinco personas más.

Esperanza es lo único que hay en Paraíso. Los pobladores confían en que algún día, no muy lejano, volverán a tener el pueblo "bien aseadito".


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