De Paraíso
sólo el nombre
Tres niños quedaron soterrados
mientras caminaban cerca de una desembocadura
del río Jiboa. No hay albergues, en
Paraíso de Osorio, las personas prefieren
dormir sobre los escombros de sus casas
- Ana
Giralt
- El Diario
de Hoy
Los postes del tendido telefónico
están en el suelo. Hay derrumbes sobre
toda la calle. El polvo cubre el pavimento.
Llegar a Paraíso de Osorio es una
odisea.
El terremoto del 13 de febrero devastó
al municipio. El 99 por ciento de las casas se
ha convertido en escombros, y las que aún
están en pie amenazan con colapsar en
cualquier momento.
La gente, sin embargo, prefiere dormir sobre
los escombros que en un albergue. Tiene miedo de
que desaparezca lo poco que la naturaleza no se
llevó.
De Paraíso de Osorio sólo queda
el nombre. Doña Antonia lo sabe y se
lamenta. Ella tiene 60 años de residir en
este pueblo del departamento de La Paz y, por
primera vez, comenta, está sufriendo las
consecuencias de un despiadado movimiento de
tierra.
"Hoy no nos queda nada... nos han dejado con
los brazos cruzados", dice.
Así es. Desde el martes, el
único entretenimiento de esta viejecita
de 78 años es sentarse sobre lo que
alguna vez fueron las escaleras de su vivienda y
observar cómo suben y bajan los camiones
del Ejército y las "pipas" que
transportan agua para los ocho mil
damnificados.
Su vecina del frente hace lo mismo.
Ángela Hernández pudo haber muerto
soterrada, el terremoto la sorprendió
encendiendo el fuego de la cocina de leña
para calentar el café.
No hubo tiempo de correr, pero si de sentir
el enorme peso de la pared de la casa de junto.
"Pensé que allí me iba a quedar,
entre los adobes", recuerda.
La niña Ángela, como sus
conocidos le dicen, se pregunta cuándo
Dios se la llevará al cielo, mientras
muestra las heridas que tienen en el brazo
izquierdo y en la pierna derecha.
No ha querido curarse, a pesar de que ayer un
equipo de la Unidad de Salud de San Jacinto
montó una pequeña clínica
para dar asistencia médica y
sicológica.
Nada qué hacer
Durante el día, en Paraíso de
Osorio, se hace lo mismo que en la noche:
esperar que un milagro.
No hay agua, no hay luz, la comida es escasa.
"Hoy damos lástima", dice el
síndico municipal.
El sismo del martes incrementó las
necesidades. El terremoto del 13 de enero
dejó 260 casas destruidas, 229 averiadas,
2,405 damnificados y un fallecido.
Y aunque no se tiene un censo de los nuevos
daños, las autoridades edilicias saben
que nada se salvó, ni un grupo de
niños que caminaban cerca de la
desembocadura del río Jiboa.
Los pequeños murieron soterrados por
un alud. La misma suerte tuvieron cinco personas
más.
Esperanza es lo único que hay en
Paraíso. Los pobladores confían en
que algún día, no muy lejano,
volverán a tener el pueblo "bien
aseadito".