Goma
Dolarizada
El dólar no es una bebida
embriagante, pero pega fuerte. Un recorrido por
Santa Tecla, el Mercado Central de San Salvador,
Apopa y Soyapango mostró que algunos
capitalinos tienen arranques de nacionalismo y
se resisten, con terror, a sustituir al
colón
- Luis
Laínez
- El Diario
de Hoy
La
dolarización es un dolor de cabeza. No
sólo por lo complicado que puede llegar a
ser para algunos, sino porque empezó a
tener vigencia después de la parranda de
año nuevo.
En la 4a. Avenida Sur de Santa Tecla, el
tendero se niega a recibir dólares.
Prefirió dejar de vender dos gaseosas en
lugar de recibir el dinero gringo.
"Mejor otro día, hoy no estoy
preparado", sentenció.
A la vuelta de la esquina, en la 2a. Calle
Poniente, la Farmacia España está
en la onda de la globalización.
- Deme cuatro Alka Seltzer.
- Son cuatro colones -responde Mario Aguirre,
el dependiente.
- Pero lo voy a pagar en dólares.
- ¡Ah! Eso está fácil. Si
son cuatro colones y el dólar está
a 8.75, entonces le voy a dar 4.75 colones
vuelto --responde con naturalidad.
Pero el negocio está en la acera de
afuera. Herberth García, de 11
años, no se hace bolas. "Estos chicles
son a dos por el colón. Yo se los
daría a doce centavos de dólar",
propone.
-Y estas cajetillas de cigarros las doy a
quince colones, así que si se las
redondeo valen dos dólares -dice
Herberth.
¿Dólares o dolores?
Tres hombres se quitan la resaca de fin de
año en una tienda en la Avenida la
Cañada, en Ciudad Merliot. Entre trago y
trago de cerveza bromean sobre la
dolarización.
Mirá, dice uno de ellos, en Estados
Unidos los centavos nadie los quiere. Los tienen
en cajas o botes, guardados. Lo que voy a hacer
es ir a traerlos y monto una casa de cambio.
En otros lugares, el dólar no es un
chiste. "¡No los queremos! A un
montón de gente la van a engañar,
¿y cómo van a hacer los ciegos, que
ya están acostumbrados a los billetes de
aquí?", dice Sonia Flores en el Mercado
Central de San Salvador.
La vendedora de plátanos con la que
platica, Sonia Reyes, le hace la segunda a su
tocaya."No sabemos leer ni escribir. Tampoco
sabemos usar esos cosas", asegura, en referencia
a las calculadoras.
-¡Yo tengo 'dolores'! ¡Dolores de
cabeza por estar bajo el sol! -tercea Antonio
Granados, chorreando de sudor.
En un expendio de aguardiente cercano
también se niegan a recibir
dólares. El vendedor todavía no se
repone de la cólera de haber sido
embaucado con un billete falso de 200
colones.
Otros no le hacen mala cara a la nueva
moneda. El vendedor de sandías en el
mercado de Apopa tiene en la bolsa una
calculadora y una tabla de
conversión.
"Esas sandías, las de cuatro colones,
se las voy a dar a 46 centavos de dólar",
sostiene.
La sucursal de Unicentro, Soyapango, de una
sorbetería muestra los precios en
dólares y colones. Es más, si el
cliente paga en dólares, puede recibir el
cambio también en dólares, si
así lo prefiere. Eso sí, no
aceptan billetes de más de $20.
Muchos padecen los estragos de la noche
anterior. Buscan la poción mágica
contra la resaca. La cuenta en "El Sopón
de Zacamil" es de 62 colones. El encargado
rápidamente la pasa a dólares.
"¿Y por qué no voy a recibirlos?
¡Es el mismo 'billete'!", replica.