Martes 2 de enero 2001


Goma Dolarizada

El dólar no es una bebida embriagante, pero pega fuerte. Un recorrido por Santa Tecla, el Mercado Central de San Salvador, Apopa y Soyapango mostró que algunos capitalinos tienen arranques de nacionalismo y se resisten, con terror, a sustituir al colón

Luis Laínez
El Diario de Hoy

La dolarización es un dolor de cabeza. No sólo por lo complicado que puede llegar a ser para algunos, sino porque empezó a tener vigencia después de la parranda de año nuevo.

En la 4a. Avenida Sur de Santa Tecla, el tendero se niega a recibir dólares. Prefirió dejar de vender dos gaseosas en lugar de recibir el dinero gringo.

"Mejor otro día, hoy no estoy preparado", sentenció.

A la vuelta de la esquina, en la 2a. Calle Poniente, la Farmacia España está en la onda de la globalización.

- Deme cuatro Alka Seltzer.

- Son cuatro colones -responde Mario Aguirre, el dependiente.

- Pero lo voy a pagar en dólares.

- ¡Ah! Eso está fácil. Si son cuatro colones y el dólar está a 8.75, entonces le voy a dar 4.75 colones vuelto --responde con naturalidad.

Pero el negocio está en la acera de afuera. Herberth García, de 11 años, no se hace bolas. "Estos chicles son a dos por el colón. Yo se los daría a doce centavos de dólar", propone.

-Y estas cajetillas de cigarros las doy a quince colones, así que si se las redondeo valen dos dólares -dice Herberth.

¿Dólares o dolores?

Tres hombres se quitan la resaca de fin de año en una tienda en la Avenida la Cañada, en Ciudad Merliot. Entre trago y trago de cerveza bromean sobre la dolarización.

Mirá, dice uno de ellos, en Estados Unidos los centavos nadie los quiere. Los tienen en cajas o botes, guardados. Lo que voy a hacer es ir a traerlos y monto una casa de cambio.

En otros lugares, el dólar no es un chiste. "¡No los queremos! A un montón de gente la van a engañar, ¿y cómo van a hacer los ciegos, que ya están acostumbrados a los billetes de aquí?", dice Sonia Flores en el Mercado Central de San Salvador.

La vendedora de plátanos con la que platica, Sonia Reyes, le hace la segunda a su tocaya."No sabemos leer ni escribir. Tampoco sabemos usar esos cosas", asegura, en referencia a las calculadoras.

-¡Yo tengo 'dolores'! ¡Dolores de cabeza por estar bajo el sol! -tercea Antonio Granados, chorreando de sudor.

En un expendio de aguardiente cercano también se niegan a recibir dólares. El vendedor todavía no se repone de la cólera de haber sido embaucado con un billete falso de 200 colones.

Otros no le hacen mala cara a la nueva moneda. El vendedor de sandías en el mercado de Apopa tiene en la bolsa una calculadora y una tabla de conversión.

"Esas sandías, las de cuatro colones, se las voy a dar a 46 centavos de dólar", sostiene.

La sucursal de Unicentro, Soyapango, de una sorbetería muestra los precios en dólares y colones. Es más, si el cliente paga en dólares, puede recibir el cambio también en dólares, si así lo prefiere. Eso sí, no aceptan billetes de más de $20.

Muchos padecen los estragos de la noche anterior. Buscan la poción mágica contra la resaca. La cuenta en "El Sopón de Zacamil" es de 62 colones. El encargado rápidamente la pasa a dólares.

"¿Y por qué no voy a recibirlos? ¡Es el mismo 'billete'!", replica.


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