Miércoles 8 de noviembre


¡Adiós!

Los pobres resultados de Motagua y la presión de los hinchas "azules" fueron causa suficiente para que Oscar Benítez tomara la decisión de renunciar al cargo de entrenador.

Orestes Membreño

La renuncia de Oscar Benítez se veía venir. Motagua, el flamante bicampeón hondureño no podía estar en el último lugar de la clasificación, su linaje no se lo permitía. Tampoco su afición, sobre todo con un técnico salvadoreño -el ex seleccionador Oscar Benítez- como chivo expiatorio.

Bajo la conducción de Benítez, Motagua jugó cinco partidos, logrando cuatro empates y una derrota. La hinchada catracha, que desde inicios de la temporada pidió la cabeza del cuscatleco, encontró rápido eco en un sector del periodismo hondureño. Según una crónica del periódico "La Prensa", titulada "Motagua entra en coma", se aducía que los jugadores del bicampeón "se enredaron en el insulso sistema de juego de Oscar Benítez".

Sin embargo, y en defensa del usuluteco, otros sectores de la prensa hondureña señalaban que el bajo rendimiento del campeón era producto, en gran medida, del desmantelamiento que sufrió con la venta de sus principales figuras al fútbol extranjero.

Motagua monopolizó los últimos cuatro torneos nacionales, pero Benítez llegó en malas condiciones. Primero, sustituyó sorpresivamente a un carismático "Chito" Reyes, cuyo nombre de hecho fue coreado en las gradas en cada partido que Motagua no pudo ganar.

Reyes tomó las riendas de Motagua a falta de nueve encuentros para concluirse el Clausura 2000, tras la finalización del contrato del estratega mexicano José Treviño; después pasó a semifinales y a la serie final contra Olimpia, sumando once partidos de manera invicta.

Benítez no tuvo mayores credenciales ante la afición hondureña que la de "amigo personal de Ramón Maradiaga", otro estratega del que los motagüenses tienen muy buenos recuerdos. Así, y ante el engaño de la supuesta capacitación en el extranjero de "Chito" Reyes, Benítez, de entrada, tenía una difícil relación con el periodismo y los aficionados.

Oscar Benítez se embarcó en una empresa difícil al no tener pretemporada con un equipo renovado.

La retirada

En Honduras se manejan dos tesis. Una, que Benítez renunció luego del empate el fin de semana ante Platense (1-1), que la directiva le dio un voto de confianza, pero que él decidió irse ante los pobres resultados y por la presión de la afición.

La otra, que Eduardo Atala, el hombre fuerte del Motagua, lo despidió inmediatamente. Oscar Benítez estaría de regreso en San Salvador este día para aclarar las cosas.

Mientras, los jugadores adujeron que la culpa es de ellos mismos, no del estratega, como lo recogió el periodista catracho Robel Bernárdez, de "La Tribuna". "No hay problemas entre jugadores y el técnico como se quiere dar a entender, simplemente no podemos anotar y mucho menos ganar los juegos, hay que trabajar más", declaró el mediocampista.

Agregó que "el grupo debe unirse y buscar los triunfos, ya es tiempo de dar satisfacciones a nuestros seguidores". Como puede verse, Benítez no aparece por ningún lado.

Otro mediocampista, Francisco Ramírez, dijo sentirse incómodo en la posición que lo utilizaba Benítez, pero que la cosa va más al fondo. "El equipo ya no tiene esa casta de antes, que íbamos a pelear balones y tener individualidad cada jugador", dijo.

Ayer no se pudo encontrar a Benítez en su residencia de Tegucigalpa luego de varios intentos para establecer contacto telefónico. "Se fue a una reunión y luego a hacer algunas compras", respondió la esposa del entrenador.

Ahora, Motagua se aferrará a otro hondureño, Oscar Salgado, a quien le tocará la difícil misión de sacar del abismo al bicampeón, incluso a costa de renunciar a la dirección de la selección sub-17.


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