¡Adiós!
Los pobres resultados de Motagua y la
presión de los hinchas "azules" fueron
causa suficiente para que Oscar Benítez
tomara la decisión de renunciar al cargo
de entrenador.
Orestes
Membreño
La
renuncia de Oscar Benítez se veía
venir. Motagua, el flamante bicampeón
hondureño no podía estar en el
último lugar de la clasificación,
su linaje no se lo permitía. Tampoco su
afición, sobre todo con un técnico
salvadoreño -el ex seleccionador Oscar
Benítez- como chivo expiatorio.
Bajo la conducción de Benítez,
Motagua jugó cinco partidos, logrando
cuatro empates y una derrota. La hinchada
catracha, que desde inicios de la temporada
pidió la cabeza del cuscatleco,
encontró rápido eco en un sector
del periodismo hondureño. Según
una crónica del periódico "La
Prensa", titulada "Motagua entra en coma", se
aducía que los jugadores del
bicampeón "se enredaron en el insulso
sistema de juego de Oscar Benítez".
Sin embargo, y en defensa del usuluteco,
otros sectores de la prensa hondureña
señalaban que el bajo rendimiento del
campeón era producto, en gran medida, del
desmantelamiento que sufrió con la venta
de sus principales figuras al fútbol
extranjero.
Motagua monopolizó los últimos
cuatro torneos nacionales, pero Benítez
llegó en malas condiciones. Primero,
sustituyó sorpresivamente a un
carismático "Chito" Reyes, cuyo nombre de
hecho fue coreado en las gradas en cada partido
que Motagua no pudo ganar.
Reyes tomó las riendas de Motagua a
falta de nueve encuentros para concluirse el
Clausura 2000, tras la finalización del
contrato del estratega mexicano José
Treviño; después pasó a
semifinales y a la serie final contra Olimpia,
sumando once partidos de manera invicta.
Benítez no tuvo mayores credenciales
ante la afición hondureña que la
de "amigo personal de Ramón Maradiaga",
otro estratega del que los motagüenses
tienen muy buenos recuerdos. Así, y ante
el engaño de la supuesta
capacitación en el extranjero de "Chito"
Reyes, Benítez, de entrada, tenía
una difícil relación con el
periodismo y los aficionados.
Oscar Benítez se embarcó en una
empresa difícil al no tener pretemporada
con un equipo renovado.
La retirada
En Honduras se manejan dos tesis. Una, que
Benítez renunció luego del empate
el fin de semana ante Platense (1-1), que la
directiva le dio un voto de confianza, pero que
él decidió irse ante los pobres
resultados y por la presión de la
afición.
La otra, que Eduardo Atala, el hombre fuerte
del Motagua, lo despidió inmediatamente.
Oscar Benítez estaría de regreso
en San Salvador este día para aclarar las
cosas.
Mientras, los jugadores adujeron que la culpa
es de ellos mismos, no del estratega, como lo
recogió el periodista catracho Robel
Bernárdez, de "La Tribuna". "No hay
problemas entre jugadores y el técnico
como se quiere dar a entender, simplemente no
podemos anotar y mucho menos ganar los juegos,
hay que trabajar más", declaró el
mediocampista.
Agregó que "el grupo debe unirse y
buscar los triunfos, ya es tiempo de dar
satisfacciones a nuestros seguidores". Como
puede verse, Benítez no aparece por
ningún lado.
Otro mediocampista, Francisco Ramírez,
dijo sentirse incómodo en la
posición que lo utilizaba Benítez,
pero que la cosa va más al fondo. "El
equipo ya no tiene esa casta de antes, que
íbamos a pelear balones y tener
individualidad cada jugador", dijo.
Ayer no se pudo encontrar a Benítez en
su residencia de Tegucigalpa luego de varios
intentos para establecer contacto
telefónico. "Se fue a una reunión
y luego a hacer algunas compras",
respondió la esposa del entrenador.
Ahora, Motagua se aferrará a otro
hondureño, Oscar Salgado, a quien le
tocará la difícil misión de
sacar del abismo al bicampeón, incluso a
costa de renunciar a la dirección de la
selección sub-17.