Noche
brasileña
Boca Juniors perdió 0-2 ante el
Atlético Mineiro, y Palmeiras
venció a Cruzeiro, en los cuartos de
final de la Copa Mercosur.
Agencia
EFE
Palmeiras desperdició la noche del
miércoles la oportunidad de golear en el
partido de ida de los cuartos de final de la
Copa Mercosur y se resignó a ganar con
dificultades por 3-2 al Cruzeiro, que la
próxima semana tendrá en su casa
la revancha y vivas esperanzas de
clasificación para la fase
semifinal.
Juninho entró en la historia de la
Copa Mercosur al anotar un gol a los 28
segundos. Tuta amplió la ventaja a los
'37 al hacer efectivo un penalti y Magrao
señaló a los '68 lo que
parecía ser una paliza del Palmeiras a
sus compatriotas brasileños.
Sin embargo, el Cruzeiro reservó para
la parte final del segundo tiempo todo su
repertorio de técnica y experiencia, y
resucitó de las cenizas al descontar con
Geovanni a los '72 y el argentino Juan Pablo
Sorín a los '79.
El Estadio paulista "Parque
Antárctica" terminó enmudecido, a
pesar de la victoria de sus pupilos.
La fiesta comenzó temprano, a los 28
segundos, cuando el ariete Juninho se
perfiló solo por la banda derecha y
lanzó un centro con un efecto tan
venenoso, que el balón se filtró
en el ángulo superior derecho ante la
mirada impasible del guardameta Jefferson. El
gol del Palmeiras tomó de sorpresa hasta
a los más entusiastas seguidores en las
tribunas y echó por la borda todas las
intenciones tácticas del Cruzeiro.
Mal negocio
Mientras, Atlético Mineiro
capitalizó con una victoria por 2-0 el
negocio especulativo del Boca Juniors, que
apostó en Belo Horizonte a perder por
poco para definir a gusto, la próxima
semana en Buenos Aires, la clasificación
para la semifinal.
El presupuesto del conjunto boquense
falló porque un argentino al servicio del
Mineiro, Diego Capria, les endosó un
soberbio gol a los '81, y les dejó en la
difícil obligación de vencer por
3-0 en el partido de vuelta de los cuartos de
final.
La victoria del Mineiro por 2-0 se explica
como un premio a la perseverancia de un conjunto
en el que ni sus aficionados creían, y un
castigo a la falta de ambiciones de los
argentinos, que llegaron a Brasil cubiertos de
favoritismo.
El Boca especuló a su antojo en el
partido. Hizo circular el balón por todo
el centro de la cancha, sus jugadores se
detuvieron a mirar el reloj del estadio a cada
instante y la defensa mantuvo con pelotazos en
constante rotación a sus ágiles
Guillermo Barros y Martín Palermo ante la
meta de Velloso, pero no generaron jugadas de
gol y la retaguardia pestañeó
cuando no debía. Fue por ello que Marques
no perdonó el regalo defensivo en pleno
área para poner en ventaja al Mineiro
cuando transcurría en el primer tiempo el
segundo minuto añadido por el
árbitro paraguayo Ricardo Aquino.
La apuesta parecía segura pero los
sustos se incrementaron con los minutos. Las
luces no fueron vistas a tiempo y en una falta,
a pocos metros del área, "el Profeta"
Capria se encargó de llevar a la quiebra
el negocio de sus compatriotas.