Viernes 3 de noviembre 2000


Noche brasileña

Boca Juniors perdió 0-2 ante el Atlético Mineiro, y Palmeiras venció a Cruzeiro, en los cuartos de final de la Copa Mercosur.

Agencia EFE

Palmeiras desperdició la noche del miércoles la oportunidad de golear en el partido de ida de los cuartos de final de la Copa Mercosur y se resignó a ganar con dificultades por 3-2 al Cruzeiro, que la próxima semana tendrá en su casa la revancha y vivas esperanzas de clasificación para la fase semifinal.

Juninho entró en la historia de la Copa Mercosur al anotar un gol a los 28 segundos. Tuta amplió la ventaja a los '37 al hacer efectivo un penalti y Magrao señaló a los '68 lo que parecía ser una paliza del Palmeiras a sus compatriotas brasileños.

Sin embargo, el Cruzeiro reservó para la parte final del segundo tiempo todo su repertorio de técnica y experiencia, y resucitó de las cenizas al descontar con Geovanni a los '72 y el argentino Juan Pablo Sorín a los '79.

El Estadio paulista "Parque Antárctica" terminó enmudecido, a pesar de la victoria de sus pupilos.

La fiesta comenzó temprano, a los 28 segundos, cuando el ariete Juninho se perfiló solo por la banda derecha y lanzó un centro con un efecto tan venenoso, que el balón se filtró en el ángulo superior derecho ante la mirada impasible del guardameta Jefferson. El gol del Palmeiras tomó de sorpresa hasta a los más entusiastas seguidores en las tribunas y echó por la borda todas las intenciones tácticas del Cruzeiro.

Mal negocio

Mientras, Atlético Mineiro capitalizó con una victoria por 2-0 el negocio especulativo del Boca Juniors, que apostó en Belo Horizonte a perder por poco para definir a gusto, la próxima semana en Buenos Aires, la clasificación para la semifinal.

El presupuesto del conjunto boquense falló porque un argentino al servicio del Mineiro, Diego Capria, les endosó un soberbio gol a los '81, y les dejó en la difícil obligación de vencer por 3-0 en el partido de vuelta de los cuartos de final.

La victoria del Mineiro por 2-0 se explica como un premio a la perseverancia de un conjunto en el que ni sus aficionados creían, y un castigo a la falta de ambiciones de los argentinos, que llegaron a Brasil cubiertos de favoritismo.

El Boca especuló a su antojo en el partido. Hizo circular el balón por todo el centro de la cancha, sus jugadores se detuvieron a mirar el reloj del estadio a cada instante y la defensa mantuvo con pelotazos en constante rotación a sus ágiles Guillermo Barros y Martín Palermo ante la meta de Velloso, pero no generaron jugadas de gol y la retaguardia pestañeó cuando no debía. Fue por ello que Marques no perdonó el regalo defensivo en pleno área para poner en ventaja al Mineiro cuando transcurría en el primer tiempo el segundo minuto añadido por el árbitro paraguayo Ricardo Aquino.

La apuesta parecía segura pero los sustos se incrementaron con los minutos. Las luces no fueron vistas a tiempo y en una falta, a pocos metros del área, "el Profeta" Capria se encargó de llevar a la quiebra el negocio de sus compatriotas.


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