Boca
Junior
Cervezas, tamales de gallina, costillita
y, de plato fuerte, el partido entre Real Madrid
y el argentino Boca Juniors. Un grupo de
salvadoreños no perdonó la
madrugada del martes y empezó su
día con la victoria sudamericana.
Rodrigo
Baires
Los
tempraneros goles de Martín Palermo, una
ronda de cervezas, las oportunidades frente a
marco del brasileño Roberto Carlos,
boquita de costilla y las mentadas de madre al
árbitro colombiano Oscar Ruiz marcaron
las primeras horas del martes. A los
salvadoreños, sobre todo a aquellos de
hueso merengue o bostero, no les importó
el desvelo o el madrugón. El
fútbol es así.
La noche del lunes acababa de despedirse y
San Salvador volvía a la quietud de la
madrugada. En el centro de la ciudad los
últimos trasnochadores se retiraban
balbuceando palabras con hedor
etílico.
"Faltan tres días para el pago y es
lunes... ¿Usted cree que haya gente que
quiera desvelarse viendo un partido de
fútbol?", resumió don Luis, un
trovador de la Alameda "Juan Pablo II", cuando
el reloj ya marcaba la una de la madrugada.
Las palabras del músico reflejaron lo
que se vivió en el Boulevard de "Los
Héroes" dos horas después.
Sólo un par de carros transitaban la
calle, mientras los acostumbrados tríos
de la gasolinera empezaban a retirarse y, una
cuadra hacia el sur, las mujeres de la noche
seguían el mismo ejemplo.
Pero don Luis se equivocaba. Alrededor de las
3:30 a.m. sonaron los despertadores y la gente
se quitó los 'cheles' para ver la final
de la Copa Intercontinental de Clubes, entre los
merengues del Real Madrid y el Boca Juniors, de
Argentina.
Las puertas en la mayoría de locales
nocturnos, aquellos que se convierten en usuales
anexos de los graderíos, estaban
cerradas. ¿En todos? No. Atrás del
Hotel "Camino Real", en un restaurante, se
vivía la fiesta del fútbol.
Desde la semana anterior la voz se
había corrido, el juego se podría
ver al calor de las cervezitas en cualquiera de
las cuatro pantallas de televisión
dispuestas en el lugar. "¿Cerrar
nosotros?... Cuando juega el Real Madrid siempre
estamos abiertos", dijo don Waldo, dueño
del lugar.
Ir y venir
Caras
largas con la marca de las sabanas y rostros
embrutecidos por el desvelo se reunieron cual lo
pactado a las 4:00 a.m.
"Yo anduve dando vueltas y cuando
llegó el momento me trasladé para
acá", comentó Manuel, un hincha
del Aguila que, siguiendo la sombra de su
ídolo argentino Diego Maradona, ha hecho
suyos los colores oro y azul del Boca.
Junto al migueleño, media docena de
hinchas xeneizes tentaban el terreno plagado de
camisetas blancas y negras con el escudo del
Madrid cerca del corazón. "Esta es la
casa del Madrid en El Salvador", gritó un
cliente al tiempo que pedía la otra ronda
y lanzaba un par de miradas desafiantes.
Pero Palermo vendría a aguarles la
fiestar. "Esa mierda fue outside", reclamaron a
una sola voz los madridistas mientras los pocos
boquenses celebraban el tanto de "el Loco".
"Ché, y qué le vamos hacer...
¡Somos grandes!", fue el grito
boquense.
El argentino repetiría un par de
minutos después y el silencio merengue se
volvió a apoderar del lugar. "Si quieren
boquita, pidan chorizo argentino", gritó
un hincha desdes la soledad de una esquina, pero
Roberto Carlos vendría a dar un
hálito de esperanza con un
cañonazo en el larguero auriazul y el gol
del descuento en el '11. "Caballo que alza
gana", recordó un aficionado madridista
al medio tiempo... A la larga se
equivocó.
El complemento se vió marcado por las
mentadas de madre a Ruiz ante las anulaciones de
dos goles blancos y el grito de salvación
cuando los sudadmericanos eran repelidos por la
zaga ibérica.
Cuando el central hizó sonar su
silbato marcando el final del juego, la
mayoría había pagado sus cuentas.
Adelante quedaban la jornada laboral o las
clases en la universidad.
En Japón, el engramillado del Estadio
"Nacional" era una fiesta auriazul.. En
España y Argentina se vivían
sentimientos encontrados... En San Salvador, los
merengues se arremolinaron para criticar la
actuación arbitral y dos o tres xeneizes
alzaban el grito de victoria. Mientra la
madrugada cedía espacio a los primeros
rayos de sol, Boca saboreó el
último sorbo a su cerveza ¿Para
picar? Trocitos de merengue.