Miércoles 29 de noviembre


Boca Junior

Cervezas, tamales de gallina, costillita y, de plato fuerte, el partido entre Real Madrid y el argentino Boca Juniors. Un grupo de salvadoreños no perdonó la madrugada del martes y empezó su día con la victoria sudamericana.

Rodrigo Baires

Los tempraneros goles de Martín Palermo, una ronda de cervezas, las oportunidades frente a marco del brasileño Roberto Carlos, boquita de costilla y las mentadas de madre al árbitro colombiano Oscar Ruiz marcaron las primeras horas del martes. A los salvadoreños, sobre todo a aquellos de hueso merengue o bostero, no les importó el desvelo o el madrugón. El fútbol es así.

La noche del lunes acababa de despedirse y San Salvador volvía a la quietud de la madrugada. En el centro de la ciudad los últimos trasnochadores se retiraban balbuceando palabras con hedor etílico.

"Faltan tres días para el pago y es lunes... ¿Usted cree que haya gente que quiera desvelarse viendo un partido de fútbol?", resumió don Luis, un trovador de la Alameda "Juan Pablo II", cuando el reloj ya marcaba la una de la madrugada.

Las palabras del músico reflejaron lo que se vivió en el Boulevard de "Los Héroes" dos horas después. Sólo un par de carros transitaban la calle, mientras los acostumbrados tríos de la gasolinera empezaban a retirarse y, una cuadra hacia el sur, las mujeres de la noche seguían el mismo ejemplo.

Pero don Luis se equivocaba. Alrededor de las 3:30 a.m. sonaron los despertadores y la gente se quitó los 'cheles' para ver la final de la Copa Intercontinental de Clubes, entre los merengues del Real Madrid y el Boca Juniors, de Argentina.

Las puertas en la mayoría de locales nocturnos, aquellos que se convierten en usuales anexos de los graderíos, estaban cerradas. ¿En todos? No. Atrás del Hotel "Camino Real", en un restaurante, se vivía la fiesta del fútbol.

Desde la semana anterior la voz se había corrido, el juego se podría ver al calor de las cervezitas en cualquiera de las cuatro pantallas de televisión dispuestas en el lugar. "¿Cerrar nosotros?... Cuando juega el Real Madrid siempre estamos abiertos", dijo don Waldo, dueño del lugar.

Ir y venir

Caras largas con la marca de las sabanas y rostros embrutecidos por el desvelo se reunieron cual lo pactado a las 4:00 a.m.

"Yo anduve dando vueltas y cuando llegó el momento me trasladé para acá", comentó Manuel, un hincha del Aguila que, siguiendo la sombra de su ídolo argentino Diego Maradona, ha hecho suyos los colores oro y azul del Boca.

Junto al migueleño, media docena de hinchas xeneizes tentaban el terreno plagado de camisetas blancas y negras con el escudo del Madrid cerca del corazón. "Esta es la casa del Madrid en El Salvador", gritó un cliente al tiempo que pedía la otra ronda y lanzaba un par de miradas desafiantes.

Pero Palermo vendría a aguarles la fiestar. "Esa mierda fue outside", reclamaron a una sola voz los madridistas mientras los pocos boquenses celebraban el tanto de "el Loco". "Ché, y qué le vamos hacer... ¡Somos grandes!", fue el grito boquense.

El argentino repetiría un par de minutos después y el silencio merengue se volvió a apoderar del lugar. "Si quieren boquita, pidan chorizo argentino", gritó un hincha desdes la soledad de una esquina, pero Roberto Carlos vendría a dar un hálito de esperanza con un cañonazo en el larguero auriazul y el gol del descuento en el '11. "Caballo que alza gana", recordó un aficionado madridista al medio tiempo... A la larga se equivocó.

El complemento se vió marcado por las mentadas de madre a Ruiz ante las anulaciones de dos goles blancos y el grito de salvación cuando los sudadmericanos eran repelidos por la zaga ibérica.

Cuando el central hizó sonar su silbato marcando el final del juego, la mayoría había pagado sus cuentas. Adelante quedaban la jornada laboral o las clases en la universidad.

En Japón, el engramillado del Estadio "Nacional" era una fiesta auriazul.. En España y Argentina se vivían sentimientos encontrados... En San Salvador, los merengues se arremolinaron para criticar la actuación arbitral y dos o tres xeneizes alzaban el grito de victoria. Mientra la madrugada cedía espacio a los primeros rayos de sol, Boca saboreó el último sorbo a su cerveza ¿Para picar? Trocitos de merengue.


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