Agradable sorpresa
2-0
Contra todo pronóstico derrotamos a
Jamaica 2x0, aunque el triunfo no sirve nada
más que de paliativo, y para saber que
teníamos algo.
Roberto
Aguila
Carlos
Recinos, el técnico nacional,
había dicho que el partido contra Jamaica
le iba a servir como un examen para saber
qué teníamos y qué nos
faltaba. Y quería que lo
calificáramos bajo una lupa sin
tapujos.
Luego del triunfo, que sirvió al menos
para rescatar la vergüenza, nos inclinamos
a calificarlo con un 7. Acaso merezca un puntaje
más alto por lo que significa ese 2-0
final en momentos de desaliento, pero lo dejamos
ahí porque no alcanzamos a desechar del
todo las dudas que nos envuelven en momentos de
presión.
Lo que nos alegra es que el veinte por ciento
de aplicación que pedía el
técnico Carlos Recinos un día
antes del partido, se cumplió. Sobre todo
en lo que toca a tener la pelota y circularla
por abajo y en sentido de bloque, maniobra que
desconcertó a los hombres de Jamaica y
posibilitó la llegada al gol.
Es cierto que el toque asociado se
manejó en intermitencias y con
caídas de descontrol, pero los chispazos
de acierto que se repitieron a lo largo del
partido, mostraron la idea táctica que
Recinos había pregonado durante la semana
previa al encuentro.
Cabe destacar el gran trabajo del Zarco
Rodríguez como rueda de auxilio para
cimentar la salida, y la continuidad que le dio
Santos Cabrera en una gran noche de
conducción y aciertos para encontrar al
hombre destapado.
De Cabrera salió el pase perfecto que
capitalizó Juan Carlos Padilla en gran
maniobra para el primer gol, y también
fue protagonista del segundo cuando forzó
el penal de Marshall que convirtió Jorge
Rodríguez. Además, el volante de
Firpo puso la pausa y midió los tiempos
para hacerse dueño del ritmo del
partido.
Lo que faltó
Dentro de la prédica de Carlos Recinos
estaba el pressing en campo jamaiquino. No se
hizo, pero al menos el déficit se
recompensó un tanto con mucha marca en el
terreno propio. Dentro de ese funcionamiento no
se dejaron espacios explotables para Jamaica,
porque los volantes y zagueros armonizaron
conjuntados y armados en bloque.
La deficiencia defensiva estuvo en el exceso
de faltas en los costados del campo y en zona
del ataque jamaiquino, aparte de los tiros de
esquina cedidos. Porque las acciones a pelota
parada fueron las que más explotó
Jamaica en ofensiva, y las que mayormente la
acercaron al descuento.
Pero lo más cuestionable fue la falta
de continuidad en el funcionamiento que
más nos convenía: seguir con la
pelota y agotar a Jamaica con el toque prolijo y
a ras del piso. En los momentos escasos en que
nos metimos en ese trabajo, fuimos el reflejo de
un equipo resucitado de un tiempo lejano, y con
armas ciertas para enredar a Jamaica en un
accionar que no le gusta.
Carlos Recinos, el técnico nacional,
había dicho que el partido contra Jamaica
le iba a servir como un examen para saber
qué teníamos y qué nos
faltaba. Y quería que lo
calificáramos bajo una lupa sin
tapujos.
Luego del triunfo, que sirvió al menos
para rescatar la vergüenza, nos inclinamos
a calificarlo con un 7. Acaso merezca un puntaje
más alto por lo que significa ese 2-0
final en momentos de desaliento, pero lo dejamos
ahí porque no alcanzamos a desechar del
todo las dudas que nos envuelven en momentos de
presión.
Lo que nos alegra es que el veinte por ciento
de aplicación que pedía el
técnico Carlos Recinos un día
antes del partido, se cumplió. Sobre todo
en lo que toca a tener la pelota y circularla
por abajo y en sentido de bloque, maniobra que
desconcertó a los hombres de Jamaica y
posibilitó la llegada al gol.
Es cierto que el toque asociado se
manejó en intermitencias y con
caídas de descontrol, pero los chispazos
de acierto que se repitieron a lo largo del
partido, mostraron la idea táctica que
Recinos había pregonado durante la semana
previa al encuentro.
Cabe destacar el gran trabajo del Zarco
Rodríguez como rueda de auxilio para
cimentar la salida, y la continuidad que le dio
Santos Cabrera en una gran noche de
conducción y aciertos para encontrar al
hombre destapado.
De Cabrera salió el pase perfecto que
capitalizó Juan Carlos Padilla en gran
maniobra para el primer gol, y también
fue protagonista del segundo cuando forzó
el penal de Marshall que convirtió Jorge
Rodríguez. Además, el volante de
Firpo puso la pausa y midió los tiempos
para hacerse dueño del ritmo del
partido.
Lo que faltó
Dentro de la prédica de Carlos Recinos
estaba el pressing en campo jamaiquino. No se
hizo, pero al menos el déficit se
recompensó un tanto con mucha marca en el
terreno propio. Dentro de ese funcionamiento no
se dejaron espacios explotables para Jamaica,
porque los volantes y zagueros armonizaron
conjuntados y armados en bloque.
La deficiencia defensiva estuvo en el exceso
de faltas en los costados del campo y en zona
del ataque jamaiquino, aparte de los tiros de
esquina cedidos. Porque las acciones a pelota
parada fueron las que más explotó
Jamaica en ofensiva, y las que mayormente la
acercaron al descuento.
Pero lo más cuestionable fue la falta
de continuidad en el funcionamiento que
más nos convenía: seguir con la
pelota y agotar a Jamaica con el toque prolijo y
a ras del piso. En los momentos escasos en que
nos metimos en ese trabajo, fuimos el reflejo de
un equipo resucitado de un tiempo lejano, y con
armas ciertas para enredar a Jamaica en un
accionar que no le gusta.