Aguila sale del
coma
Aguila ganó el clásico 2-0 a
FAS, pero fue un triunfo que no alcanzó
para borrar las huellas del trauma que padece.
Su afición salió del estadio con
las mismas dudas.
Roberto
Aguila
La
actuación de Aguila fue contrastante,
porque marcó los dos goles del triunfo
cuando peor anduvo, y desperdició claras
opciones al final, cuando FAS aminoró la
lucha y hubo tiempo para generar ataque en serio
con el desenganche de Jorge Rodríguez y
el buen trabajo de Waldir Guerra y William
Torres Alegría.
Acaso ese despliegue ofensivo de los
últimos 15 minutos le haya servido a
Aguila para justificar el triunfo y quedarse con
el clásico, pero no le alcanzó
para disipar del todo las dudas que lo agobian,
por más que la diferencia establecida en
el marcador hable de una victoria solvente. El
fallo final lo dio su afición, cuando se
retiró del estadio con la bronca de saber
que su equipo no jugó bien, y que la suma
de los tres puntos apenas sirvió para
salir del coma.
Porque, por ejemplo, Aguila se fue al
descanso ganando 1-0 con un gol marcado por
José Luis Ferrera al '18, pero consciente
de que la pelota y la iniciativa habían
sido de FAS. Que su gestión ofensiva
había sido escasa y sin otro matiz que el
repetido centro de frente ensayado por Kilmar
Jiménez, Néstor Morales y Marcio
Sampaio, y que jamás había podido
establecer comunicación con sus hombres
en punta ni crear ataque claro cuando no fuera
la meleé que derivó en el gol.
Y que aparte de éso, se había
regalado defensivamente cuando la subida sin
retorno de sus laterales dejaba al descubierto
las dos bandas por donde William Osorio y Nelson
Nerio gravitaban. Fue el lapso de los gritos
disconformes de su afición: "¡Coria,
sacá a Carranza!" o "¡Qué
defensa tan mala!", porque el fondo defensivo
hacía agua.
FAS con la pelota
En esos 45 minutos iniciales y en buena parte
del segundo tiempo, FAS se manejó de la
franja central hacia arriba. Gilberto Murgas y
Rafael Barrientos, lidereados por Jorge Wagner,
habían establecido una barrera
infranqueable que recuperaba la pelota y
establecía un empuje casi permanente
hacia el área naranja.
En esas circunstancias, los volantes
aguiluchos permanecieron en el fondo en
funciones puramente defensivas. Incluso Adrian
Mahía se obligó a tirarse
atrás para colaborar en el rescate de la
pelota, dejando a Aguila amparado en el pelotazo
y a Fulgencio Bordón en lucha solitaria
con los defensores azulgrana.
El manejo de Jorge Wagner era gravitante, y
para solucionarlo Jorge Rodríguez se
pegó a él en forma permanente. FAS
mereció el gol en esos instantes, pero no
lo consiguió porque careció de
mayor despliegue por las puntas, insistió
mucho en el ataque frontal y Ricardo Correia
desperdició un par de oportunidades
claras.
Por el contrario, Aguila marcó su otro
gol con pelota parada y con el auxilio del
cabezazo de Mario Mayén Meza sobre el
'63. A partir de aquí FAS insistió
en su ataque, pero ya no con la misma
convicción de antes. Fue entonces que el
ingreso de William Torres Alegría y
Waldir Guerra le cambiaron la cara a Aguila para
manejar el partido y justificar su triunfo.
Fueron los 15 minutos finales en donde Aguila
mereció un par de goles más,
porque el desenganche de Jorge Rodríguez,
ahora sí revestido de sentido ofensivo,
lo pusieron con claridad sobre el área
santaneca. Pero falló, sobre todo Torres
Alegría con dos opciones muy claras.
Aguila alcanzó la victoria que estaba
necesitando para acercarse a la
clasificación y olvidarse de Firpo, pero
lo hizo sin borrarle el trauma a su
afición que sigue pidiendo un verdadero
resurgimiento. Por su lado, FAS se borró
del todo y colgó para otra vez sus
aspiraciones.