Lunes 13 de noviembre 2000


Aguila sale del coma

Aguila ganó el clásico 2-0 a FAS, pero fue un triunfo que no alcanzó para borrar las huellas del trauma que padece. Su afición salió del estadio con las mismas dudas.

Roberto Aguila

La actuación de Aguila fue contrastante, porque marcó los dos goles del triunfo cuando peor anduvo, y desperdició claras opciones al final, cuando FAS aminoró la lucha y hubo tiempo para generar ataque en serio con el desenganche de Jorge Rodríguez y el buen trabajo de Waldir Guerra y William Torres Alegría.

Acaso ese despliegue ofensivo de los últimos 15 minutos le haya servido a Aguila para justificar el triunfo y quedarse con el clásico, pero no le alcanzó para disipar del todo las dudas que lo agobian, por más que la diferencia establecida en el marcador hable de una victoria solvente. El fallo final lo dio su afición, cuando se retiró del estadio con la bronca de saber que su equipo no jugó bien, y que la suma de los tres puntos apenas sirvió para salir del coma.

Porque, por ejemplo, Aguila se fue al descanso ganando 1-0 con un gol marcado por José Luis Ferrera al '18, pero consciente de que la pelota y la iniciativa habían sido de FAS. Que su gestión ofensiva había sido escasa y sin otro matiz que el repetido centro de frente ensayado por Kilmar Jiménez, Néstor Morales y Marcio Sampaio, y que jamás había podido establecer comunicación con sus hombres en punta ni crear ataque claro cuando no fuera la meleé que derivó en el gol.

Y que aparte de éso, se había regalado defensivamente cuando la subida sin retorno de sus laterales dejaba al descubierto las dos bandas por donde William Osorio y Nelson Nerio gravitaban. Fue el lapso de los gritos disconformes de su afición: "¡Coria, sacá a Carranza!" o "¡Qué defensa tan mala!", porque el fondo defensivo hacía agua.

FAS con la pelota

En esos 45 minutos iniciales y en buena parte del segundo tiempo, FAS se manejó de la franja central hacia arriba. Gilberto Murgas y Rafael Barrientos, lidereados por Jorge Wagner, habían establecido una barrera infranqueable que recuperaba la pelota y establecía un empuje casi permanente hacia el área naranja.

En esas circunstancias, los volantes aguiluchos permanecieron en el fondo en funciones puramente defensivas. Incluso Adrian Mahía se obligó a tirarse atrás para colaborar en el rescate de la pelota, dejando a Aguila amparado en el pelotazo y a Fulgencio Bordón en lucha solitaria con los defensores azulgrana.

El manejo de Jorge Wagner era gravitante, y para solucionarlo Jorge Rodríguez se pegó a él en forma permanente. FAS mereció el gol en esos instantes, pero no lo consiguió porque careció de mayor despliegue por las puntas, insistió mucho en el ataque frontal y Ricardo Correia desperdició un par de oportunidades claras.

Por el contrario, Aguila marcó su otro gol con pelota parada y con el auxilio del cabezazo de Mario Mayén Meza sobre el '63. A partir de aquí FAS insistió en su ataque, pero ya no con la misma convicción de antes. Fue entonces que el ingreso de William Torres Alegría y Waldir Guerra le cambiaron la cara a Aguila para manejar el partido y justificar su triunfo.

Fueron los 15 minutos finales en donde Aguila mereció un par de goles más, porque el desenganche de Jorge Rodríguez, ahora sí revestido de sentido ofensivo, lo pusieron con claridad sobre el área santaneca. Pero falló, sobre todo Torres Alegría con dos opciones muy claras.

Aguila alcanzó la victoria que estaba necesitando para acercarse a la clasificación y olvidarse de Firpo, pero lo hizo sin borrarle el trauma a su afición que sigue pidiendo un verdadero resurgimiento. Por su lado, FAS se borró del todo y colgó para otra vez sus aspiraciones.


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