Budismo: el camino
de la iluminación
La luz de la paz está al final del
camino, en esos escondrijos y veredas que surcan
la mente. De eso está seguro Ole Nydahl,
un danés portador de un extraño
magnetismo y de una filosofía milenaria.
Aunque es alto, fornido y de ojos azules, y
viste como cualquier otro mortal, es un maestro
del budismo.
El Diario de
Hoy
Los
que le conocen le llaman el lama Ole Nydahl, uno
de los primeros occidentales en convertirse al
budismo junto con su esposa, Hannah. La primera
vez que llegó al Tibet, en la China, en
1969, los maestros budistas los reconocieron
como un protector. Desde entonces, inició
por todo el mundo una incansable
peregrinación, que aún
continúa.
Cada año visita el país para
reunirse con los viejos conocidos y con los
recién "iniciados" en el budismo
tibetano. A pesar de que pisa tierra de
cristianos en donde muchos ven con recelos esa
cultura oriental, el lama Ole Nydalh explica con
una prolongada sonrisa el principio y el fin de
su movimiento: "El budismo no es una
religión. El Buda no es un Dios,
él es como el espejo hacia nuestra cara.
Todo está en la mente. Debemos reconocer
que donde termina la inteligencia, empiezan los
sueños y la esperanza".
En otras palabras, el budismo, a
través de diferentes técnicas de
meditación, transforma todas aquellas
adversidades cotidianas, como el sufrimiento, en
un crecimiento espiritual, que trae el
sosiego.
"Es como tratar con un caballo salvaje que
galopa contra nosotros. Una forma sería
la negación: se levantan las manos y se
grita ¡para! ¡para! Lo mas probable es
que fuéramos pisoteados por el animal.
Otro modo más inteligente de tratar el
problema es el de apartarse cuando nos embiste,
para luego saltar sobre su lomo. En este caso,
se tiene una posibilidad de estimularle para que
se desplace en direcciones determinadas y, con
el tiempo, poderlo llevar a un establo",
ilustran los maestros budistas.
Cada palabra y gestos del Lama Ole eran
seguidos con mucha atención por los otros
practicantes que los rodeaban. Poco a poco,
aparecieron más "iniciados", que un
días antes se habían incorporado
por primera vez al grupo. "Para iniciarse en el
budismo, lo primero que deben hacer las personas
es visitar el centro, para ver si se sienten
bien. Luego, participar en las sesiones de
meditaciones para irse incorporando poco a
poco", recomendaba el Lama.
Común unión
Muy pronto, "los iniciados" llenaron la
amplia sala del Centro Loyola, un apacible lugar
de retiros de los sacerdotes jesuitas, ubicado
en Antiguo Cuscatlán. Allí,
habían estado congregados durante dos
días.
Y a propósito de este lugar, adornado
con crucifijos y retratos de santos,
¿existe un punto de común
unión entre el cristianismo y el
budismo?
- "Sí, el cristianismo y el budismo
quieren ayudar a las personas. El cristianismo
se enfoca más en lo social y lo manejan
mucho mejor, en cambio el budismo es más
sicológico".
La conversación seguía, amena y
reveladora. Nadie se movía, mientras Ole
Nydalh revisaba su reloj. Pronto partiría
para la playa.
Afuera, en las empinadas calles de Antiguo
Cuscatlán, la desesperada sirena de una
ambulancia ahuyentaba por un momento el remanso
de paz. De un solo golpe, aparecían los
gestos de esta agitada cultura, con sus
convicciones centenarias y sus mitos.
¿Cómo superar o afrontar ese rechazo
hacia el budismo en países como
éste, en donde la mayoría es
cristiana y ve con recelo las creencias
orientales, como el budismo?.
De nuevo vio hacia el horizonte, como
buscando algo y reiteró. "El Buda no es
un Dios, no deben tener celos. Entiendo que la
gente se siente responsable por su cultura
cristiana, pero por uno que se convierte al
budismo en occidente, están cinco que se
convierten al cristianismo en oriente.
Así, hay gente insatisfecha que quiere
conocer nuevos caminos". No era la primera vez
que respondía lo mismo.
El budismo fue fundado por Sidarta Gautama en
el Siglo VI antes de Cristo en el norte de la
India. De joven dedicó seis años a
meditar y recorrer los pasajes de su mente hasta
que se convirtió en un buda, que
significa "el que está despierto".
Aún en vida, el Buda fundó tres
escuelas: la del "Pequeño
Vehículo" (Theravada), que era dirigida a
aquellos que querían evitar el
sufrimiento; "el Gran Vehículo"
(Mahayana), destinada a los que querían
hacer más por otros seres, y el "Camino
Diamantino", que era para las personas que
tenían una gran confianza para
convertirse en budas.
A esta última corriente pertenece Ole
Nydahl. ¿Por qué seguir uno de los
caminos que parece más difícil
dentro del budismo? - "Cada quien debe enfocarse
a la escuela que mejor le guste. En el "Camino
Diamantino" hay que comportarse como Buda para
convertirse en Buda. Por eso yo escogí
esta escuela, porque me gusta pensar en grande".
Así concluyó el Lama Ole Nydahl
sus reflexiones, con otra sonrisa y un
abrazo.