Lunes 15 de mayo


Budismo: el camino de la iluminación

La luz de la paz está al final del camino, en esos escondrijos y veredas que surcan la mente. De eso está seguro Ole Nydahl, un danés portador de un extraño magnetismo y de una filosofía milenaria. Aunque es alto, fornido y de ojos azules, y viste como cualquier otro mortal, es un maestro del budismo.

El Diario de Hoy

Los que le conocen le llaman el lama Ole Nydahl, uno de los primeros occidentales en convertirse al budismo junto con su esposa, Hannah. La primera vez que llegó al Tibet, en la China, en 1969, los maestros budistas los reconocieron como un protector. Desde entonces, inició por todo el mundo una incansable peregrinación, que aún continúa.

Cada año visita el país para reunirse con los viejos conocidos y con los recién "iniciados" en el budismo tibetano. A pesar de que pisa tierra de cristianos en donde muchos ven con recelos esa cultura oriental, el lama Ole Nydalh explica con una prolongada sonrisa el principio y el fin de su movimiento: "El budismo no es una religión. El Buda no es un Dios, él es como el espejo hacia nuestra cara. Todo está en la mente. Debemos reconocer que donde termina la inteligencia, empiezan los sueños y la esperanza".

En otras palabras, el budismo, a través de diferentes técnicas de meditación, transforma todas aquellas adversidades cotidianas, como el sufrimiento, en un crecimiento espiritual, que trae el sosiego.

"Es como tratar con un caballo salvaje que galopa contra nosotros. Una forma sería la negación: se levantan las manos y se grita ¡para! ¡para! Lo mas probable es que fuéramos pisoteados por el animal. Otro modo más inteligente de tratar el problema es el de apartarse cuando nos embiste, para luego saltar sobre su lomo. En este caso, se tiene una posibilidad de estimularle para que se desplace en direcciones determinadas y, con el tiempo, poderlo llevar a un establo", ilustran los maestros budistas.

Cada palabra y gestos del Lama Ole eran seguidos con mucha atención por los otros practicantes que los rodeaban. Poco a poco, aparecieron más "iniciados", que un días antes se habían incorporado por primera vez al grupo. "Para iniciarse en el budismo, lo primero que deben hacer las personas es visitar el centro, para ver si se sienten bien. Luego, participar en las sesiones de meditaciones para irse incorporando poco a poco", recomendaba el Lama.

Común unión

Muy pronto, "los iniciados" llenaron la amplia sala del Centro Loyola, un apacible lugar de retiros de los sacerdotes jesuitas, ubicado en Antiguo Cuscatlán. Allí, habían estado congregados durante dos días.

Y a propósito de este lugar, adornado con crucifijos y retratos de santos, ¿existe un punto de común unión entre el cristianismo y el budismo?

- "Sí, el cristianismo y el budismo quieren ayudar a las personas. El cristianismo se enfoca más en lo social y lo manejan mucho mejor, en cambio el budismo es más sicológico".

La conversación seguía, amena y reveladora. Nadie se movía, mientras Ole Nydalh revisaba su reloj. Pronto partiría para la playa.

Afuera, en las empinadas calles de Antiguo Cuscatlán, la desesperada sirena de una ambulancia ahuyentaba por un momento el remanso de paz. De un solo golpe, aparecían los gestos de esta agitada cultura, con sus convicciones centenarias y sus mitos. ¿Cómo superar o afrontar ese rechazo hacia el budismo en países como éste, en donde la mayoría es cristiana y ve con recelo las creencias orientales, como el budismo?.

De nuevo vio hacia el horizonte, como buscando algo y reiteró. "El Buda no es un Dios, no deben tener celos. Entiendo que la gente se siente responsable por su cultura cristiana, pero por uno que se convierte al budismo en occidente, están cinco que se convierten al cristianismo en oriente. Así, hay gente insatisfecha que quiere conocer nuevos caminos". No era la primera vez que respondía lo mismo.

El budismo fue fundado por Sidarta Gautama en el Siglo VI antes de Cristo en el norte de la India. De joven dedicó seis años a meditar y recorrer los pasajes de su mente hasta que se convirtió en un buda, que significa "el que está despierto".

Aún en vida, el Buda fundó tres escuelas: la del "Pequeño Vehículo" (Theravada), que era dirigida a aquellos que querían evitar el sufrimiento; "el Gran Vehículo" (Mahayana), destinada a los que querían hacer más por otros seres, y el "Camino Diamantino", que era para las personas que tenían una gran confianza para convertirse en budas.

A esta última corriente pertenece Ole Nydahl. ¿Por qué seguir uno de los caminos que parece más difícil dentro del budismo? - "Cada quien debe enfocarse a la escuela que mejor le guste. En el "Camino Diamantino" hay que comportarse como Buda para convertirse en Buda. Por eso yo escogí esta escuela, porque me gusta pensar en grande". Así concluyó el Lama Ole Nydahl sus reflexiones, con otra sonrisa y un abrazo.


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