De "pez gordo" a
inocente de cargos
Poco a poco, las pruebas contra el
principal imputado en la "Banda de Sorto",
acusado de robar vehículos, se
desvanecieron hasta que, al final, un tribunal
lo absolvió de los cargos
- El Diario
de Hoy
José
Rigoberto Sorto, accionista de la fábrica
de vasos desechables Corona, fue acusado por la
Policía de ser el líder de una
banda de robacarros.
Su arresto, el 4 de enero de 1996, se
derivado de la captura de Miguel Angel
Hércules, un agente de la DIC, y cuatro
sujetos más que fueron arrestados luego
de atacar una bodega que custodiaba la
policía en Soyapango.
Uno de los vehículos de los
delincuentes se accidentó mientras se
dirigía a Cojutepeque. En ese momento fue
detenido el primo de Hércules, Carlos
Alberto Serrano.
El policía y otro sospecho fueron
detenidos cuando intentaban entrar a la bodega,
la noche de los hechos.
Llegan a Sorto
A la mañana siguiente, otro sospechoso
fue aprehendido al bajar de uno de los tres
vehículos que participó en el
atraco.
Con el testimonio de estos detenidos, la
Policía llegó hasta Sorto, en cuya
vivienda fue descubierto otro de los
vehículos que utilizaron los sujetos para
escapar de la bodega que custodiaba la
Policía.
La banda era investigada por la DIC. En los
predios de la fábrica, ubicada en Santa
Tecla, la Policía encontró
más carros que estaban reportados como
robados.
Al principio se le acusó, entre otras
cosas, del robo de once vehículos y doce
delitos más, pero pasados 15 meses, en el
proceso sólo figuraban tres hechos.
Nada en contra
Después, el caso pasó a
plenario, donde Rigoberto Sorto sólo
debía responder por falsedad material y
por dos robos de automóviles.
El 20 de mayo de 1997, el imputado fue
absuelto por el delito de falsedad material.
El 1 de agosto del mismo año, el
principal acusado de liderar la banda, fue
absuelto de todos los cargos y recobró su
libertad.
Los demás imputados aún
permanecen detenidos, entre ellos el primo de
Hércules, Carlos Alberto Serrano, quien
fue condenado a 17 años de
cárcel.
¿Qué tiene que ver Arriaza
Chicas?
El día que Hércules fue
desenmascarado recibió o realizó
más de 60 llamadas con su teléfono
celular. Algunas las hizo a una empresa de
mensajería por bíper.
Después de su captura, la medianoche
del 3 de enero de 1996, hizo 17 llamadas hasta
la 8:00 a.m. del día 4.
Entre los números marcados está
el 228-1342, que corresponde al teléfono
de la casa del subcomisionado Mauricio Arriaza
Chicas, en Santa Tecla.
El número fue marcado dos veces entre
las 2:13 y 2:33 de la noche, y cada llamada
duró cerca de cuatro minutos.
Nunca se supo qué tipo de
relación guardaban el oficial de la
Policía y Hércules.
Estos hechos están dentro del proceso
que se encuentra archivado en el Juzgado Primero
de Instrucción de Soyapango, que
condenó a Hércules y a sus
cómplices.
No se sabe si la Dirección de la
Policía investigó la
relación entre ambos policías.
Cuando ocurrieron los hechos, Arriaza Chicas
se desempeñaba como jefe de la
delegación de Soyapango.
En el entonces Juzgado 1º de lo Penal,
el oficial declaró como ofendido, debido
a las lesiones que recibió un agente y
los daños en una radio patrulla durante
el atraco en Comapan.
En su declaración Arriaza Chicas nunca
mencionó que conocía a alguno de
los sospechosos.
Después de que el juez descubriera que
uno de los números telefónicos
marcados por Hércules pertenecía a
la casa de Arriaza Chicas, citó al
oficial para que explicara el hecho.
El jefe de la delegación no se
presentó al tribunal y, al parecer, el
juez no lo obligó a comparecer.
Otro punto oscuro es por qué nunca se
investigó a Hércules y su
relación con la banda de robacarros desde
el día que fue pillado conversando con
los sospechosos.
Su captura fue incidental y nunca se
derivó de una investigación
interna en la DIC.
Hércules fue condenado el 12 de marzo
de 1997 a siete años de cárcel por
los delitos de falsedad material e infidelidad
en la custodia del registro de vehículos
y documentos públicos.
También
Un
infiltrado en la
Policía
Miguel
Ángel Hércules no entró a
la Policía por el deseo de servir a la
comunidad, sus metas eran más
egoístas y con un claro afán del
lucro. Su inclinación criminal nunca fue
detectada en la Academia Nacional de Seguridad
Pública, sino cuando ya era un
policía: colaboró con una banda de
robacarros reteniendo información
importante