Jueves 1 de junio


De "pez gordo" a inocente de cargos

Poco a poco, las pruebas contra el principal imputado en la "Banda de Sorto", acusado de robar vehículos, se desvanecieron hasta que, al final, un tribunal lo absolvió de los cargos

El Diario de Hoy

José Rigoberto Sorto, accionista de la fábrica de vasos desechables Corona, fue acusado por la Policía de ser el líder de una banda de robacarros.

Su arresto, el 4 de enero de 1996, se derivado de la captura de Miguel Angel Hércules, un agente de la DIC, y cuatro sujetos más que fueron arrestados luego de atacar una bodega que custodiaba la policía en Soyapango.

Uno de los vehículos de los delincuentes se accidentó mientras se dirigía a Cojutepeque. En ese momento fue detenido el primo de Hércules, Carlos Alberto Serrano.

El policía y otro sospecho fueron detenidos cuando intentaban entrar a la bodega, la noche de los hechos.

Llegan a Sorto

A la mañana siguiente, otro sospechoso fue aprehendido al bajar de uno de los tres vehículos que participó en el atraco.

Con el testimonio de estos detenidos, la Policía llegó hasta Sorto, en cuya vivienda fue descubierto otro de los vehículos que utilizaron los sujetos para escapar de la bodega que custodiaba la Policía.

La banda era investigada por la DIC. En los predios de la fábrica, ubicada en Santa Tecla, la Policía encontró más carros que estaban reportados como robados.

Al principio se le acusó, entre otras cosas, del robo de once vehículos y doce delitos más, pero pasados 15 meses, en el proceso sólo figuraban tres hechos.

Nada en contra

Después, el caso pasó a plenario, donde Rigoberto Sorto sólo debía responder por falsedad material y por dos robos de automóviles.

El 20 de mayo de 1997, el imputado fue absuelto por el delito de falsedad material.

El 1 de agosto del mismo año, el principal acusado de liderar la banda, fue absuelto de todos los cargos y recobró su libertad.

Los demás imputados aún permanecen detenidos, entre ellos el primo de Hércules, Carlos Alberto Serrano, quien fue condenado a 17 años de cárcel.

¿Qué tiene que ver Arriaza Chicas?

El día que Hércules fue desenmascarado recibió o realizó más de 60 llamadas con su teléfono celular. Algunas las hizo a una empresa de mensajería por bíper.

Después de su captura, la medianoche del 3 de enero de 1996, hizo 17 llamadas hasta la 8:00 a.m. del día 4.

Entre los números marcados está el 228-1342, que corresponde al teléfono de la casa del subcomisionado Mauricio Arriaza Chicas, en Santa Tecla.

El número fue marcado dos veces entre las 2:13 y 2:33 de la noche, y cada llamada duró cerca de cuatro minutos.

Nunca se supo qué tipo de relación guardaban el oficial de la Policía y Hércules.

Estos hechos están dentro del proceso que se encuentra archivado en el Juzgado Primero de Instrucción de Soyapango, que condenó a Hércules y a sus cómplices.

No se sabe si la Dirección de la Policía investigó la relación entre ambos policías.

Cuando ocurrieron los hechos, Arriaza Chicas se desempeñaba como jefe de la delegación de Soyapango.

En el entonces Juzgado 1º de lo Penal, el oficial declaró como ofendido, debido a las lesiones que recibió un agente y los daños en una radio patrulla durante el atraco en Comapan.

En su declaración Arriaza Chicas nunca mencionó que conocía a alguno de los sospechosos.

Después de que el juez descubriera que uno de los números telefónicos marcados por Hércules pertenecía a la casa de Arriaza Chicas, citó al oficial para que explicara el hecho.

El jefe de la delegación no se presentó al tribunal y, al parecer, el juez no lo obligó a comparecer.

Otro punto oscuro es por qué nunca se investigó a Hércules y su relación con la banda de robacarros desde el día que fue pillado conversando con los sospechosos.

Su captura fue incidental y nunca se derivó de una investigación interna en la DIC.

Hércules fue condenado el 12 de marzo de 1997 a siete años de cárcel por los delitos de falsedad material e infidelidad en la custodia del registro de vehículos y documentos públicos.


También

Un infiltrado en la Policía

Miguel Ángel Hércules no entró a la Policía por el deseo de servir a la comunidad, sus metas eran más egoístas y con un claro afán del lucro. Su inclinación criminal nunca fue detectada en la Academia Nacional de Seguridad Pública, sino cuando ya era un policía: colaboró con una banda de robacarros reteniendo información importante


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