¿Misión
imposible?
El paso que está marcando Jamaica,
con dos triunfos al hilo, y la siempre
amenazante presencia de Honduras a un costado,
convierten la clasificación de El
Salvador en algo más que una
misión imposible. Necesitamos ganar al
menos nueve puntos de los doce en juego.
¿Tenemos cómo hacerlo?
- Roberto
Aguila
- El Diario
de Hoy
Todo
equipo que aspira a pasar a la hexagonal debe
imperiosamente ganar sus tres partidos de local
y especular con un par de puntos de visita.
Dentro del grupo D, y en esa línea de
pretensiones, tanto Jamaica como Honduras ya lo
hicieron. En mayor medida el conjunto
jamaiquino, quien sacó tres puntos de
visita y otros tres de local para sumar seis.
Honduras, por su lado, arrancó tres en
dos visitas realizadas, lo que le da un
cincuenta por ciento de lógica
resultadista.
¿Qué significa ésto? Que
si Jamaica nos gana a nosotros y a Saint Vincent
jugando de local, estará sumando doce
puntos y amarrando su clasificación, y
poco le importará perder sus dos juegos
de visita, en Honduras y El Salvador. A Honduras
sólo le bastará ganar sus tres
juegos de local para totalizar doce nomios, que
también lo clasificarían,
dándose asi mismo el lujo de perder su
último juego de visita, en Saint
Vincent.
Este es el panorama que, irremediablemente,
nos pone de espaldas a toda pretensión
clasificatoria. ¿Por qué? Porque
perdimos tres puntos jugando en casa, y eso nos
obliga a reponerlos fuera de nuestra cancha,
aparte de sumar otros tres en otra salida para
completar los doce puntos necesarios al recibir
a Jamaica en nuestro último partido.
Peliagudo, ¿no?
¡Claro que es peliagudo! Porque, en
principio, tenemos que vencer a Jamaica en el
propio Kingston, luego ver qué podemos
hacer frente a Honduras jugando en su reducto
del "Morazán" de San Pedro Sula, y
enseguida derrotar a Saint Vincent en su casa.
Si lográramos sacar al menos seis puntos
en las tres visitas, podríamos volver a
soñar con una victoria en el
"Cuscatlán" frente a Jamaica para
completar la obra.
¿Tenemos cómo?
Esta es una de las muchas interrogantes que
no tienen respuesta cierta. Porque por
más que nos querramos colgar de una
esperanza para acunar los sueños, la
realidad nos sacude y nos despierta a una verdad
que no podemos ocultar: no tenemos argumentos
válidos para realizar esa
hazaña.
Como principio, necesitamos ganarle a Jamaica
en su propia casa. Y para ganar hay que jugar
abiertos, con ambición y con equilibrio,
y ya Honduras nos demostró que jugando
abiertos perdemos equilibrio defensivo y nos
regalamos para todo lo que nos quieran
hacer.
Si, por el contrario, nos refugiamos en una
actitud más precavida y amotonamos gente
atrás para preservarnos del ataque rival,
entonces estaríamos jugando para el
empate que no nos sirve mucho si el concepto
predominante es ganar y ganar. Salvo que ocurra
un milagro, como pasó en la fase inicial
ante Guatemala en el "Mateo Flores", cuando
jugamos para el empate y sacamos una
victoria.
Tal como está el panorama, jugar de
visita por el empate es lo menos recomendable,
porque un punto sacado en Jamaica y otro en
Honduras nos daría un total de cinco
unidades, y con los tres supuestos que se
obtendrían en Saint Vincent
sumaríamos ocho, una cifra muy baja para
las pretensiones.
De manera que tenemos que ganar en Jamaica.
Es una obligación. ¿Cómo
hacerlo? Se nos antoja jugar esperando, con una
línea de tres volantes de marca frente a
la línea de cuatro zagueros, dos nexos
ofensivos, un hombre en punta y un perfil bien
ensayado para jugar al contraataque. No es la
solución total, pero al menos revierte la
esperanza de no hacer el ridículo. En
todo caso, la solución final la tienen
Oscar Benítez y los jugadores.