Confianza y
nervios
Municipal Limeño llegó a
reconocer el engramillado del "Cuscatlá"n
ayer por la tarde. La confianza es notoria, pero
los nervios le hicieron la competencia.
Daniel
Herrera
Llegaron
puntuales. Las cuatro de la tarde y el
engramillado del 'Coloso de Monserrat'
recibía a uno de los finalistas de hoy
por la tarde. Municipal Limeño
realizó su última práctica
antes de enfrentar a Aguila para definir el
título Apertura 2000 y al último
campeón del siglo.
Lo primero fue un poco de estiramiento. El
preparador físico Richard Garrido entraba
en acción con ejercicios que
ponían a tono los músculos de los
jugadores. Cinco minutos más tarde, se
formaron las parejas para hacer pases cortos y
largos al compañero, tratando de asegurar
bien el traslado del balón.
Mientras tanto, Agustín 'la Chochera'
Castillo rondaba a sus pupilos con pasos lentos
y su mirada observando el césped. "La
presión será para Aguila",
comentó el peruano, mientras observaba el
vacío de los graderíos y se
imaginaba a los aficionados aguiluchos
exigiéndole a sus jugadores.
A los treinta minutos de haber comenzado la
práctica vespertina, Castillo hizo
comenzó a hacer su trabajo. El ejercicio
tenía el objetivo de afinar la
puntería, pero con un sólo toque.
"Asegúrenlos, asegúrenlos",
gritaba el técnico inca. Luego, las
centralizaciones desde el sector derecho -por
donde supuestamente llegará Jahir Camero-
tenían la funciónde emplear al
máximo tanto los recursos defensivos como
los ofensivos.
Llegó el fútbol
La segunda hora del entrenamiento fue
dedicada específicamente al
fútbol. Acá se pudo notar la
confianza del grupo, pero al mismo tiempo los
nervios que una final de fútbol genera en
los jugadores. Primero, toda la cancha del
"Cuscatlán" sirvió para tocar el
balón, no levantarlo y tratar de asegurar
cada uno de los pases.
Después, la media cancha sirvió
para exigir más la capacidad de
reacción de los jugadores, el toque
rápido y preciso y el desmarque. Los
arqueros, Santos Noel Rivera y Schafik
Chávez, fueron exigidos mientras tanto
por Garrido. El espacio se redujo a su menor
capacidad, un cuarto de cancha trajo como
consecuencia reclamos, risas y goles más
costosos. Además de la prohibición
de levantar el balón, todo a ras de
césped. Agustín Castillo la hizo
de árbitro, y lo hizo como los nuestros,
ya que comenzó a repartir tarjetas por
doquier por cualquier reclamo que fuera.
El relajamiento de los músculos
sucedió al fútbol. La
práctica de Municipal Limeño no
tuvo las exigencias de otras, pero si supuso
mayor confianza de los jugadores en lo que se
hacía. Los pénales llegaron para
probar los nervios. Garrido y Castillo
comenzaron a hecer presión
psicológica, unos la ignoraron y a otros
les afectó. Esto le sirvió a 'la
Chochera' para saber con quién puede
contar en caso de que se llegue hasta la muerte
súbita. Algo que los aficionados del
Limeño quieren evitar: Los noventa
minutos son suficientes para hacer de este un
título inédito.