Estallido de
paciencia
Hermann W. Bruch, publicista y analista
político, no soportó la
hipocresía y cinismo de los diputados.
Ante el asombro de todos, se paró en el
Salón Azul del Congreso para protestar.
Recibió insultos, críticas y hasta
amenazas de denuncias de los
parlamentarios
Luis
Laínez/ Ana Giralt
Rafael
Arévalo, diputado del CDU, se quejaba
ante las cámaras. Decía que su
sueldo de más de 32 mil colones no le
bastaba para mantener a su familia, su
vehículo y atender a las personas que
habían votado por él.
Hermann W. Bruch, publicista que se
encontraba en el área de visitantes, no
lo soportó. Cuando Arévalo
terminó su intervención, Bruch se
puso de pie y gritó a todo pulmón
"¡No pueden firmar esa franquicia! ¡El
prestigio se gana con buenas acciones!".
Varios diputados gritaron también para
silenciar a Bruch.
Algunos recurrieron a los insultos, como
Arévalo, del CDU. "¡Callen a ese
hijo de puta!". "¡Saquen a ese loco!",
secundó Rafael Machuca, del PCN.
- ¿Dónde está la
decencia?- increpó Bruch a los
diputados.
- ¡Sáquenlo!- vociferó un
diputado.
- ¡Sáquenme, pero estarán
sacando al pueblo! ¡Yo soy el pueblo! -
replicó Bruch.
Los reclamos de Bruch entusiasmaron a los
visitantes. Le aplaudieron, al igual que los
diputados del FMLN.
Bruch se retiró del Salón Azul,
acompañado de cerca por varios
policías. Mientras hablaba con los
periodistas, uno de ellos le pidió que se
retirara del pasillo, pues por ahí
pasaría el presidente Francisco
Flores.
Uno de los guardaespaldas del mandatario se
le acercó, estrechó su mano y le
dijo que le apoyaba. El jefe de seguridad del
Congreso siguió a Bruch hasta la entrada
del Palacio Legislativo.
- ¿No me van a esposar? ¿No me van
a llevar a las cárceles del pueblo?
No obtuvo respuesta. Un poco más
tranquilo, subió a su carro y se fue.
Su mensaje caló hondo. Los diputados
continuaron hablando del incidente por dos
horas, refiriéndose a él como
"loco", "irrespetuoso" y
"energúmeno".
"Él tiene derecho a expresar su
opinión, pero no faltarle el respeto a
los diputados", dijo Rodrigo Ávila, de
ARENA.
El profesor Rubén Orellana, del PCN,
le calzó un nuevo nombre "deberían
llamarle Hermann Bructo".