Juguetes, más
que un regalo
Millares de niños recibieron ayer
bonitos juguetes que entregó la
Fundación Renuevo de Estados Unidos, a
través de Fundaniños. El reparto
lo hizo en el Parque Infantil; los menores
disfrutaron además de los juegos
mecánicos, sin ningún costo para
sus padres. Hubo derroche de felicidad
- Francisco
Mejía
- El Diario
de Hoy
Alas
9:45 de la mañana, las puertas del Parque
Infantil, en esta capital, se abrieron de par en
par. Una avalancha de señoras con
niños ingresó.
La novedad fue el primer reparto de un lote
de 66 mil juguetes donados por la
fundación Renuevo, de Los Angeles,
Estados Unidos, que contó con la
colaboración de Fundaniños de El
Salvador.
A eso de la una de la tarde, llegó una
caravana de vehículos con el cargamento
que esperaban ver los pequeños.
Sí, por fin, después de casi
cinco horas de espera, las cajas repletas con
muñecos de todo tipo habían
llegado.
Los ojos de los menores brillaban al ver una
verdadera montaña de muñecos, osos
de peluche, etcétera.
Carlitos Ruiz Ochoa, un pequeño de 4
años, salió del parque Infantil
con un juguete en sus manos. Lo veía
desde todos ángulos y no se
aburría de apreciarlo.
El menor, tomado de la mano de su madre Ana
Ruth Ochoa, fue uno de los tantos niños a
quienes la fundación entregó un
regalo, como parte de la tradición
navideña.
Así también, Ana Ruth, una
joven madre soltera y desempleada, que
llegó al Parque Infantil procedente de la
comunidad San Mauricio, ubicada al norponiente
de San Salvador, agradeció a los
responsables del reparto de juguetes.
Ella no tenía idea de quiénes
eran los donantes de juguetes; llegó al
parque porque en su comunidad repartieron
boletos para regalos infantiles.
"Todavía tienen el precio los
juguetes", dijo Ana Ruth -un poco admirada-, el
regalo que le habían entregado para su
hijo era un muñeco de 9 dólares,
es decir, ¢78.75.
La espera por el regalo para su
pequeño fue agotadora. Pero al final
satisfactoria.
Más diversión
Empleados del parque empezaron anunciaron a
la muchedumbre que los juegos mecánicos
eran gratis. Y así fue.
De
repente, los carruseles mecánicos y el
trenecito que recorre por el interior del parque
se saturaron de niños.
Las filas para subir a los juegos se
extendieron; algunos pequeños se
repitieron vuelta y no se cansaban.
Hubo conglomeración, todos
querían recibir su regalo y regresar a
casa. El cansancio fue notable en los rostros de
las madres.
Muchas personas que no tenían boleto
para reclamar juguetes recibieron uno.
Los miembros de las fundaciones previeron tal
situación, por lo que llevaron un
cargamento mayor del que estaba programado.
La jornada fue bastante agitada para los
organizadores, quienes sudaron sus camisas
halando cajas y entregando regalos.
Sin embargo, a los lejos se notaba la
satisfacción de ese grupo de personas que
había arrancado sonrisas a los
niños.
Inconvenientes
El reparto de juguetes estaba programado para
las ocho de la mañana. A esa hora, la
fila de niños y sus madres que esperaban
entrar ya se había extendido cerca de una
cuadra.
Algunas madres que habían llegado al
lugar desde temprano se mostraron molestas por
la tardanza.
Al mediodía, los empleados del parque
anunciaron que pararían los juegos,
porque era su hora de receso.
Los menores estaban extenuados,
prácticamente habían pasado en el
parque de diversión toda la mañana
en espera de sus juguetes.
Fue el día de las filas, había
que esperar hasta para beber agua potable.
Hubo madres que optaron por retornar a sus
casas debido que su hijos les pedían
comida.
La actividad se realizó sin ninguna
novedad, a pesar de la cantidad de gente que
llegó. No hubo necesidad ni de llamar a
los cuerpos de socorro.
El
premio fue:
Una sonrisa
infantil
El premio para
los organizadores de los repartos de juguetes es
el gozo ante la sonrisa de los
niños