Viernes 22 de diciembre 2000


Juguetes, más que un regalo

Millares de niños recibieron ayer bonitos juguetes que entregó la Fundación Renuevo de Estados Unidos, a través de Fundaniños. El reparto lo hizo en el Parque Infantil; los menores disfrutaron además de los juegos mecánicos, sin ningún costo para sus padres. Hubo derroche de felicidad

Francisco Mejía
El Diario de Hoy

Alas 9:45 de la mañana, las puertas del Parque Infantil, en esta capital, se abrieron de par en par. Una avalancha de señoras con niños ingresó.

La novedad fue el primer reparto de un lote de 66 mil juguetes donados por la fundación Renuevo, de Los Angeles, Estados Unidos, que contó con la colaboración de Fundaniños de El Salvador.

A eso de la una de la tarde, llegó una caravana de vehículos con el cargamento que esperaban ver los pequeños.

Sí, por fin, después de casi cinco horas de espera, las cajas repletas con muñecos de todo tipo habían llegado.

Los ojos de los menores brillaban al ver una verdadera montaña de muñecos, osos de peluche, etcétera.

Carlitos Ruiz Ochoa, un pequeño de 4 años, salió del parque Infantil con un juguete en sus manos. Lo veía desde todos ángulos y no se aburría de apreciarlo.

El menor, tomado de la mano de su madre Ana Ruth Ochoa, fue uno de los tantos niños a quienes la fundación entregó un regalo, como parte de la tradición navideña.

Así también, Ana Ruth, una joven madre soltera y desempleada, que llegó al Parque Infantil procedente de la comunidad San Mauricio, ubicada al norponiente de San Salvador, agradeció a los responsables del reparto de juguetes.

Ella no tenía idea de quiénes eran los donantes de juguetes; llegó al parque porque en su comunidad repartieron boletos para regalos infantiles.

"Todavía tienen el precio los juguetes", dijo Ana Ruth -un poco admirada-, el regalo que le habían entregado para su hijo era un muñeco de 9 dólares, es decir, ¢78.75.

La espera por el regalo para su pequeño fue agotadora. Pero al final satisfactoria.

Más diversión

Empleados del parque empezaron anunciaron a la muchedumbre que los juegos mecánicos eran gratis. Y así fue.

De repente, los carruseles mecánicos y el trenecito que recorre por el interior del parque se saturaron de niños.

Las filas para subir a los juegos se extendieron; algunos pequeños se repitieron vuelta y no se cansaban.

Hubo conglomeración, todos querían recibir su regalo y regresar a casa. El cansancio fue notable en los rostros de las madres.

Muchas personas que no tenían boleto para reclamar juguetes recibieron uno.

Los miembros de las fundaciones previeron tal situación, por lo que llevaron un cargamento mayor del que estaba programado.

La jornada fue bastante agitada para los organizadores, quienes sudaron sus camisas halando cajas y entregando regalos.

Sin embargo, a los lejos se notaba la satisfacción de ese grupo de personas que había arrancado sonrisas a los niños.

Inconvenientes

El reparto de juguetes estaba programado para las ocho de la mañana. A esa hora, la fila de niños y sus madres que esperaban entrar ya se había extendido cerca de una cuadra.

Algunas madres que habían llegado al lugar desde temprano se mostraron molestas por la tardanza.

Al mediodía, los empleados del parque anunciaron que pararían los juegos, porque era su hora de receso.

Los menores estaban extenuados, prácticamente habían pasado en el parque de diversión toda la mañana en espera de sus juguetes.

Fue el día de las filas, había que esperar hasta para beber agua potable.

Hubo madres que optaron por retornar a sus casas debido que su hijos les pedían comida.

La actividad se realizó sin ninguna novedad, a pesar de la cantidad de gente que llegó. No hubo necesidad ni de llamar a los cuerpos de socorro.


El premio fue:
Una sonrisa infantil

El premio para los organizadores de los repartos de juguetes es el gozo ante la sonrisa de los niños


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