Miércoles 20 de diciembre


Navidad sin pavo

En vez de pavo, habrá pollo; en vez de vino, Coca Cola. A cambio de ropa nueva o estrenos, lavarán bien la que tienen. Esa será una respuesta para demostrar que la Navidad no es responder estrictamente con la etiqueta, sino con el amor familiar y la unión de la misma

Gustavo Rico/Elena Bauer

Navidad es esa extraña sensación de que algo bueno vendrá el próximo año, aunque pocas veces suceda en los viejos y olvidados mesones.

Allí, muchos salvadoreños se las ingenian para construir su hogar en desoladas habitaciones de casas viejas que dan la sensación de ser cuevas de láminas de zinc o de ruinas mayas.

Los pobladores de esos sectores son cientos de familias que viven en antiguas residencias de principios de siglo, en medio de derruidas paredes y bajo techos que están incapacitados para detener un aguacero fuerte.

Muchas de ellas cayeron con el terremoto del 86. Otras aún albergan personas, bajo la amenaza de caerles encima. Es frecuente que allí se cuelen, entre las paredes, el frío y el polvo, aunque la pobreza no es impedimento para que muchos padres le obsequien una Feliz Navidad a sus hijos, o para que una muñeca sin brazos tenga más valor que en cualquier otra época del año.

Tragedia y coraje

Historias trágicas y de valor se entremezclan y cobran vida en los mesones que existen en todo el país, donde la Navidad es una época para recordar y esperar un año más benefactor.

El arbolito que la huérfana de padre Alma Patricia, de 15 años, ha puesto arriba de un mueble ilumina el cuartito de paredes de bahareque, junto a unos posters de artistas que le gustan a la joven. Para ella, estas fechas tienen un significado feliz. Para su abuelita, Emilia Menjívar, es tiempo de tristeza, ya que en diciembre falleció su hijo, hace cinco años.

La septuagenaria Emilia vende yuca y pastelitos para el sustento de sus nietas y para costear la educación de éstas.

Desde que su hija mayor murió en un accidente de tránsito, hace tres meses, Elsa Marina Acosta Peraza, de 40 años, cuida a su nieto de dos años y su hijo menor de 11.

"La Navidad es para los niños, ya que ellos disfrutan con los cohetes y la comida, para los adultos ya no significa tanto", comenta doña Elsa Marina.

"Para el próximo año, espero que ya no haya tanta delincuencia e injusticia, para que ya no pasen casos como cuando mataron a mi hija", recuerda doña Elsa, entre llantos y sollozos.

Esperanza infantil

La mayoría de niños que viven en los mesones capitalinos sigue con la esperanza de que lleguen a los oídos de Santa Claus sus peticiones ignoradas año con año.

Pero celebrar la cena navideña junto a sus padres,se convierte en un evento importante con solo la presencia de ellos. Cuentan con pocos invitados.

Fátima, Karla y Miriam Monzón Lozano, de nueve, siete y cinco años, respectivamente, no saben si esta Navidad la van a pasar junto a su progenitora, ya que ella se fue hace tres meses a trabajar a Nueva York, buscando un mejor futuro para sus pequeñinas.

"Para mí, Navidad es un momento muy bonito, aunque nosotras la vamos a pasar sin nuestra mamá", comenta la mayor de las tres hermanas, mientras observa a su abuelita Cristina Pineda, de 70 años, vender dulces en la acera de enfrente. Su hermanita Miriam Monzón llora a diario por la falta de su madre. Fátima dice que ya se acostumbró a dicha situación.

Patricia Marlene Hernández Najarro, de 10 años, cuenta que para todos los 24 de diciembre siempre va a misa, para oír la palabra de Dios. "Para mí, es pasarlo con mucha alegría junto a mi familia", comenta la pequeña que espera de Santa Claus una bicicleta.

Unidos en la pobreza

"Navidad es tiempo de armonía, paz y comprensión. Significa estar en paz con Dios y con nosotros mismos", reflexiona Flor de María Cruz, de 23 años, residente de la comunidad Solís, un mesón del barrio Lourdes de San Salvador.

Su tía Calixta Cruz, de 60 años y 14 de vivir en el mesón, cuenta que para el 24 y 31 de diciembre siempre van a misa, a convivir con toda la familia "la época de alegría y fe".

El deseo que tiene doña Calixta para el año próximo es poder comprar los cuartitos que ahora alquila.

Su vecina María Tránsito Cornejo, de 60, explica que las fiestas de diciembre celebran la venida del Mesías, por lo que pasan estas fechas con mucho gozo. Cuenta que la alegría de sus nietos es el mejor regalo para ella.

"La Navidad significa volver a renacer", explica Ada Constancia, joven de 17 años y madre de una hija de año y medio. Para su madre Ana es una época de "gastos", ya que no cree en la Navidad.

María del Carmen Abrego, de 43 años, es un ejemplo de lucha, con tres hijos para mantener. María es maestra y estudiante universitaria, a dos materias para graduarse.

Junto a sus hijos, Stephanie, de 12, y José Mario Alemán, de 8, menciona que espera celebrar la Navidad en su mesón por dos razones: la primera, porque no hay más donde ir, y la segunda, por miedo a que los cohetes incendien las piezas de madera.

Pollo frito y una manzana para cada niño será la cena del próximo 24 de diciembre para esta devota católica y sus hijos, y quién tendrá como invitada especial a su vecina "Juanita", de 67 años, quien tiene como única familia a su vecina María Abrego.

Juanita tiene su pequeña pieza decorada con papel de china y adornos propios de la fecha. "Aquí, junto a la virgencita", dice Juanita, al señalar su pequeño arbolito, de unos 10 centímetros de alto.


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