Lunes 18 de diciembre 2000


Unas nueve bandas operan todavía
Plagiarios ensombrecen 7 hogares salvadoreños

Los secuestradores han logrado ensombrecer las festividades de la Navidad a varias familias que vivirán en carne propia la angustia de no tener a sus seres queridos en el hogar. No habrá uvas ni abrazos, los únicos acompañantes serán cuatro paredes

El Diario de Hoy

Para siete familias salvadoreñas, no habrá Noche Buena ni feliz año nuevo.

El hijo de un empresario de bienes y raíces, la propietaria de una agencia de viajes, una estudiante universitaria y el hijo del dueño varios almacenes, son algunos de los casos aún no resueltos.

Las autoridades se mantienen a la expectativa, ya que en algunos casos, los familiares de las víctimas prefieren no denunciar los hechos.

Por lo menos, en el primer caso, la familia no ha presentado denuncia, de acuerdo con fuentes de la Unidad de Delitos Especiales, del Ministerio Público.

Lo mismo ocurre en el cuarto caso. En éste, la familia ya pagó el rescate, pero el joven no ha sido liberado.

"La gente tiene miedo a denunciar, porque piensa que este es el principio para que los secuestradores decidan, de una vez, asesinar a la víctima sin importar si se paga o no el rescate", señaló la fuente.

Ese miedo, conjugado con dolor y angustia, es el peor castigo que una persona puede recibir, ya que se vuelve una presión sicológica que los secuestradores saben que da resultado.

Las frías estadísticas de las autoridades policiales y fiscales, detallan que, hasta el momento, han sido secuestradas 109 personas.

No se descarta que sean más, pero las familias de algunas víctimas no presentan denuncias y crean ellas sus propias estrategias de negociación, dice el jefe de Antisecuestros de la Policía, subcomisionado Gabriel Mayorga.

Según él, los secuestros se han convertido en una dura batalla, sobre todo cuando no se tiene el apoyo de las familias de las víctimas.

Mayorga señaló que en los casos no resueltos, la Policía ha tenido que recurrir a la utilización de "informantes", quienes brindan detalles sobre el modo de operar de las bandas. Allí comienza la lucha por relacionar casos, dar con los responsables y lograr comprobarles el delito. El modo de operar de los plagiarios no está escrito. La consigna es no dejar huellas que los delaten.

Entre conocidos

El problema es que el secuestro ya no sólo es trabajo de torvos criminales, sino de hombres de saco y corbata, explica el director de la PNC, Mauricio Sandoval.

En varios casos, incluso los secuestradores han sido familiares, allegados o empleados de la víctima.

Parece que cualquiera se ve tentado a cometer un secuestro como una manera fácil de ganar dinero. En uno de los últimos plagios perpetrados, el principal sospechoso es una persona que tiene comodidades.

La tortura sicológica para víctimas y familiares es la constante en todos los casos.

Sandoval destacó que la empresa privada ha formado un patronato para apoyar a la Policía en la lucha contra esta lacra.

Por su parte, la PNC ha limpiado y especializado su unidad antisecuestros.


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