Unas
nueve bandas operan todavía
Plagiarios ensombrecen
7 hogares salvadoreños
Los secuestradores han logrado ensombrecer
las festividades de la Navidad a varias familias
que vivirán en carne propia la angustia
de no tener a sus seres queridos en el hogar. No
habrá uvas ni abrazos, los únicos
acompañantes serán cuatro
paredes
El Diario de
Hoy
Para
siete familias salvadoreñas, no
habrá Noche Buena ni feliz año
nuevo.
El hijo de un empresario de bienes y
raíces, la propietaria de una agencia de
viajes, una estudiante universitaria y el hijo
del dueño varios almacenes, son algunos
de los casos aún no resueltos.
Las autoridades se mantienen a la
expectativa, ya que en algunos casos, los
familiares de las víctimas prefieren no
denunciar los hechos.
Por lo menos, en el primer caso, la familia
no ha presentado denuncia, de acuerdo con
fuentes de la Unidad de Delitos Especiales, del
Ministerio Público.
Lo mismo ocurre en el cuarto caso. En
éste, la familia ya pagó el
rescate, pero el joven no ha sido liberado.
"La gente tiene miedo a denunciar, porque
piensa que este es el principio para que los
secuestradores decidan, de una vez, asesinar a
la víctima sin importar si se paga o no
el rescate", señaló la fuente.
Ese miedo, conjugado con dolor y angustia, es
el peor castigo que una persona puede recibir,
ya que se vuelve una presión
sicológica que los secuestradores saben
que da resultado.
Las frías estadísticas de las
autoridades policiales y fiscales, detallan que,
hasta el momento, han sido secuestradas 109
personas.
No se descarta que sean más, pero las
familias de algunas víctimas no presentan
denuncias y crean ellas sus propias estrategias
de negociación, dice el jefe de
Antisecuestros de la Policía,
subcomisionado Gabriel Mayorga.
Según él, los secuestros se han
convertido en una dura batalla, sobre todo
cuando no se tiene el apoyo de las familias de
las víctimas.
Mayorga señaló que en los casos
no resueltos, la Policía ha tenido que
recurrir a la utilización de
"informantes", quienes brindan detalles sobre el
modo de operar de las bandas. Allí
comienza la lucha por relacionar casos, dar con
los responsables y lograr comprobarles el
delito. El modo de operar de los plagiarios no
está escrito. La consigna es no dejar
huellas que los delaten.
Entre conocidos
El problema es que el secuestro ya no
sólo es trabajo de torvos criminales,
sino de hombres de saco y corbata, explica el
director de la PNC, Mauricio Sandoval.
En varios casos, incluso los secuestradores
han sido familiares, allegados o empleados de la
víctima.
Parece que cualquiera se ve tentado a cometer
un secuestro como una manera fácil de
ganar dinero. En uno de los últimos
plagios perpetrados, el principal sospechoso es
una persona que tiene comodidades.
La tortura sicológica para
víctimas y familiares es la constante en
todos los casos.
Sandoval destacó que la empresa
privada ha formado un patronato para apoyar a la
Policía en la lucha contra esta
lacra.
Por su parte, la PNC ha limpiado y
especializado su unidad antisecuestros.