Lunes 18 de diciembre 2000


Los casos sin respuesta del año 2000

Casos sin respuesta es un buen título para una serie televisiva que hable sobre los crímenes sin resolver, que son el dolor de cabeza de cualquier país en el mundo. En El Salvador, la ficción ha sobrepasado a la realidad

Alberto López
El Diario de Hoy

La impunidad que impera en la vapuleada justicia salvadoreña guarda en el profundo sueño una gran cantidad de casos delictivos, los cuales reflejan un amplio espectro delincuencial: homicidios, secuestros, robos, violaciones, entre otros.

Los durmientes casos necesitan más que un simple y literario "príncipe valiente", para traerlos al mundo de los conscientes y resolverlos. Más que príncipes, necesitan de un válido sistema de investigación e investigadores que orienten de manera efectiva los procedimientos.

Más allá de los actores de esta triste historia que no parece tener fin, también se necesita de reales políticas de investigación que no sólo se queden en seminarios y alfombrados salones de hoteles. Además, habría que agregarle la efectividad de los funcionarios que están al frente de las instituciones del sector justicia, integrado por la Policía Nacional Civil (PNC), Fiscalía General de la República (FGR), Procuraduría General de la República (PGR), Órgano Judicial, entre otros.

El Fiscal General, Belisario Artiga, ha dicho que existen resoluciones favorables a muchos casos y que por la publicidad de los medios a un pequeño puñado de casos sin respuesta, según él, no puede juzgarse mal el trabajo fiscal.

El director de la Policía Nacional Civil (PNC), Mauricio Sandoval, se ha quejado en múltiples ocasiones de los obstáculos que las leyes penales vigentes imponen para el trabajo efectivo de los agentes policiales y de los mismos fiscales.

Diferentes asociaciones de la sociedad salvadoreña han propuesto reformas a las leyes penales, las cuales aún están en estudio en la Asamblea Legislativa. Se trata de más de 90 reformas, las cuales serán expuestas en un foro, el próximo año, para evaluar los alcances con las asociaciones e instituciones que las proponen.

Los jueces, por su parte, se escudan en el respeto a las garantías constitucionales de los imputados y a la mala fundamentación de los argumentos fiscales y de la Policía.

"Dimes y diretes"

Los estira y encoge de los protagonistas del sector justicia son muchos y agotadores, pero el clamor de las víctimas y sus familias sigue ahí, silencioso, dormido... muerto en los archivos de los casos sin respuesta.

La lista del pasado es gruesa y sigue aumentando con los casos que se documentan cada año y que, quizá, sólo encuentran aliento en las publicaciones periodísticas. "No queremos más Katyas Miranda", dijo el Fiscal General, cuando anunció que la violación y asesinato de la niña de 9 años, cometido el 4 abril de 1999, sería un precedente para evitar que se repitieran otros casos.

Por lo que haya sido, mala fundamentación fiscal, parcialización de la jueza &emdash;acusación que también sigue dormida en la Corte Suprema, después de que hasta los imputados están libres&emdash; o crimen perfecto, el caso quedó impune.

Si parece que el caso de Katya rompe con todas las reglas de la lógica: si nadie entró al terreno a sacarla y luego violarla y asesinarla en la playa y, tampoco hay prueba ni sospecha contra nadie de los que la rodeaban esa noche, entonces ¿quién fue?

Pues si este parece que rompió con todo lo que cualquier persona con tres dedos de frente pensaría, el caso del accidente de la Zona Rosa de esta ciudad, ocurrido el 17 de abril de 1999, en el que murieron dos jóvenes y dos más resultaron heridos, tuvo un desenlace aún más descabellado.

A pesar de que dos personas viajaban en el vehículo que ocasionó la tragedia, ninguno resultó culpable del accidente. La imputada presente, Jenifer Dardana Monge, fue liberada de cargos por un tribunal de conciencia, integrado por ciudadanos. Rigoberto Hernández, el sospechoso ausente, tampoco fue enjuiciado y fue también encontrado inocente.

¿Quién manejaba?

La lógica cae por su propio peso: alguno de los dos tuvo que haber conducido el vehículo, pero el caso se basó en tan sólo testimonios a favor y en contra de Monge, pues fue la única enjuiciada.

No hubo prueba científica para verificar quién manejaba esa noche. Algo tan simple como tomar las huellas digitales del timón, no fue hecho o mencionado en ningún momento como prueba.

La lista de este año que está a punto de terminar continúa. Un tribunal de conciencia liberó de varios robos agravados a Margarita Parada Grimaldi, una comerciante del mercado acusada de tener vínculos con bandas de robafurgones.

El principal argumento de la defensa, y con el que los ciudadanos integrantes del tribunal coincidieron, fue que era absurdo que la Fiscalía acusara a alguien de robo agravado, un tipo de robo realizado con violencia y a mano armada, y que ningún testigo identificara a la procesada como partícipe directa de los atracos.

El único cargo lógico contra la acusada sería el de receptación, pero en la época del proceso no estaba agregado en la ley.

La lista sigue, en septiembre de 1999, un médico pediatra, Alejandro Osegueda, es acribillado a la entrada de su casa. Irma de Torres, madre de un ex dirigente deportivo, es plagiada y asesinada este año. Ambos casos no han sido resueltos.


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