Así no sirve
Muchas veces hemos hablado de lo mismo:
sobre la costumbre infeliz de nuestros
árbitros de andar con el reglamento bajo
el brazo y dejar de lado el criterio universal,
que es salvaguardar el espectáculo por
sobre cualquiera disposición
reglamentaria.
Roberto
Aguila
En
Europa, Suramérica y hasta en
México, los criterios arbitrales
están enfocados a eso, y por ese motivo
los árbitros agotan todos los recursos
para persuadir al jugador a que juegue limpio,
antes de recurrir a las tarjetas. Situaciones
como las provocadas por Washington
Hernández, de tirarse al piso para
ganarse un 'foul', en ese otro mundo de
criterios sensatos son soslayadas con el simple
recurso de ordenar que siga el juego.
Por la televisión vemos todos los
días cómo los árbitros se
tragan las reglas y no son tan exigentes con
hechos insignificantes como el realizar el saque
de banda en el lugar exacto por donde
salió la pelota, o sancionar la falta sin
aplicar la ventaja. ¿Por qué?
Simplemente por no echar a perder el
espectáculo y por no favorecer al
infractor.
Bajo esos criterios los árbitros sacan
limpios partidos disputados intensamente, y se
ganan la reputación de magníficos
para ser tomados en cuenta en certámenes
importantes como las copas del mundo.
En nuestro medio esos criterios son absurdos,
porque existe la creencia de que un
árbitro será más capaz
cuanto más inclinado esté a pitar
todo y a sacar tarjetas amarillas y rojas.
Carlos Ortíz Cardoza, el presidente de la
Comisión de Arbitraje, catalogó el
trabajo de Nery Adalberto Alfaro Zepeda como muy
bueno, posiblemente porque éste
acabó con el espectáculo y le
ensució la legítima victoria a
Aguila.
Yo me pregunto: ¿Qué
pasaría con Alfaro Zepeda si dirigiendo
una copa del mundo tomara la misma postura que
asumió con Aguila y Firpo? Probablemente
la FIFA lo borraría del mapa arbitral de
por vida. Porque no se puede ser diametralmente
opuesto a un sentido lógico cuando se
juegan muchos intereses y está de por
medio un espectáculo.
Lo de Alfaro Zepeda estuvo tan ligado a la
exigencia irreflexiva, que le sacó
tarjeta amarilla a Allan Deras por el simple
hecho de poner un pie dentro del campo antes de
que él autorizara su ingreso. Eso, en
términos simples, se llama prepotencia y
abuso de autoridad.
Por estas boberías, la gente que
pagó por ver un partido normal
quedó defraudada, y a Aguila le
quedó el estigma de haber ganado a puro
árbitro, aunque no sea asi, porque no
necesitaba de ninguna ayuda
extrafutbolística.