Lunes 18 de diciembre 2000


Así no sirve

Muchas veces hemos hablado de lo mismo: sobre la costumbre infeliz de nuestros árbitros de andar con el reglamento bajo el brazo y dejar de lado el criterio universal, que es salvaguardar el espectáculo por sobre cualquiera disposición reglamentaria.

Roberto Aguila

En Europa, Suramérica y hasta en México, los criterios arbitrales están enfocados a eso, y por ese motivo los árbitros agotan todos los recursos para persuadir al jugador a que juegue limpio, antes de recurrir a las tarjetas. Situaciones como las provocadas por Washington Hernández, de tirarse al piso para ganarse un 'foul', en ese otro mundo de criterios sensatos son soslayadas con el simple recurso de ordenar que siga el juego.

Por la televisión vemos todos los días cómo los árbitros se tragan las reglas y no son tan exigentes con hechos insignificantes como el realizar el saque de banda en el lugar exacto por donde salió la pelota, o sancionar la falta sin aplicar la ventaja. ¿Por qué? Simplemente por no echar a perder el espectáculo y por no favorecer al infractor.

Bajo esos criterios los árbitros sacan limpios partidos disputados intensamente, y se ganan la reputación de magníficos para ser tomados en cuenta en certámenes importantes como las copas del mundo.

En nuestro medio esos criterios son absurdos, porque existe la creencia de que un árbitro será más capaz cuanto más inclinado esté a pitar todo y a sacar tarjetas amarillas y rojas. Carlos Ortíz Cardoza, el presidente de la Comisión de Arbitraje, catalogó el trabajo de Nery Adalberto Alfaro Zepeda como muy bueno, posiblemente porque éste acabó con el espectáculo y le ensució la legítima victoria a Aguila.

Yo me pregunto: ¿Qué pasaría con Alfaro Zepeda si dirigiendo una copa del mundo tomara la misma postura que asumió con Aguila y Firpo? Probablemente la FIFA lo borraría del mapa arbitral de por vida. Porque no se puede ser diametralmente opuesto a un sentido lógico cuando se juegan muchos intereses y está de por medio un espectáculo.

Lo de Alfaro Zepeda estuvo tan ligado a la exigencia irreflexiva, que le sacó tarjeta amarilla a Allan Deras por el simple hecho de poner un pie dentro del campo antes de que él autorizara su ingreso. Eso, en términos simples, se llama prepotencia y abuso de autoridad.

Por estas boberías, la gente que pagó por ver un partido normal quedó defraudada, y a Aguila le quedó el estigma de haber ganado a puro árbitro, aunque no sea asi, porque no necesitaba de ninguna ayuda extrafutbolística.


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