Matheu Llort: un
tipo especial
Atleta, seleccionado mayor, dirigente,
médico forense, entrenador, luchador de
nacimiento... Loco y enamorado de la vida. Juan
Matheu Llort se ha convirtido, desde los quince
años, en parte viva del deporte y de la
historia reciente de El Salvador.
Rodrigo
Baires Q.
La
primera vez que ví en persona a Juan
Matheu Llort fue en los Juegos Centroamericanos,
en enero de 1994. Sentado al borde de la duela
del Gimnasio Nacional 'Adolfo Pineda', 'el loco
Juanito', como lo bautizaron dentro de la
selección nacional de baloncesto de 1959,
repartió saludos a diestra y siniestra
entre los periodistas presentes.
Entonces, Matheu Llort, terminaba su segunda
gestión al frente de la Federación
Salvadoreña de Baloncesto (FSB) y su
objetivo era emular el trabajo que se
había hecho cuatro décadas
atrás, bajo el mando del técnico
salvadoreño Adolfo 'jocote' Rubio, y
llevar al baloncesto a las altas cotas donde se
encontraba a mediados del siglo.
Ayer, en el intermedio de la final nacional
mayor de baloncesto, 'Juanito' recibió un
justo homenaje por su vida ligada al deporte de
las cestas y al amor por la vida que Matheu
Llort ha profesado desde siempre.
"Es una forma de agradecerle en vida toda la
calidad humana y el apoyo al baloncesto nacional
que siempre ha demostrado a lo largo de su
vida", comentó Roberto Mendoza Jerez,
presidente de la Federación
Salvadoreña de Baloncesto (FSB). El
agazajo no era en vano.
Desde los 14 años se convirtió
en un elemento escencial en el quinteto nacional
al mando de 'Jocote' Rubio, en el antiguo
gimnasio nacional, atrás de la cuesta del
'palo verde'. Ahí, Matheu Llort se
reunía con Adolfo Pineda, Roberto Selva,
Ernesto Rusconi, 'Tatun' Pereira, Cesar
Escalante, entre otros, para entregarse a lo que
sería la segunda pasión de su
vida: el deporte.
Iniciado en las escuelas del Liceo
Salvadoreño, con el que alcanzó
sendos títulos en segunda y primera
categoría, por motivo disciplinarios
pasó a formar parte del Instituto El
Salvador, al que llevó a ganar el primer
lugar sobre sus excompañeros maristas.
"Alguien tenía que hacerlo",
comentó.
Desde ahí, sus travesuras dentro y
fuera de la duela, la rapidez de sus pases y la
velocidad nata con la que revotaba el
balón fueron la marca indeleble en su
juego.
Una nueva vida
Años después cambiaría
el balón por una bata blanca, desde la
medicina seguría fiel a su
política de entregarse por completo la
vida. Eso lo impulsó a formar el
Instituto de Medicina Legal, a principios de los
'90s, y después la Unidad Técnica
de Antidoping.
Ayer, evidentemente desgastado por los meses
de su recuperación por su diabetes,
entró denuevo a la duela central del
escenario deportivo entre un mar de saludos de
su gente.
"Loquillo que bueno que estás con
nosotros", dijo sin preambulos Mauricio
'pachín' Ibarra, compañero de
aquella selección nacional que
ganó la medalla de oro Centroamericana y
del Caribe, 41 años atrás.
"Es bonito estar aquí, en el gimnasio
nacional, donde tantas alegrías pase con
mi gente", comentó mientras veía a
su alrededor y su ya acostumbrada sonrisa se
dibujaba en su rostro.
Convencido que las pruebas divinas a las que
ha sido sometido servirán para hacer de
él un ejemplo de vida para el resto de
las personas que lo rodean no vaciló en
decir que su vida sigue para adelante.
"No me canso de luchar, al contrario estoy
listo para seguir luchando desde el antidoping,
desde el deporte... La lucha de toda una vida
que no pienso terminar ahorita", aseveró
entre bromas.
Ayer, con un balón entre las manos en
el saque de honor de la final del campeonato
nacionl, lo ví un poco más cansado
pero con el mismo deseo de vivir que siempre ha
tenido.
"Aquí estoy con una pierna menos pero
con el alma y la mente entera para seguir
tirando para adelante", dijo sin aspavientos y
nadie duda que ha si sea.