Sábado 26 de agosto


No le va la Supercopa

Al Real Madrid, definitivamente no le va la Supercopa, no es un trofeo que le tenga afecto al actual campeón de Europa, que vio como se esfumaba de sus vitrinas por segunda vez en tres años, eso sí, con un gol de oro de Jardel que dio el título al Galatasaray.

Por Luis Villarejo
Montecarlo

EFE.- De esta forma, Turquía, refleja en el fútbol su rebeldía y une con este deporte a un país que vive el mundo del balón cada día de forma más apasionada. El escaparate de la Supercopa no es para el Real Madrid. Está visto. Mónaco no es madridista.

El Galatasaray, de entrada, jugaba en casa. La fiebre futbolera que vive Turquía invita a sus compatriotas a viajar y desplazarse desde muchos puntos de Europa para seguir a sus equipos. Y ayer no fue una excepción. El Madrid salió de forma fulgurante a conquistar un trofeo que aún no tiene en sus vitrinas.

El comienzo del Madrid fue prometedor. Con Makelele espléndido a la hora de rebañar todo lo que se perdía en la zona de Emre, y con fluidez en las bandas, con Figo y Savio, sólo le faltó el gol, y eso que a punto estuvo en las botas de Raúl.

Llamaba la atención el caos del Galatasaray en el campo. Hagi se enfrentaba verbalmente a Okan, discutía con Lucescu, el técnico, y Bulent, su capitán, gritaba a todo lo que se movía, incluidos sus compañeros.

Así las cosas, todo invitaba a presumir que el campeón turco se iba a diluir y a desaparecer. Pero el bajón físico, de repente, se adueñó del equipo de Vicente Del Bosque. Y el partido andaba borrascoso para el campeón de Europa.

De forma increíble, el Galatasaray, que caminaba con anarquía, se encontró con un penalti, después de derribar Iván Campo a un tipo que lucía el número 57 y que se llama Hakan Unsal. Con ese número que debía estar prohibido en el mundo del fútbol, Unsal fabricó un penalti que transformó el brasileño Jardel.

En este Real Madrid ya serio, se asoma con especial protagonismo Luis Figo. Tiene tantas ganas de agradar el portugués que a veces interviene más de lo necesario y antes del descanso le faltó puntería.

El plan B no alcanzó

En la segunda parte, Del Bosque tiró del plan B. Van a pelear Guti y Munitis por un sitio en la función de enganche hasta que o bien regrese Morientes o traigan a un punta nueva. Esa es la recta de Del Bosque para sacar al Madrid del laberinto.

Munitis, el efecto revitalizador, salió en la segunda parte.

En este tramo, Figo tuvo muchos problemas para irse de Unsal en el uno contra uno. Si a ello se añade que Celades no tuvo tampoco su mejor día y que Raúl no tenía el santo de cara, a nadie sorprendía ver al Galatasaray crecerse.

Y como no podía ser de otra forma en un día tan nefasto, el empate tuvo que llegar de penalti. Estaba claro que era el único método. Tan absurdo como el de Iván Campo, este penalti cometido por el Galatasaray, con una mano de un defensor que tapó un pase de Savio, dio a Raúl la opción de marcar de penalti.

Raúl se redimió de su error en la Eurocopa con la selección española, pero a la postre, su gol no sirvió de nada.

Llegó el final. Y el gol de oro era la senda para ganar esta Supercopa. La suerte le sonrió al Galatasaray y Jardel llevó la fiesta a las calles de Estambul.


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