No le va la
Supercopa
Al Real Madrid, definitivamente no le va
la Supercopa, no es un trofeo que le tenga
afecto al actual campeón de Europa, que
vio como se esfumaba de sus vitrinas por segunda
vez en tres años, eso sí, con un
gol de oro de Jardel que dio el título al
Galatasaray.
- Por Luis
Villarejo
- Montecarlo
EFE.- De esta forma, Turquía,
refleja en el fútbol su rebeldía y
une con este deporte a un país que vive
el mundo del balón cada día de
forma más apasionada. El escaparate de la
Supercopa no es para el Real Madrid. Está
visto. Mónaco no es madridista.
El
Galatasaray, de entrada, jugaba en casa. La
fiebre futbolera que vive Turquía invita
a sus compatriotas a viajar y desplazarse desde
muchos puntos de Europa para seguir a sus
equipos. Y ayer no fue una excepción. El
Madrid salió de forma fulgurante a
conquistar un trofeo que aún no tiene en
sus vitrinas.
El comienzo del Madrid fue prometedor. Con
Makelele espléndido a la hora de
rebañar todo lo que se perdía en
la zona de Emre, y con fluidez en las bandas,
con Figo y Savio, sólo le faltó el
gol, y eso que a punto estuvo en las botas de
Raúl.
Llamaba la atención el caos del
Galatasaray en el campo. Hagi se enfrentaba
verbalmente a Okan, discutía con Lucescu,
el técnico, y Bulent, su capitán,
gritaba a todo lo que se movía, incluidos
sus compañeros.
Así las cosas, todo invitaba a
presumir que el campeón turco se iba a
diluir y a desaparecer. Pero el bajón
físico, de repente, se
adueñó del equipo de Vicente Del
Bosque. Y el partido andaba borrascoso para el
campeón de Europa.
De forma increíble, el Galatasaray,
que caminaba con anarquía, se
encontró con un penalti, después
de derribar Iván Campo a un tipo que
lucía el número 57 y que se llama
Hakan Unsal. Con ese número que
debía estar prohibido en el mundo del
fútbol, Unsal fabricó un penalti
que transformó el brasileño
Jardel.
En este Real Madrid ya serio, se asoma con
especial protagonismo Luis Figo. Tiene tantas
ganas de agradar el portugués que a veces
interviene más de lo necesario y antes
del descanso le faltó
puntería.
El plan B no alcanzó
En la segunda parte, Del Bosque tiró
del plan B. Van a pelear Guti y Munitis por un
sitio en la función de enganche hasta que
o bien regrese Morientes o traigan a un punta
nueva. Esa es la recta de Del Bosque para sacar
al Madrid del laberinto.
Munitis, el efecto revitalizador,
salió en la segunda parte.
En este tramo, Figo tuvo muchos problemas
para irse de Unsal en el uno contra uno. Si a
ello se añade que Celades no tuvo tampoco
su mejor día y que Raúl no
tenía el santo de cara, a nadie
sorprendía ver al Galatasaray
crecerse.
Y como no podía ser de otra forma en
un día tan nefasto, el empate tuvo que
llegar de penalti. Estaba claro que era el
único método. Tan absurdo como el
de Iván Campo, este penalti cometido por
el Galatasaray, con una mano de un defensor que
tapó un pase de Savio, dio a Raúl
la opción de marcar de penalti.
Raúl se redimió de su error en
la Eurocopa con la selección
española, pero a la postre, su gol no
sirvió de nada.
Llegó el final. Y el gol de oro era la
senda para ganar esta Supercopa. La suerte le
sonrió al Galatasaray y Jardel
llevó la fiesta a las calles de
Estambul.