Con un pie
afuera
Pese a realizar su mejor esfuerzo, el
equipo nacional salió derrotado de
Kingston. La matemática eliminatoria no
entiende de garra ni esas cosas.
- Orestes
Membreño
- Enviado
de El Diario de Hoy
- Kingston
Al
principio fue la sorpresa. La selección
nacional saltó al engramillado
manteniendo el balón pegado al piso y
presionando la salida del equipo jamaiquino. La
tromba ofensiva de los locales fue un fantasma
durante los primeros diez minutos.
De hecho, el primer tiro de esquina fue a
favor de El Salvador, a los '4. Pese a tener
nuevamente una defensa improvisada, El Salvador
intentó mantener el orden en sus
departamentos de marca, contrarrestando con
estilo el contragolpe jamaiquino y coartando los
centros de Andy Williams, verdaderas trazadoras
que, se sabía, nos harían un
daño irreparable.
Con tres hombres dispuestos a la
contención -Barrientos, Castro Borja y
García-, a Jamaica se le hizo
difícil el trámite. No obstante,
ahí empezaron a gestar su victoria,
recurriendo a pelotazos que, debido a su
impudorosa superioridad física, se
trocaron en centros con sabor a muerte.
A partir del '10, Jamaica pareció
empezar a despertar. Al '11 Tyrone Marshal ya se
perdía una clara oportunidad de
anotar.
Sesenta segundos después, Whitmore se
quedaba con el deseo de anotar ante la salida
efectiva de Juan José Gómez, quien
no se entregó nunca, evitando la caida de
su portería.
No había duda: a partir del primer
cuarto de partido las cosas sólo eran a
favor de Jamaica, aunque el equipo
salvadoreño se veía también
entero, pese a la presión local. Incluso
tuvimos arresto, a los '17, para reaccionar con
un tiro desviado de Elías Montes, ante
pase de cabeza de Díaz Arce.
El diminuto atacante insistió en la
siguiente jugada, cuando las cosas no terminaban
de agarrar color doméstico, provocando
otro tiro de esquina.
Nuestro reto, que era alcanzar la primera
media hora con el marco incólume, calaba
de a poco en el ánimo de los morenos.
Primero lo demostró Dawes, al '23, cuando
fouleaba a Díaz Arce, ganándose la
amarilla, y cuatro minutos luego los reclamos al
árbitro se volvieron especie
continuada.
En el banquillo, el seleccionador Oscar
Benítez se apretaba las manos,
presintiendo que llegaríamos vivos al
pitazo. Como pitoniso, se muere de hambre.
No bastó con la súper noche de
Juan José Gómez (ver nota aparte).
Un trallazo de Onandi Lowe al '37, en la
ejecución de un tiro libre a cuarenta
metros de la portería cuscatleca,
devolovió la vida a los cansinos hinchas
jamaiquinos. Fue el primero de los apenas tres
errores del guardameta. Lamentablemente, para
salir gananciosos de este patio no tenía
derecho a equivocarse...
Respiro insustancial
Las acciones volvieron a emparejarse en el
complemento: a menos físico, El Salvador
ponía una enorme cuota de esfuerzo. El
aire comenzó a escasear en los pulmones,
sobre todo en los de Castro Borja, que no pudo
mantener el mismo reto de sus compañeros
de marca, sobre todo de Barrientos y de
Guillermo García.
Jamaica bajó la guardia, en un gesto
de guapeza que su afición y su
entrenador, el brasileño Clovis de
Oliveira, rechiflaron durante largos cuarenta y
cinco minutos.
En largos pasajes del período
complementario, tuvimos más la pelota,
pero carecimos de profundidad. Benítez se
descubrió, haciando descansar a Castro y
a Martínez, e ingresando a Renderos y a
Rivera, la selección no hilvanó
ataques de contundencia.