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Caluroso recibimiento
El calor tropical de El Salvador no afecta a los hermanos que
regresan a El Salvador a ver a sus familias, ya que es el beso o
el abrazo lo que vienen esperando desde que salen de sus países
de residencia. Llegan de Norteamérica y otras partes del
mundo.
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| Un fuerte abrazo. Recibió
de bienvenida Francisco Henríquez, procedente de Houston,
de parte de su sobrino Franklin Merino. |
María Esther, de 55 años, abrazaba emocionada a su
hijo, de 25, que llegaba procedente de Los Ángeles, luego
de tres años de separación.
Esta escena se repite una y otra vez en el aeropuerto El Salvador,
donde los salvadoreños de la diáspora llegan a diario
por centenares para reencontrarse con sus familias para Navidad
y Año Nuevo.
Poco antes, pacientes señoras no dejaban de sobar el bolso,
o de mover de un lado a otro la bolsa con comida.
Los pasillos se llenan de gente y bullicio. En pantallas se anuncia
la llegada de los vuelos.
La gente mira el cielo esperando ver el vuelo en que vienen sus
parientes y pensando tal vez nos ven desde allá arriba.
Ni el calor veraniego ni las noticias de violencia ni las incomodidades
de un viaje detienen a los compatriotas. Un abrazo, un beso o una
simple muestra de afecto filial bien valen la pena para volver.
Jóvenes robustos abrazan a frágiles abuelos, que lloran
al ver cómo han cambiado los niños que vieron irse.
La terminal es un mar de gorras y sombreros; sobre todo de modesta
gente de la campiña salvadoreña, en pleno mediodía.
Algunos cuentan que ahorraron durante días para pagar el
transporte desde el aeropuerto hasta sus casas.
Muchos de ellos viajan en bus, pero de regreso quieren llevar
al hijo en carro, en la comodidad de un microbús alquilado
o un pick up.
¿Por cuánto me lleva a Usulután?,
pregunta una bronceada abuela, que espera a su hija que venga de
Houston.
Muchos de ellos no escatiman los gastos, con tal de hacer sentir
cómodos a los suyos, aunque eso signifique, quedar sin un
centavo cuando el pariente vuelva a Estados Unidos.
¿Qué tal te fue, mi hijo (a)?, es la frase
que más se escucha.
También se observan jóvenes enamorados o esposos que
se reencuentran.
Los recién llegados reflejan en sus rostros que han trabajado
duro para volver a poder pasar una temporada con sus familias.
El cansancio y el desvelo se dibujan en los rostros de los que llegan
de Los Ángeles en el vuelo de temprano y que han tenido que
viajar por la noche.
Es así cómo una familia humilde que vivió hace
dos mil años en Nazareth, en cuyo seno nació el Hijo
de Dios, reúne a cientos de miles de familias en El Salvador,
contra las que no han podido ni el tiempo ni la distancia.
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La
vigilancia
En el aeropuerto ha sido vital para la seguridad de los salvadoreños
que regresan a su tierra. |
El
saludo al familiar, al amigo, a los circunstantes, es la primera
muestra de satisfacción que expresan los llegados. |
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| La
búsqueda de los parientes recién llegados es una
de las etapas que requieren más paciencia. Luego el arribo
compensará cualquier la espera. |
A
luz de día
Esta pequeña rehusó dejar su almohada, fiel compañera
de viaje, luego del vuelo que le tomó la noche. |
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