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El retorno del rey

El Diario de Hoy acompañó a William Reyes hasta Honduras.

William Alfaro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

El viaje. En el autobús, Reyes comentó sobre su columna del viernes. “No me quedó tan mal”, comento risueño. Cinco horas después llegó a su casa. Foto: EDH/Oscar Payés.

5:30 a.m. La brújula de William Reyes toma dirección al norte, del otro lado en la zona occidental de Honduras, esta su casa, en Santa Rosa de Copán. Mientras espera su turno para comprar el boleto, de repente empieza a aglomerarse la gente a su alrededor.

“Por tu culpa perdí 14 dólares”, le dice un pasajero. “Muy poquito perdió”, fue la respuesta instantánea. Algunos preguntan lo obvio: “¿Vuelve a casa?”. Otros quieren un autógrafo y como por arte magia (las 5:45 a.m.) aparecen frente a Reyes dos camisolas y una bandera de FAS. “Puede firmarla por favor”, le imploran. Él acepta.

Antes del abordaje, los hermosos ojos verdes de una sueca no dejan de ver inquietos al escuálido futbolista. En ellos aparece un signo interrogante por saber quién es el tipo de trencitas y por qué tanto barullo. Nadie le pudo explicar quién era.

Donde va, Reyes es atendido como un nuevo ídolo. Al subir el autobús recibe El Diario de Hoy, y un abrazo por parte de la jefe de las sobrecargos. “Lo felicito, ya estuve leyendo que va a jugar en la selección de Honduras”, le dice.

Ya cómodo en una de la butacas, abre con ansiedad la sección Deportes. “Me gustan la fotos... la columna no me quedo mal, ¿verdad? Lo que acabas de ver se va a repetir en todos lados”, anticipa.

William no se equivocó. En la frontera de El Poy (8:30 a.m.) es igual. Pero ahora son sus compatriotas los admiradores.
“Aquí muchos son seguidores de FAS. Hay lugares donde miran los partidos por la televisión”, aseguró sonriente.

Después de los sellos fronterizos que demuestran que ser un jugador famoso agiliza cualquier tramite migratorio, llega un nuevo grupo de personas. “Qué golazo el marcaste”, afirmó un joven catracho. “Dicen qué vas a jugar en la Máquina (Real España)”, aseguró otro.

William sonríe y desmiente que va a jugar ahí. “Hay negociaciones, pero nada firme”. Mientras espera su pasaporte, una niña le pregunta a su padre de qué equipo es aficionado. “De el Águila”, comentó con seriedad el tipo regordete, mientras mira con recelo al hondureño.

Al llegar a Santa Rosa de Copán (11:52), Reyes muestra su alegría: “Ya estoy en mi casa”, dijo. Cruzó el boulevard Jorge Bueso Arias y abordó un taxi. “A la colonia Osorio”, indicó. “¿Usted es William Reyes?”, preguntó el taxista un poco tarde.

Afuera de la casa le esperaba ansiosa la pequeña Stephanie y Cándido García, un primo de William que vestía la camisa de FAS. El goleador abrazó con ternura a su hija y le dio un beso en la frente. “Bienvenidos esta es mi casita, pasen adelante”, dijo mientras abría la puerta.

 

 

 

 

 

 


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