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Pólvora,
asunto de mayores
Mientras
exista pólvora en el país van a existir niños
quemados. Manuel Bonilla, cirujano plástico del Hospital
Bloom, se muestra firme al tratar de explicar el porqué,
año con año, las emergencias se llenan de pacientes
quemados por cohetes.
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| El cirujano Manuel Bonilla dejó por
unas horas la sala de operaciones para platicar con los niños
invitados. Foto EDH |
En la última quincena de diciembre, el especialista atiende
a por lo menos unas 30 víctimas de los fuegos artificiales.
En su mayoría son niños entre 9 y 12 años que
manipularon los productos pirotécnicos sin la vigilancia de
los adultos.
Para Bonilla, una solución para reducir estas cifras tan dramáticas
sería la restricción de la compra de pólvora
a los menores de 18 años.
O, también, crear más espectáculos de luces en
la época navideña para el deleite de la familia en su
conjunto.
Estamos queriendo cambiar aquel producto ingobernable y explosivo
por luces con niveles de seguridad, porque no sólo la vida
del niño cambia sino la de toda su familia, indicó
Bonilla.
Todavía no ha llegado la Navidad y todo indica que los pacientes
quemados van a ser, otra vez, los tristes protagonistas del fin de
año.
En sólo 48 horas, el Hospital Bloom atendió a dos menores
de cinco años.
No sin razón, el cirujano recomienda a los padres estar pendientes
de sus hijos.
La pólvora se quema en segundos, pero las cicatrices
y el dolor persisten toda la vida, sostuvo. |
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